JUAN SÁNCHEZ
La falta de ponderación y justeza del sistema político para establecer prioridades quedó de manifiesto en la reciente interpelación al ministro Danilo Astori en el Senado. El objetivo de la convocatoria era la implantación de la Reforma Tributaria, pero fuera de contexto aparecieron otros temas como el desajuste entre metas de inflación del BCU y el resultado del relevamiento de agosto.
Adelantar que el próximo gobierno derogará el IRPF, llamar a sala a un ministro para discutir un tema complejo con escasa información y que refiere a una reforma que se acaba de implantar por parte de la oposición, o sostener enfáticamente que no hay ningún problema ni con el tipo de cambio nominal, ni con la competitividad, ni con la inflación, etc., por parte del gobierno, son realidades difíciles de comprender. El propio ministro no pudo definirlo mejor: diálogo de sordos.
Esto genera más inestabilidad que la suba de uno, dos o tres puntos de inflación, si ello se analiza con detenimiento y ponderación.
Si algo faltaba a este desatino y, por cierto, no es que no haya que tomar en cuenta los registros de inflación de agosto, el día anterior a la interpelación, el presidente del Banco Central se precipitó, a nuestro juicio, al hacer comentarios sobre inflación y medidas correctivas. En ese contexto, estos resultaron confusos e innecesarios; sobreactuar en esta materia tiene sus riesgos.
No se puede disimular que las reformas del Estado y de la Seguridad Social que habían quedado a medio hacer y, que a pesar de que esta Administración las ha mencionado una y otra vez como temas sustantivos, no termina de tomarlas en serio. Como ejemplos se pueden mencionar las vacilaciones para encarar las reformas de las Cajas de Jubilaciones Bancaria, Policial y Militar, la volatilidad en el régimen de contrataciones del Sector Público, el mantenimiento de cometidos, estructuras organizativas y funciones en el Estado, comenzando por la propia Presidencia de la República, que lleva a ciertas reparticiones a generar un dudoso valor agregado neto y a desdibujar su protagonismo. Ejemplos de ello lo constituyen la Oficina Nacional del Servicio Civil y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.
OBSESIONES. Recientemente, "expertos" en riesgo soberano afirmaron que Uruguay empeoraría su calificación de riesgo como consecuencia del repunte inflacionario del mes de agosto. Frente a la persistencia de fallas estructurales serias en el ámbito de las reformas del Estado y de la Seguridad Social y en el funcionamiento de mercados poco competitivos y altamente regulados -que no son pocos- resulta que aquel presunto riesgo se relativiza.
Parece haber permeado en nuestra sociedad la idea que la estabilidad de precios es un aspecto clave de la macroeconomía local, sin embargo, más colegas empiezan a relativizar los éxitos de la política monetario-cambiaria que se aplicó antes y se viene aplicando a posteriori de la crisis del año 2002. Es claro que ésta tiene más efectos que la estabilidad de precios y no todos tienen el mismo signo.
Por más de diez años trabajé para un sector dinámico que se "benefició" de la inversión de empresas multinacionales como Botnia y Wayerheuser, a partir de lo cual tenemos la convicción de que las motivaciones de la decisión de la mayor inversión privada de la historia del Uruguay y otras en la cadena agroindustrial tuvieron poco que ver con la "sintonía fina" en la aplicación del actual o del anterior plan de estabilización.
Hace casualmente también diez años, visité el Estado de California en el otoño del año 1997 y participé en aquella ocasión de una discusión con un experto de la NYSE, un asesor del ex ministro Domingo Cavallo y un economista integrante del Gobierno de Chile; en dicho encuentro, éste último criticó la escasa o nula regulación a la entrada y salida de capitales que practicaba Argentina en ese entonces y al mismo tiempo defendía enfáticamente la política más mesurada que según el jerarca aplicaba el país trasandino por las distorsiones que esa situación generaba en la economía real de Chile y en particular en el mercado de cambios.
El caso de la Represa Itaipú es otro ejemplo. Su construcción afectó la economía real de modo diverso. Se verificó un efecto positivo sobre el nivel de ingreso medio per cápita por el crecimiento extraordinario del producto durante su construcción, sin embargo, la entrada de capitales extraordinaria generó una distorsión transitoria pero extendida del mercado de divisas y, el indicador de competitividad global del Paraguay se vio afectado negativamente.
El plan de estabilización en Uruguay, a pesar de estas y otras aristas negativas, se ha mantenido con determinación, algo que los responsables de la Reforma del Estado deberían envidiar. La lucha contra la inflación en el rango en el que se ubica resulta más fácil de lograr que cualquier variante en el ámbito de las reformas estructurales. La escasa o nula oposición de intereses que se da en el primero lo facilita, asegura y consolida.
ENEMIGO PÚBLICO. Nuestra sociedad aprendió de la peor manera, lo malo que puede ser la inflación y a su vez lo desastroso que puede ser el fin de un plan de estabilización. Nuestras sucesivas autoridades económicas nos sometieron a una serie de experimentos cuyos extremos se demostró no conocían a cabalidad.
Durante la vigencia del plan de estabilización, la política monetario-cambiaria determina ganadores y perdedores y no es neutral. Por su parte, la modalidad actual es una opción, pero no la única, como parecen querer convencernos los responsables de la conducción económica.
La reforma tributaria y la del sistema nacional de salud así como la política monetario-cambiaria se pueden sostener entre otros factores, porque minimizan, tal como están diseñadas, el conflicto social, beneficiando a los más y perjudicando a los menos. Esto les garantiza viabilidad política aunque no necesariamente equidad y eficiencia.
La reforma tributaria era un importante compromiso electoral y no implantarla acarreaba ciertos riesgos y nos aproxima en cierto modo (y aunque la oposición no lo reconozca) a la realidad de países con buena tradición tributaria. La reforma de la salud es una apuesta más fuerte que el gobierno podía haber esquivado sin costos políticos; denota por ello, a nuestro juicio, cierto grado de determinación y sensibilidad social, a estar por los riesgos que en este caso si están involucrados.
Todas las políticas o medidas referidas, lideradas y defendidas por el gobierno frenteamplista, mejoran el perfil del financiamiento de sus acciones y tienen -se busquen o no- ventajas fiscales en sentido amplio, aunque como casi siempre "el almuerzo" lo pagan otros.
En 1985 en la ciudad de Berlín pude observar la presencia física del muro que reflejaba la distancia entre socialismo real y capitalismo. Los extremos dramáticos de la crisis económica de la URSS en los años ochenta y el desastre de Chernobyl hicieron algunos daños adicionales y contribuyeron a lo impensable.
La interpelación al ministro Danilo Astori nos mostró facetas de la política que hubiéramos preferido ya no ver en este siglo. Los principales actores se enfrentaron detrás de barreras ideológicas y políticas en detrimento de un análisis en profundidad de temas de relevancia para nuestra sociedad.
Que los ahora senadores y mañana candidatos a presidente discutan con información, honestidad intelectual y apertura ideológica sobre reforma tributaria, inflación, entrada de capitales, atraso cambiario, reformas estructurales, gasto público, regulación y corporaciones debería ser más fácil que derribar el muro de la enigmática ciudad germana, pero constatamos que todavía estamos lejos de alcanzar esa quimera.
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El presidente del BCU se precipitó al hacer comentarios sobre la inflación