JORGE CAUMONT
El gasto privado ha venido creciendo a gran ritmo en estos seis últimos años. El consumo privado ha trepado a una tasa anual de 6.7%, algo más del 48% en términos constantes desde 2005. Hoy representa el 72.1% del producto total de bienes y de servicios del país (PIB). La inversión privada lo ha hecho a un ritmo levemente mayor y representa hoy el 14.7% de un PIB que supera ya los 45 mil millones de dólares. En total, el gasto privado interno ha alcanzado al 86.8% del PIB, un monto del orden de los 39 mil millones de dólares. Agregando a lo anterior el gasto del Gobierno y sus inversiones y las exportaciones de bienes y de servicios, observamos que la demanda total en el país no se cubre totalmente con el producto interno y que se debe complementar con importaciones de bienes y de servicios que hoy representan el 35% del PIB, alrededor de 15 mil millones de dólares.
PREOCUPACIÓN. Ambas variables se deben mover en igual dirección porque las razones que las impulsan son prácticamente las mismas, pero reciben diferente consideración general. Mientras que, por un lado, se manifiesta un gran beneplácito por el crecimiento de la inversión privada, por otro, el aumento del consumo privado genera preocupación en varios sectores, incluyendo a algunos de la conducción política. En general, se resalta el crecimiento de la inversión como bueno pero desde algunos sectores al consumo se le visualiza como una enfermedad subproducto del capitalismo. Al consumo material, más allá de un cierto límite muy restrictivo, generalmente asociado con uno levemente mayor al de subsistencia, se le desprecia y se da más relevancia al consumo de bienes o actividades que brindan mayor prestigio, que se asocian a la caridad, a la solidaridad y a otras cosas por el estilo.
Es interesante la explicación económica del crecimiento del consumo privado y de la inversión privada. En el ámbito económico académico se maneja sin oposición, que el consumo y la inversión tienen desde el punto de vista macroeconómico una variable explicativa que predomina sobre cualquier otra: la tasa de interés. También no es controversial en cuanto a la dirección que toma la variable independiente, la tasa de interés, y la que provoca en la variable dependiente: cuando lo único que cambia es la tasa de interés y ella sube, el consumo y la inversión privada bajan y cuando ella baja el consumo y la inversión suben porque el costo de oportunidad financiero, la tasa de interés, pasa a ser menos importante tanto para emplear los recursos en inversiones financieras como para solicitar a un banco los recursos para inversiones reales o simplemente gastar en consumo.
La evidencia empírica ratifica lo expresado. Desde hace ya varios años, las políticas monetarias de Estados Unidos, la Eurozona, Japón e Inglaterra han sido sumamente expansivas de modo que sus economías superen el estancamiento productivo o la recesión que vienen soportando. Ello implica tasas de interés nulas o cercanas a cero para depósitos o títulos públicos o privados relevantes en todos los plazos. En Uruguay, la tasa de interés internacional importa en la medida en que la local es la internacional más el riesgo país y el riesgo de contraparte, cuando se considera la tasa de interés en dólares, o la internacional más la tasa de devaluación esperada cuando se trata de la tasa de interés en pesos. Debido a todo ello, la tasa de interés en Uruguay es baja en dólares y algo mayor en pesos y arbitrada a dólares por el incentivo que da el Gobierno para que los ahorros se desdolaricen. El efecto inmediato de estos factores es el alto deseo de consumir y de invertir antes que ahorrar. El tenedor de moneda local o extranjera sabe que en un año tendrá un retorno por su colocación en depósitos o en títulos que no superará el 2% o 3% en dólares. Prefiere entonces, gastar en consumo, no postergarlo pues más adelante difícilmente podrá consumir más a partir de tan magro ahorro. A él se le sumarán consumidores que verán en créditos con tasas de interés muy bajas, oportunidades para alcanzar un nivel de consumo que con costos más altos del crédito sería imposible lograrlo. O, en el caso de los inversores, la baja tasa de interés aumenta el número de negocios o de inversiones que pasan a ser rentables o cuyo retorno es superior al costo de oportunidad de hacerlas, justamente lo que dejan de percibir por sus colocaciones financieras.
De importancia relevante también es el diferencial de tasas de interés entre la que rige en el resto del mundo y la tasa de interés en la moneda del país, cuando se la arbitra a dólares. En Uruguay, el incentivo a la desdolarización ha sido ofrecer una tasa de interés en pesos mayor a la internacional. Ello ha provocado, obviamente, un influjo de capitales por "carry trade" que con la propia desdolarización realizada por todo tipo de inversores y la inversión en construcción y en las propias empresas con fondos antes en el exterior, ha apreciado a la moneda uruguaya frente al dólar, el yen y el euro. Y ello ha hecho más accesibles los productos extranjeros, importados, en términos de salarios en pesos o más generalmente, del ingreso de la población en pesos. Por eso también han aumentado las importaciones en general y la de ciertos bienes de consumo producidos fuera del país en particular; han crecido significativamente las de vehículos de transporte, artículos del hogar, computadoras, teléfonos celulares, televisores y otros por el estilo. Además, las importaciones de determinados insumos y bienes de capital que han permitido mayor eficiencia en la producción de sectores como el de la construcción por mencionar tan solo uno.
OTROS FACTORES. El ingreso de la población que, en definitiva, es el ingreso de inversores, rentistas, jubilados, asalariados y otros, ha subido considerablemente también en los últimos años y es, junto con la tasa de interés, un determinante importante del consumo y de la inversión privada pues a mayor ingreso mayor consumo e inversión familiar. Como también lo es la variación, en este caso un aumento, de la riqueza, financiera o real. Y como no lo es, contrariamente a lo que se piensa, la introducción o el aumento de impuestos a la renta aún cuando financien subsidios a la población que sí pueden ser razón del mayor consumo de algunos bienes o servicios pero no de aumentos de las variables macroeconómicas consumo e inversión privadas ya que en éstas inciden tanto los subsidiados que consumen más como los que pagan los subsidios con impuestos, que consumen e invierten menos.
La inversión y, sobre todo, el consumo continuarán su tendencia. Hasta cuando, dependerá fundamentalmente de hasta cuando empiece a trepar la variable central del sistema capitalista: la tasa de interés mundial.