JORGE REBELLA
La volatilidad de los precios de los productos primarios, la desindustrialización de los países asiáticos y latinoamericanos, y una creciente desigualdad en la distribución del ingreso de la población de esas regiones tuvieron un efecto muy negativo para el crecimiento económico de la periferia a lo largo del siglo XIX, afirmó el catedrático emérito de la Universidad de Harvard, Jeffrey Williamson. Entrevistado por ECONOMIA & MERCADO, el historiador estadounidense comentó algunos aspectos de su próximo libro "Trade and Poverty. When The Third World Fell Behind". El profesor Williamson, Ph.D en economía, dictó recientemente el curso "Crecimiento, globalización y desigualdad en el largo plazo" en el doctorado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, invitado por el Programa de Historia Económica y Social. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Cuáles son los orígenes de la enorme brecha existente entre los países desarrollados y los del Tercer Mundo?
-Ese tema es motivo de debate entre los historiadores. Los analistas del FMI y del Banco Mundial actúan como si esa divergencia hubiese aparecido hace unas pocas décadas; pero, en realidad, la brecha entre los países centrales y los periféricos se fue gestando entre principios del siglo XIX y 1914 al comenzar la Primera Guerra Mundial. En ese período se produjeron dos grandes acontecimientos económicos: la revolución industrial y la globalización. El primero tuvo lugar principalmente en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica y Holanda, así como en algunos de sus "retoños" de ultramar. En cambio, el progreso de la industria en los países pobres de la periferia fue, en el mejor de los casos, muy lento.
-¿No existía ya una superioridad cultural de Europa con respecto al resto del mundo, básicamente los estados asiáticos, desde el descubrimiento de América en adelante, o sea tres siglos antes de la revolución industrial?
-No creo que pueda responder en forma categórica. Quizás, algunas pocas regiones de Europa Occidental habían alcanzado un nivel más avanzado en conocimientos científicos, pero no existía mayor diferencia entre los restantes estados europeos y los asiáticos. Es más, el principal exportador de productos manufacturados en el siglo XVII fue India. Su industria era tan competitiva que los mercaderes indios controlaban el comercio textil tanto en el Océano Índico como en el Atlántico. Por ejemplo, la ropa que usaban los esclavos de las islas del Caribe estaba confeccionada con telas baratas de la India. Esa supremacía comercial india duró cientos de años hasta que, a mediados del siglo XVIII, los comerciantes ingleses comenzaron a imponerse lentamente, aun antes de que se produjera la primera revolución industrial en Gran Bretaña.
-¿Cómo se dio ese cambio en el comercio mundial?
-India empezó a perder su control de los mercados internacionales a medida que fue decayendo la competitividad de sus manufacturas. Ese proceso obedeció al colapso del Imperio Mogol en el siglo XVIII y sus efectos en el subcontinente indio. Hasta entonces, existía un clima muy favorable para el funcionamiento de la industria textil local, que podía exportar sin mayores inconvenientes a los más diversos destinos. Más tarde, los fabricantes indios perdieron el mercado interno a manos de sus competidores extranjeros a medida que el mundo se fue globalizando.
-Pero, ¿no es la globalización un fenómeno contemporáneo?
-La integración de los mercados de capitales y financieros mundiales, así como la expansión explosiva del comercio internacional, no son fenómenos actuales. El mundo se globalizó por primera vez en el siglo XIX, cuando se produjeron cambios quizás mucho más dramáticos que los ocurridos en la segunda globalización que se da en nuestros días.
Hace ya doscientos años, las barreras aduaneras cayeron abruptamente al influjo del liberalismo económico y se produjo un auge del comercio de commodities. Durante la mayor parte del siglo XIX, los países de la periferia se vieron beneficiados por los términos de intercambio debido a la demanda de productos básicos e intermedios para abastecer a las fábricas de Europa y los países anglófonos extracontinentales, así como el creciente consumo de alimentos exóticos en los países centrales por un sector de la población que comenzó a tener mayor poder adquisitivo.
-¿En qué medida la primera globalización contribuyó a crear esa gran brecha entre los países centrales y los periféricos pobres, ya que hubo un aumento de los ingresos en ambas regiones?
-El impacto de la globalización operó en varios sentidos. La volatilidad de los precios de los productos primarios, la desindustrialización de los países asiáticos y latinoamericanos, y una creciente desigualdad en la distribución del ingreso de la población de esas regiones, tuvieron un efecto muy negativo para el crecimiento económico de la periferia a lo largo del siglo XIX.
Como consecuencia del incremento del comercio, la especialización en la exportación de productos primarios y una mejora en los términos de intercambio, las economías de los países periféricos crecieron durante ese siglo. Sin embargo, el aumento de sus tasas de PIB basadas en un mayor intercambio comercial fue mucho más lento ya que esos países no contaron con el impulso del crecimiento endógeno que genera la industrialización como sí tuvieron los países centrales.
Volatilidad
-¿En qué sentido la volatilidad de los precios de las materias primas perjudicaron a los países periféricos?
-Los países que exportaban commodities se vieron expuestos a una mayor volatilidad en los precios en los mercados internacionales, incluso antes del siglo XIX. Las cotizaciones de las materias primas variaron mucho más que los precios de los productos manufacturados y de los servicios durante trescientos años. Ese comportamiento también lo hemos visto en este último quinquenio, con las subas y bajas abruptas de los precios del petróleo, granos, minerales, etc. Se ha comprobado que esa volatilidad es perjudicial para el crecimiento económico ya que frena tanto la acumulación de capital como las inversiones de riesgo con alto rendimiento. También afecta a los proyectos oficiales para construir infraestructura en el largo plazo porque los gobiernos viven en constante incertidumbre en cuanto a los niveles que habrá de alcanzar la recaudación impositiva.
-¿Por qué los países productores de materias primas no pudieron minimizar esos impactos negativos de la volatilidad de los precios de los commodities?
-Porque carecían de fácil acceso a los mercados financieros. En cambio, los países centrales que se especializaron en la exportación de manufacturas generaron las condiciones necesarias para el desarrollo de mercados de capitales.
Además de la volatilidad, el comercio global alentó la especialización, lo que en los países periféricos pobres significó la concentración de sus exportaciones en uno o dos productos. Desde el momento en que sustituyeron la diversificación por la especialización, la concentración de productos exportables significó una mayor dependencia en la evolución de determinados precios y, por tanto, mayor volatilidad de sus ingresos.
Altos aranceles aduaneros no han sido un mecanismo eficiente
-¿Qué factores obstaculizaron el proceso de industrialización de los países de la periferia?
-Así como la expansión del comercio mundial benefició más a los países centrales que a los de la periferia y, por tanto, contribuyó a agrandar la brecha entre ambos mundos, ese fenómeno también reforzó la industrialización en Europa y Estados Unidos, mientras que la suprimió en Asia, América Latina y África. La razón es que la globalización implica una especialización para explotar las ventajas competitivas. Eso es positivo porque aumenta las utilidades de los socios comerciales que se especializan en determinadas actividades, lo cual contribuye al crecimiento del PIB de todos los involucrados. Sin embargo, en el largo plazo, también significa que el país que importa productos primarios y los manufactura tiende a industrializarse cada vez más, mientras que los productores de materias primas se vuelven dependientes de las importaciones de productos terminados.
-¿Cómo operaba el proceso de desindustrialización?
-Cuando algún estado periférico lograba tener una incipiente industria textil en el siglo XIX, la invasión de productos importados de países con una industria más desarrollada provocaba un deterioro en la productividad local y, por consiguiente, en su competitividad. Al fin de cuentas, esos factores determinaban la desindustrialización de su economía. Por ese motivo, por ejemplo, la industria textil mexicana, que era relativamente pequeña y nada sofisticada, desapareció en la segunda mitad del siglo XIX y el país se convirtió básicamente en un importador de tejidos. A la vez, ese proceso ahogaba el crecimiento económico significativamente en toda la periferia, aunque algunos países, como es el caso de Japón, pudieron eludir los efectos destructivos de ese fenómeno mejor que otros.
Desigualdad
-¿Contribuyó la expansión del comercio mundial a que los habitantes de la periferia mejoraran su situación económica?
-El boom comercial aumentó la inequidad en forma dramática en la mayoría de los países periféricos pobres, donde un pequeño núcleo de familias ricas era propietario de la tierra, las minas y otros recursos naturales que constituían el grueso de las exportaciones. Al producirse un alza de los precios de los commodities, se incrementó la rentabilidad de la tierra y las ganancias de la actividad minera, pero se enriqueció sólo el segmento superior de la escala social.
-¿Qué factores acentuaron esa disparidad en la distribución del ingreso en los países latinoamericanos cuando estas economías pre-industriales se vieron expuestas a las fuerzas de la globalización en el siglo XIX?
-La distribución del ingreso ya era muy desigual en la América española y portuguesa durante la Colonia, pero se agudizó al producirse la primera globalización porque aumentó el poder de los terratenientes. A partir de la Independencia un conjunto de instituciones creadas en los nuevos países tendieron a favorecer a las oligarquías que buscaban la alta rentabilidad de la tierra y de los recursos minerales. Las políticas aplicadas fueron muy destructivas para otras instituciones que procuraban el crecimiento económico a través de vías diferentes, tales como la educación, la capacitación laboral y otras formas de capital humano. Probablemente, la inequidad inducida por la globalización en los países exportadores de commodities retardó, en vez de estimular, el crecimiento económico.
t -¿Qué factores impidieron que se desarrollara la industria manufacturera latinoamericana en el siglo XIX?
-En 1870 México tenía la industria textil más importante en Latinoamérica. Aunque ese país carecía de la tecnología existente en las fábricas europeas, contaba con la ventaja relativa de una mano de obra muy barata, que le permitía competir en el mercado interno con productos importados. Los empresarios textiles mexicanos necesitaban un ambiente político estable y apoyo oficial para desarrollar sus industrias, pero nunca lo consiguieron. Además, la competencia extranjera se tornó cada vez más intensa al incrementarse los niveles de productividad de las industrias europeas que, a su vez, provocaron un descenso relativo en los precios de las manufacturas en todo el mundo. Por su parte, los empresarios locales fueron renuentes a llevar adelante una reestructura del sector textil algodonero dados los costos, la incertidumbre y los riesgos implícitos.
-¿Qué mecanismos utilizó el gobierno mexicano para proteger su industria de la competencia extranjera?
-El gobierno adoptó políticas proteccionistas basadas en altos aranceles aduaneros. No sabemos a ciencia cierta si el objetivo fue realmente proteger el desarrollo industrial del país o, simplemente, compensar a los empresarios que habían resultado perjudicados por el proceso de desindustrialización generado por la globalización del comercio. Pero las políticas de sustitución de importaciones no han sido un mecanismo eficiente para que las industrias locales se vuelvan más competitivas.
-¿Qué políticas debieron haberse aplicado para proteger la incipiente industrialización?
-Para compensar a las industrias locales por la competencia externa, lo mejor hubiese sido utilizar mecanismos de transferencia de impuestos, que no distorsionan tanto la economía como sí lo hacen los aranceles aduaneros. Pero ningún país latinoamericano contaba con un dispositivo fiscal tan sofisticado para implementar un esquema de transferencia de impuestos a través de subsidios a los insumos de la industria, tales como bienes de capital, y a ciertas actividades relacionadas con el sector manufacturero, como I+D, educación técnica, etc. En realidad, medidas de ese tipo fueron escasamente utilizadas antes de 1930, excepto en Japón y Shanghái, porque probablemente no existía una voluntad política de las oligarquías que detentaban el poder.
El viejo orden económico aún prevalece en África
-Si todos los países involucrados ganan con el intercambio comercial, ¿por qué las economías centrales ganaron mucho más que las periféricas?
-Cuando un país se globaliza y aprovecha sus ventajas competitivas, mejora sus recursos de productividad y logra un aumento de sus ingresos. Esas son las ganancias del comercio global. Pero, en el largo plazo, lo que determina la mejor performance son las tasas de acumulación de capital, de capital fiscal, de capital humano, de inversión en I+D, etc. Todo eso incrementa el potencial de la economía y genera mayores tasas de crecimiento. Hay dos pasos en este razonamiento. Uno es la ganancia inicial del intercambio comercial y el otro es la ganancia en términos de crecimiento. La respuesta teórica es que los países ricos ganan más y la historia lo ha confirmado. No se puede decir que los países pobres no crecieron con la globalización, pero su crecimiento fue mucho menor y, por tanto, la brecha entre unos y otros se amplió.
-¿Qué lecciones nos deja ese período histórico que marcó la divergencia entre países centrales y el Tercer Mundo?
-Una de las lecciones es que los booms generados en las economías periféricas por los términos de intercambio aún pueden tener un fuerte impacto negativo para los países que procuran desarrollarse. Eso no ha cambiado en los últimos doscientos años. Sin embargo, luego de haberse aplicado políticas que apuntan al crecimiento económico, buena parte del Tercer Mundo ha pasado de la especialización en productos primarios a una mayor diversidad de bienes exportables con valor agregado, lo cual permite a estos países establecer una conexión positiva entre apertura y crecimiento económico por las mismas razones que se dieron para Gran Bretaña en el siglo XIX. En la medida que los gobiernos del Tercer Mundo le vayan otorgando espacios de participación a los pequeños empresarios urbanos y a los trabajadores, se irán creando nuevas instituciones y aplicando políticas que contrarresten la fuerza de los intereses de quienes todavía pretenden vivir sólo de la exportación de productos primarios. En las regiones en que ese proceso se desarrolla lentamente, como en África, el viejo orden económico del siglo XIX aún prevalece. En donde este proceso se cumple con rapidez, como sucede en Asia Oriental, la periferia europea y gran parte de Latinoamérica, el orden decimonónico hace tiempo que caducó.
Ficha técnica
Jeffrey Williamson, estadounidense, 74 años, es catedrático emérito de Economía de la Universidad de Harvard, donde enseñó entre 1983 y 2008, miembro honorario del Departamento de Economía de la Universidad de Wisconsin en Madison e integrante del Bureau Nacional de Investigación Económica. Se doctoró en la Universidad de Stanford en 1961 y es autor de 25 libros y casi 200 papers en historia económica, economía internacional y desarrollo económico. Próximamente se publicará su reciente trabajo titulado "Trade and Poverty. When the Third World Fell Behind".