Las crisis argentinas que alejan del Mercosur

El año que comienza debe ser el de modificaciones en las reglas de relacionamiento entre los miembros del bloque y de éstos con terceros países.

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No creo que alguien en nuestro país se pueda oponer a la salida de los compromisos comerciales que se contrajeron en marzo de 1991 cuando se firmara el Tratado de Asunción que, desde entonces, han atado a Uruguay al Mercosur y, particularmente, a sufrir —cierto que en diferentes medidas—, las increíbles crisis que se han sucedido, sobre todo en Argentina –las únicas a las que me referiré en esta columna por su frecuencia y profundidad—, durante varias décadas.

Un país que, ha vivido inestabilidades económicas que perjudicaron al comercio uruguayo por la caída de las exportaciones de bienes con ese destino y por la competencia con la producción local uruguaya, como por las ataduras que el tratado impone a las decisiones de nuestros gobiernos para intentar otras alianzas comerciales con países de fuera de la zona. Es interesante recordar que muchos ministros de economía han pasado por la conducción argentina en el último medio siglo y que, aun teniendo breves momentos de éxito en su gestión, prácticamente ninguno han finalizado su mandato sin dejar al país en una crisis profunda que ha afectado, comercialmente y en algunos casos hasta financieramente, a nuestro país.

Breve historia. Hace 40 años, el entonces Ministro de Economía de Argentina, el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz intentó frenar una altísima inflación con un sistema cambiario de anuncios anticipados del valor del dólar, lo que provocó una crisis que se extendió con su sucesor, Lorenzo Sigaut y que siguió, durante la conducción económica del Dr. Roberto Alemann, muy perjudicado éste, por la decisión militar de intentar la recuperación de las Islas Malvinas en 1982. En Uruguay repercutió entonces una gran crisis comercial y financiera que mucho se recuerda. Fue el turno luego de los problemas que provocaran en nuestro país, los desequilibrios económicos durante las conducciones de Bernardo Grinspun y de Juan Vital Sourruille, ministros del renunciante Raúl Alfonsín. Y luego se sufrió en Uruguay la que sucediera tras finalizar los gobiernos de Menem, época de la paridad dólar-peso que iniciara Domingo Cavallo y que obligara, un tiempo más adelante al propio Cavallo, en noviembre de 2001, a decretar el congelamiento temporal de los depósitos bancarios. Tras esto, pocas semanas más tarde en la segunda mitad de diciembre, se produjo la renuncia del presidente De la Rúa y semanas después, en pleno enero de 2002 se extendió el llamado “corralito cambiario” y se produjo el default de la deuda pública, celebrado por el Congreso Nacional. Fue la crisis que más afectó a Uruguay, comercial y financieramente por la quiebra de varios bancos ante la corrida de depósitos que derivó en nuestro país. Viene luego la administración de Kirchner —que bloqueó el comercio con Uruguay por UPM—, que con su ministro Lavagna, sin arreglar el problema del default de la deuda pública argentina y con el beneficio del boom de los precios agrícolas internacionales, tuvo aire para dejar una economía con serios problemas que no se pudieron solucionar por su sucesora —Cristina Fernández— que los dejó como herencia al presidente desde diciembre de 2005: Mauricio Macri. Tampoco los sucesivos ministros de éste, lograron sacar a la economía de su recesión, detener la alta inflación y manejar el endeudamiento público fruto de un alto déficit fiscal, lo que se reflejó en un control de cambios con acceso muy restringido a la compra de moneda extranjeras.

El fracaso de ese gobierno ha sido también, debe recordarse, el mayor del FMI en América. La historia económica y social del gobierno que “presidiera” el Dr. Alberto Fernández y que tuviera a Cristina Fernández como vicepresidenta y a Sergio Massa como Ministro en su etapa final, es muy conocida: dejó a Argentina en una de las peores situaciones económicas, financieras y sociales —sino la peor—, de la historia del vecino país. Los efectos económicos sobre nuestra economía que se dieron en este lapso de 4 años que culminara hace solo un mes, reflejaron la continuidad histórica de la inestabilidad económica del país vecino.

No más. La evidencia de los últimos cuarenta años refleja que las crisis argentinas, han afectado adversamente a nuestro país y que las restricciones que impone el Tratado de Asunción para el comercio con países fuera del acuerdo, impiden un camino para sobrellevarlas. Si bien las nuevas autoridades argentinas, inauguradas el mes pasado, han planteado liberar más el comercio abandonando los permisos de importación y las trabas a los pagos de las importaciones, no es seguro que esa intención se concrete efectivamente en el corto plazo —i.e. existe impuesto a los pagos externos—. Es entonces momento de proceder en el sentido que a nivel local y sobre todo en reuniones de los presidentes de las naciones del Mercosur, han sostenido las autoridades del actual gobierno uruguayo desde su inauguración y particularmente el Presidente Lacalle Pou: la necesidad de cambios radicales en el funcionamiento del grupo de los cuatro países y la flexibilización para el comercio con naciones y regiones de fuera del Mercosur.

El año que comienza debe ser el de modificaciones en las reglas de relacionamiento entre los miembros y de éstos con terceros países. Se trata de algo que hasta ahora se ha resistido particularmente por Argentina y que ha costado y sigue costando muy caro a nuestro país, al evitar acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, con la Unión Europea, con China y con los países americanos y asiáticos del Pacífico. Es el momento de alcanzar con decisiones acordadas o no una apertura comercial que genere el área óptima de comercio para un país pequeño como Uruguay, para sus productores y también y sobre todo, para los consumidores.

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