Marcó del Pont y su insólita teoría

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A lo largo de todo el proceso kirchnerista siempre se ha privilegiado el consumo por sobre la inversión. En rigor, nunca hubo un contexto económico e institucional que incentivara el ingreso de capitales destinados al sector productivo. Más bien el modelo estuvo basado en reactivar más que en crecer. De cara a las elecciones del próximo año y dadas las escasas posibilidades que hoy muestra la foto de que el oficialismo pueda renovar su mandato, Kirchner, como es su costumbre, redobla la apuesta. En este caso, redoblar la apuesta implica adoptar medidas de mayor corte populista como, por ejemplo, apoyar un proyecto de ley para que los trabajadores participen de las utilidades de las empresas o anunciar más feriados para el próximo año, un lujo que sólo pueden darse aquellos países que ya han alcanzado altos niveles de ingreso y no tienen los niveles de pobreza, indigencia y desocupación que tiene Argentina.

¿Por qué causa, a pesar del adverso clima para las inversiones y el creciente populismo, la economía argentina sigue reactivándose? Los factores son básicamente dos. En primer lugar, un contexto internacional que sigue siendo favorable para las exportaciones. El precio de la soja, un producto fundamental dentro de las exportaciones argentinas, sigue en niveles que más que duplican los que regían en la década del noventa. Además, el súper real de Brasil o, si se prefiere, el dólar barato en dicho país genera una fuerte demanda de algunos productos argentinos como automotores y químicos. Estos dos elementos ayudan bastante al nivel de actividad interno y permiten, por ahora, sostener un saldo de balance comercial positivo que financia la fuga de capitales. Por esa razón el tipo de cambio no se disparó como en otras oportunidades.

Justamente ligado al anclaje del tipo de cambio, una parte de la población invierte en ladrillos dado que el dólar no sube. La compra de inmuebles se ha transformado en un refugio de quienes tienen capacidad de ahorro, siendo la construcción otro de los sectores que contribuye a sostener el nivel de actividad.

En segundo lugar, la actividad está dinamizada por el consumo, que ha venido creciendo en forma notable. Las razones para este incremento son varias. Por un lado, aquellos que trabajan en el sector formal de la economía, aproximadamente el 50% de la población económicamente activa (incluye un tercio del sector privado y el sector público) ha obtenido importantes incrementos salariales. Como esa gente sabe que no puede acceder a la compra de una propiedad porque los créditos hipotecarios casi brillan por su ausencia, destinan parte de su ingreso a la compra de bienes de consumo durable, fundamentalmente electrodomésticos y autos. Las compras en cincuenta cuotas sin intereses que hasta hace poco ofrecían las tarjetas de crédito, fueron un estímulo para que la gente comprara endeudándose apostando a licuar la deuda dado que las expectativas inflacionarias se mantienen en el orden del 30% anual. Justamente, las altas expectativas inflacionarias llevan a la gente a anticipar compras sabiendo que mañana podrán adquirir menos bienes con los pesos que hoy tienen en el bolsillo. Podríamos decir que hoy ya estamos en un punto en que la gente huye del dinero y se refugia en bienes.

El dato relevante del consumo es que no está basado en un sano proceso que primero atraiga inversiones, esas inversiones generen mayor demanda de trabajo y más productividad produciendo un aumento de los ingresos reales sostenibles, sino que el aumento del consumo está basado en distorsiones de la economía.

Paralelamente, el Banco Central continúa con una política monetaria fuertemente expansiva. Durante agosto, la expansión primaria de moneda (circulante) creció a una tasa anualizada del 27,7%. Esta mayor emisión monetaria se inscribe en la nueva política monetaria del BCRA que ha corregido su pauta monetaria para el año en curso y le girará al tesoro $ 18.000 millones de supuestas utilidades que dice tener. En rigor son utilidades contables y se pagan sin realizar los activos. Directamente se recurre al simple trámite de emitir.

¿Por qué esta audacia del gobierno en expandir tanto la emisión? Porque apuesta a llegar a las elecciones con el mayor nivel posible de actividad económica, y para eso necesita sostener un alto nivel de gasto público que financia con emisión monetaria. Claro que habrá que ver si la estrategia no termina transformándose en un boomerang dado que la creciente tasa de inflación puede licuar los salarios reales haciendo caer el consumo o entrando en una imparable carrera precios versus salarios.

El Índice de Precios al Consumidor que elabora Buenos Aires City (BAC), una consultora privada en la que trabaja gente que fue desplazada del INDEC cuando el secretario Moreno lo intervino, muestra que el IPC aumentó el 23,6% agosto 2010 versus agosto 2009 y que en los primeros ocho meses de este año el incremento acumulado fue del 17,3%, superando toda la inflación del 2009 cuando alcanzó el 14,8%.

La tasa de inflación promedio mensual de los primeros ocho meses está en el orden del 2% con una proyección anual del 27%, tasa que seguramente será superada por la expansión monetaria prevista por el nuevo programa monetario del Central.

¿Cuál es el argumento de la presidente del BCRA para incrementar la expansión monetaria? Que el PIB va a crecer más de lo previsto y que si no se emite más moneda, la economía se enfriaría por falta de crédito.

En rigor, si aumenta la oferta de bienes y la cantidad de moneda se mantiene relativamente constante, el efecto sería una baja de los precios, es decir, mayor poder adquisitivo por parte de la población. Con la misma cantidad de pesos podría acceder a más bienes y servicios. Pero el argumento más precario es el del crédito. Para Marcó del Pont, presidente del BCRA, la emisión genera crédito cuando cualquier manual de economía indica que el crédito tiene como necesaria contrapartida el ahorro que es volcado al mercado de capitales. Y el ahorro no es otra cosa que ingreso no consumido. Es decir, para Marcó del Pont el ahorro no se genera sacrificando consumo presente por más consumo futuro, sino que el ahorro se imprime y se transforma en crédito. Nuestros abuelos solían decir que el ahorro era la base de la fortuna, pero Marcó del Pont ha modificado ese dicho según el cual, para ella, la emisión es la base de la fortuna. ¡Toda una nueva teoría monetaria!

Lo que sabemos, entonces, es que si la emisión monetaria ya estaba siendo muy alta, ahora nos prometen más billetes en circulación y un proceso inflacionario mucho más agudo que el actual.

La jugada del gobierno es sumamente audaz, porque si bien está apostando a que el mayor nivel de actividad le acerque votos en las próximas elecciones forzando el consumo interno, no es de descartar que una aceleración del proceso inflacionario termine por quitarle más apoyo electoral. Es decir, el peso negativo de la inflación podría contrarrestar el efecto supuestamente positivo del mayor nivel de actividad, si es que se sostiene por la eventual caída del salario real a la que nos referimos previamente.

Mientras tanto, el tipo de cambio será la variable que usará el gobierno como ancla para evitar un mayor desborde inflacionario, lo que implica que el tipo de cambio real irá deteriorándose y, seguramente, el saldo del balance comercial seguirá reduciéndose por mayores importaciones, dado que el dólar más barato terminará por anular el modelo de sustitución de importaciones que impulsa el gobierno.

Néstor Kirchner siempre ha redoblado la apuesta ante la adversidad. Siguiendo su estrategia, lo más probable es que, por necesidad electoral, en economía redoble la apuesta populista en el año y monedas que quedan hasta las elecciones. Si es que no se adelantan.

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