Lecciones de un mundo cambiante

 20120415 800x530

CARLOS STENERI

De manera similar al lento desplazamiento de las placas tectónicas sobre la superficie de nuestro planeta, se van esbozando tendencias hacia un nuevo ordenamiento económico global. En realidad, ese trajinar silencioso e imperceptible, que implica reacomodos constantes a veces eclosionado en terremotos, es un símil perfecto de lo que viene aconteciendo en la arena económica y política mundial.

La fractura de la bipolaridad política explicada por el eje Estados Unidos-Unión Soviética a partir de la caída del muro de Berlín en 1989 es el comienzo de desplazamientos políticos y económicos a escala planetaria, acelerados por el surgimiento de China como potencia mundial plena apenas una década después.

En ese lapso, la Unión Europea apresuró el paso hacia formas de integración político-económica más estrechas, una vez que el nuevo ordenamiento mundial que se gestaba le abría espacios y oportunidades.

También América Latina, soñadora empedernida de una integración que cicatrizara la balcanización política que generó el proceso de independencia, también entró en el ruedo. A los esbozos integracionistas iniciales regionales y subregionales, se alzó como pionero el Mercosur tomando como modelo la Unión Europea.

En ese juego de desplazamientos lentos, Estados Unidos, cargado de la arrogancia de quien se siente ganador en la puja política internacional, continuó una ruta de soledad unilateral en lo político y de apertura multilateral en lo comercial. China fue su socio a la medida, dejándole hacer sin oponer mayores resistencias en tanto el acceso al mercado norteamericano estuviera asegurado. Mientras, Japón miraba aturdido su lento declinar relativo frente a nuevos competidores asiáticos. India también se subió al proceso, dejando de lado su letargo endémico para convertirse en una economía que acelera su crecimiento y su grado de apertura.

Finalmente Rusia, corazón del imperio soviético, retornó a sus fronteras zaristas. También a sus prácticas políticas, ajironadas hoy en una suerte de autoritarismo "democrático" acompañado de una economía de mercado donde conviven todos sus extremos.

Ese nuevo mundo, diverso en situaciones y lozano en la superficie, en realidad estaba surcado de fallas geológicas. Bastó una crisis financiera para que sus fracturas quedaran expuestas bajo la forma de una caída de la tasa de crecimiento de las economías más avanzadas, la fragilidad de los sistemas financieros de los países desarrollados, la puesta en duda de mecanismos de integración donde hay disparidades notorias entre sus socios, y el resurgimiento del proteccionismo.

Sobre estos nuevos andariveles transcurrirá el lustro en curso, y de sus resultados quedará conformado un nuevo mapa tanto en lo político como en lo económico.

NUEVAS REALIDADES. El mundo que era arrastrado por los motores de Estados Unidos y la Unión Europea ha entrado en eclipse en un horizonte difícil de otear. Lo mejor que puede decirse es que la crisis financiera no los ha derrumbado, lo cual es mucho. Una caída estrepitosa a semejanza de la que hubo a comienzos de la década del treinta del siglo pasado, tendría hoy al mundo arrodillado.

De todos modos, el terremoto financiero sigue emitiendo estertores donde una noticia buena desde Estados Unidos es neutralizada poco después por una mala, lo que muestra la debilidad de su recuperación económica. Europa sigue con heridas abiertas por la crisis de endeudamiento de algunos de sus socios, lo cual proyecta sombras sobre la estabilidad de su sistema financiero.

LA GRAN PREGUNTA. Pero por encima de esa realidad, flota una gran pregunta: ¿son viables los sistemas de integración como la Unión Europea donde conviven países tan dispares en tamaño, con visiones políticas y realidades sociales diferentes? O dicho de otra forma, podría decirse que un esquema de esas características profundiza las divergencias entre sus socios, dado que se produce una especialización productiva que favorece al socio de mayor tamaño y con mayor productividad. Obviamente Alemania y Francia eran los candidatos naturales a alcanzar esa mayor especialización y productividad frente al resto de Europa. Ante esa realidad inexorable, la Unidad Europea creó diversos mecanismos para corregir asimetrías. Así fue que hubo transferencias generosas para invertir en infraestructura, e incentivos para desperdigar industrias a lo largo del espacio europeo. Pero después de tanto esfuerzo, la realidad muestra al corazón económico franco germano rodeado de una "maquila" asentada en los países periféricos. Se puede decir que eso es mejor que la situación previa, donde ni había maquila, lo cual puede ser de recibo. Pero lo que es innegable, es que los procesos de integración bajo la forma de una Unión Aduanera fija reglas operativas comunes cuyo dictado por la fuerza natural de los hechos, están sesgadas hacia los intereses de sus socios mayoritarios. Estos generalmente se convierten en los grandes exportadores netos hacia los países más chicos del espacio de integración. Y estos a su vez quedan encandilados, pues son capaces de generar exportaciones que no serían viables fuera del espacio de integración.

Aquí se entra en un dilema, que una vez presentado es difícil de resolver. ¿Qué gobierno va a dejar por el camino una maquila que solo puede exportar gracias a la protección que le otorga la Unión Aduanera, a pesar de que los recursos empleados tengan un uso alternativo más productivo? Ninguno, pues la mayoría de las administraciones, independientemente de su ideología, se mueven en los cortos horizontes electorales. Y porque tampoco son juzgadas por los costos que genera el desvío de comercio que factibilizan esas exportaciones.

NUESTRO MERCOSUR. También por estos lares hemos tenido nuestro terremoto, aunque felizmente de magnitud menos severa. Nuestros socios mercosurianos mayoritarios, cada cual a su manera, han sacado a relucir su veta proteccionista lo cual nuevamente ha puesto sobre el tapete varias preguntas que son cruciales para Uruguay. Máxime cuando la realidad de la Unión Europea muestra ejemplos que, de alguna manera, se replican en estas latitudes.

El uso genérico del vocablo Mercosur engaña. En realidad sobre él, está montado un imaginario social a manera de ideal, centrado en la profundización de sus exportaciones mercosurianas. Sin embargo, la verdadera pregunta a responder es si a Uruguay le sirve estar encorsetado por las reglas estrictas de una Unión Aduanera, la cual se convierte en una entidad supranacional en la toma de decisiones de política comercial. Su ejemplo más crudo es la de tener que pedirle permiso para celebrar acuerdos comerciales con otros países. Y eso se agrava cuando sus términos son dictados, como en la Unión Europea por los países de mayor peso político y económico, léase Brasil y Argentina.

Eso, naturalmente, los convierte en imanes naturales para los grandes inversores, tanto domésticos como extranjeros. El tamaño de sus mercados internos asegura las escalas mínimas requeridas, siendo la industria automotriz su ejemplo típico.

Decir que el Mercosur puede ser el vehículo para articular cadenas productivas complementarias olvida que quienes toman esos decisiones son los empresarios, y no los gobiernos. Para atraerlos hay que incentivarlos, hecho de enorme costo fiscal o aceptando distorsiones que lesionan la productividad.

La mayoría de la complementación industrial fue por generación espontánea, sin las reglas de una Unión Aduanera y solo al amparo de la cercanía. Uruguay fue un proveedor natural de arroz, de cebada, de carne y de lácteos utilizando acuerdos comerciales más flexibles.

Finalmente dos reflexiones. La primera es ir al meollo del tema y preguntarnos si una Unión Aduanera sirve a los mejores intereses del país. El debate debe despojarse de los ruidos del presente, que distraen. Aquí se trata de decidir sobre una cuestión histórica.

Y lo segundo, es ver que una buena parte de América Latina se une, en una alianza tenue y flexible, pero mirando hacia el Pacífico, donde somos complementarios y los mercados se miden en miles de millones.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar