Los ecos de la Gran Depresión

| Los paralelos entre la manía especulativa que terminó en octubre de 1929 y la burbuja inmobiliaria son seductores pero engañosos

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El País

Algunos dicen que el crédito fácil fue uno de los problemas. Se vio modificado por técnicas financieras novedosas y antojadizas; en particular, la compra de activos con dinero prestado y sentarse a ver cómo este apalancamiento producía su magia aritmética. Y por debajo de todo esto había una idea liviana e irreflexiva de que los precios sólo podían subir. Era la perfecta receta para un boom descontrolado y una quiebra ruinosa.

Si se sustituye "activos" por "propiedad inmobiliaria" en el párrafo anterior, se podría tratar de una descripción de cómo se infló y estalló la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos. Si, en cambio, se reemplaza por "acciones", podría retrotraernos al fin de la década de 1920. Mientras las sofisticadas ideas financieras de la primera década de este siglo incluyen securitización, canjes de default sobre créditos, obligaciones de deuda con garantía y todos sus extraños primos, la innovación previa al desastre de 1929 fue el fondo de inversión, compañía cuyo objetivo era especular con las acciones de otras compañías, utilizando la magia del apalancamiento para multiplicar las ganancias (y, al final, las pérdidas).

En territorio desconocido, cualquier mapa sirve, no importa lo incompleto o desactualizado que sea. Al tratar de analizar la actual crisis financiera, hay muchos en oferta. Entre ellos, hay uno trazado en Suecia a comienzos de la década de 1990, otro de Japón de la misma década y uno estadounidense de pocos años antes. Pero el que más asusta es el que se dibujó en los años anteriores a 1929. Se hace frecuente referencia a ese mapa.

Sin embargo, el mapa de la Gran Depresión ofrece una guía incompleta para entender cómo la economía de Estados Unidos llegó adonde se encuentra ahora. Los paralelos entre la manía especulativa que terminó en octubre de 1929 y la burbuja inmobiliaria son seductores pero engañosos. La actual crisis de la banca y los mercados de crédito y todo el daño que puede causar a la economía real, puede encontrar sus raíces en el boom inmobiliario y la quiebra de las hipotecas subprime.

De hecho, aunque los estudiosos aún analizan las causas de la Depresión, son pocos los que creen que el hundimiento de 1929 pueda aportar gran cosa. Ya había en marcha una desaceleración económica antes del colapso de la bolsa. Y si bien la política monetaria laxa ayudó a inflar la reciente burbuja inmobiliaria, hay mucho más debate respecto de cuánto contribuyó al boom de la década de 1920. En cambio, el estudio de la Depresión es de mayor ayuda para tratar de evitar que se agraven los problemas.

A comienzos de la década de 1930, la financiación con déficit era una herejía: en 1931, en momentos que las corridas contra los bancos destruían el sistema financiero de Estados Unidos, el presidente Hoover quería equilibrar el déficit federal, que era muy moderado en aquellos tiempos previos al New Deal (Nuevo Pacto, instrumentado por el presidente Roosevelt, que sucedió a Hoover, con el que se buscó atemperar los efectos de la crisis). Hoover fracasó. La política monetaria era rígida, lo cual, según dijeron Milton Friedman y Anna Schwartz en un libro hace 45 años, fue la explicación de que la crisis se transformara en depresión.

Por lo tanto, está muy bien que como académico Ben Bernanke haya estudiado la Depresión en profundidad, viendo en particular cómo el sistema bancario en quiebra había ayudado a hacer que la caída fuera más larga y profunda. En una conferencia en 2002 para honrar a Friedman al cumplir los 90 años, el presidente de la Reserva Federal (entonces gobernador) se refirió a él y su coautora. "Respecto de la Gran Depresión -dijo Bernanke-, ustedes tenían razón. Nosotros lo hicimos. Lo lamentamos. Pero gracias a ustedes, no volveremos a hacerlo".

Una lección menos obvia es que al comienzo de la Depresión no estaba claro hasta dónde iban a llegar las cosas y, ni siquiera, había claridad de la gravedad de la situación en ese momento debido a lo que se tardaba en recoger información económica. Un año después del hundimiento de la bolsa, muchos estadounidenses creían que estaban en medio de una baja de las habituales, aunque fuera dolorosa, y que sin duda no era tan mala la situación como en 1921, cuando la economía se contrajo un 25% en un solo año. Las áreas rurales, que en la década de 1930 albergaban un 40% de la población estadounidense, estaban en mala situación desde hacía tiempo: el agro venía en baja desde comienzos de la década de 1920.

Pero lo peor estaba por venir. Se produjo una oleada de quiebras bancarias a fines de 1930. Otra tanda cayó en 1931: una corrida contra un banco austríaco, Creditanstalt, provocó una sucesión de hechos que obligaron a Gran Bretaña a abandonar el patrón oro y provocaron temores de que los Estados Unidos pudieran verse obligados a hacer lo mismo. Extranjeros y depositantes locales por igual exigieron oro a los bancos estadounidenses. Y eso no fue tampoco el fin de la caída. Comparemos ayer con hoy: un año después de que comenzara la crisis de crédito, en agosto pasado, la economía de Estados Unidos parecía en buen estado. Hoy se ve menos segura.

Los aspectos políticos del mapa también merecen ser analizados. Son peligrosas las brechas, especialmente entre presidencias. Entre la primera victoria electoral de Franklin Roosevelt, en noviembre de 1932, y su asunción, en marzo de 1933, la economía norteamericana cayó aún más. En febrero se produjo otra sucesión de quiebras bancarias. La crisis terminó cuando Roosevelt, pocos días después de asumir, declaró feriado bancario. Hank Paulson, secretario del Tesoro, en 2008, tuvo la convicción de que el sistema financiero no podía esperar a 2009 para un plan de rescate.

Curso acelerado. La Depresión también sirve como alerta de los peligros de la política parlamentaria. La administración de Bush hizo un curso acelerado al respecto. Hubo ecos, quizá, de 1930. Ese año se aprobó la Ley Smoot-Hawley de aranceles, producto de una sesión especial del Congreso convocada por Hoover para responder a los problemas económicos. Los aranceles ayudaron a dar un empujón hacia abajo a la economía mundial. Un millar de economistas se opusieron.

¿Se repite en 2008 lo de 1929 o 1930? Si la mirada no se concentra en lo que hay por delante, sino en la realidad inmediata, parece un absurdo. La economía de Estados Unidos quizá recién esté entrando en recesión; entre 1929 y 1933 se redujo en más de un cuarto. Los economistas temen que el desempleo, que ahora supera el 6%, llegue al 10%; en 1933 era del 25% y muchos de los que tenían empleo trabajaban jornadas reducidas y con sueldos recortados. Los estadounidenses no golpean las puertas de los bancos para reclamar su dinero, ni hacen colas ante ollas populares. Estados Unidos no es una tierra de villas miseria habitadas por gente expulsada de sus empleos y casas. No debe permitirse que ello suceda.

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