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Las cartas que aún están sobre la mesa en la negociación entre la Unión Europea y el Mercosur

"La Unión Europea propone acuerdos progresistas, de respeto de los derechos y atención a la agenda climática", destaca el embajador Paolo Berizzi

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Paolo Berizzi, Embajador de la Unión Europea en Uruguay
Foto: Francisco Flores

Quedan pocas semanas para fin de año y el margen de negociación entre el Mercosur y la Unión Europea se acorta. Mientras en el bloque latinoamericano las referencias apuntan a que “la oportunidad es ésta”, en Europa se preparan para un 2024 de elecciones y donde la agenda será otra. Sin embargo, para el embajador de la Unión Europea en Uruguay, Paolo Berizzi, “todavía es posible avanzar”, y si no se cierra en diciembre, “no hay porqué concluir definitivamente con las negociaciones”. Berizzi admite que las cuestiones vinculadas al cambio climático “son irrenunciables” para Europa, pero sostiene que “si las dos partes ceden algo” podría avanzarse. En la actualidad hay cinco mesas de negociación, y aunque los mensajes de los gobernantes parecen no ser muy positivos, “una cosa es lo que dicen los políticos y otra la que ponen sobre la mesa los negociadores”, subrayó. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo califica los resultados de las negociaciones de este año en torno al acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur?
—En relación con lo que había pasado en los tres años anteriores, hubo claros avances; la Unión Europea puso en la mesa una propuesta de instrumento adicional relacionado con el cambio climático, en línea con el Acuerdo de París. Eso ocurrió en marzo, lo que desbloqueó una negociación que, entre junio 2019 y marzo 2023, no había generado ninguna novedad.

—Esa es la addenda que presenta la UE con su agenda climática y las condiciones para acordar…
—Exactamente. Europea quiere incluir en el acuerdo los aspectos climáticos, y no porque se nos ocurra, sino porque es un pedido muy fuerte que viene de los ciudadanos europeos, que han elevado sus compromisos en esa materia, sobre todo los más jóvenes. De allí deriva que se incluya ese tópico en todas nuestras negociaciones, no solo con Mercosur.

—Después de esa propuesta presentada por la UE en marzo hubo un impasse hasta setiembre, cuando Brasil envía una contrapropuesta en nombre del Mercosur…
—Así fue, entre marzo y setiembre, muchas declaraciones y pocas palabras en papel. En Europa estábamos esperando, se había pasado la propuesta y la pelota estaba en cancha del Mercosur. En ese lapso, se estableció un calendario de negociación, que por varias razones siempre el lado Mercosur se decidió anular o postergar cada reunión, hasta que llega esa respuesta de setiembre que desencadena una serie de reuniones muy intensas, con una alta periodicidad, tanto a nivel técnico como de jefes negociadores. Esa es la etapa en la que estamos ahora…
A fines de octubre hubo reuniones presenciales, luego varias videoconferencias y esta semana habrá un nuevo encuentro cara a cara en Brasilia, buscando avanzar.

—Primero desde Brasil se hizo referencia a la intención de cerrar las negociaciones este año, antes de que culmine su período en la presidencia pro témpore. Luego, Santiago Peña, presidente de Paraguay —país que asume la presidencia para el siguiente semestre—, dijo que si no se cierra antes del 6 de diciembre, ya no va a avanzar. ¿Coincide con esa visión?
—No, no coincido; es claro que sería una gran oportunidad anunciar un acuerdo en la próxima Cumbre de Presidentes del Mercosur, además con España aun presidiendo en la UE, un país que empuja mucho el acuerdo. Pero si no se puede, las negociaciones deben seguir. No es todo o nada, si nos acercamos a un acuerdo, pero falta, no hay que darlo por concluido, hay que seguir buscando el camino. Paraguay puede entender que no vale la pena seguir en su semestre; pero después, en la segunda mitad de 2024 vendrá Uruguay, que confío que tenga otra postura, para continuar negociando si es necesario.

—¿Dónde está la negociación al día de hoy?
—No me animo a confirmar un determinado grado de avance, pero hay una aceleración muy importante y voluntad de las dos partes de lograr resultados rápidos. Las declaraciones políticas son una cosa, pero los negociadores, créame, trabajan para un acuerdo lo antes posible.
Claramente todo va a depender de los pedidos que cada parte puso sobre la mesa y la capacidad de todas las partes de renunciar a algo. Todos son temas negociables.

—¿Es así?, hay posturas que parecen muy difícil de congeniar…
—Bueno, es posible que las haya, pero en el conjunto, hay que tratar de acercarse lo más posible. Para Europa, el tema fundamental es el capítulo que se llama Comercio y Desarrollo Sostenible, por allí pasa nuestra filosofía, cualquier acuerdo que tenga un componente comercial tiene que responder al objetivo de luchar contra el cambio climático. Entonces, reconocer el Acuerdo de París como pilar fundamental, es la más importante de las líneas rojas que pone la Unión Europea. Esa condición no va a salir de la mesa. Es irrenunciable.

—¿La negociación está centrada en el instrumento adicional que la UE presentó en marzo o se abrió el texto original? Si es lo segundo, parece más complejo avanzar...
—Esa fue la propuesta de la Unión Europea y luego el Mercosur, cuando respondió, vino con sus propias propuestas alternativas, incluyendo otros capítulos del acuerdo original. Hoy se han conformado 5 grupos de trabajo sobre 5 tópicos distintos, aunque todo —de alguna manera— relacionado con lo ambiental.

—O sea que, a partir de la contrapropuesta de Mercosur, el texto principal se reabrió.
—Podríamos decir que sí… pero no necesariamente debería haber una corrección para el acuerdo; todo podría terminar sin tocar el texto principal, sino con más protocolos adicionales. Hay más de un escenario posible.
Pero insisto en que veo una clara voluntad de avanzar. Desde la UE, la presidenta Úrsula Von der Leyen, el alto representante Joseph Borrell, el vicepresidente Vladis Dombrovskis, todos están diciendo que queremos cerrar el Acuerdo Unión Europea Mercosur. Claro está, para un acuerdo se necesitan dos, y ambos con intención de flexibilizar sus propuestas.

—Al concluir la presidencia pro-témpore, se pierde un impulso adicional que dio España a la negociación…
—Una gran ventana de oportunidad, desde el inicio del año lo hemos estado diciendo. Pero además, el año que viene es complicado para Europa. Es año de elecciones de las instituciones europeas, lo que significa elección de parlamentarios en julio, con campañas electorales en los 27 países miembros y luego nombramiento de un nuevo presidente de la Comisión Europea, un nuevo presidente del Consejo Europeo, nuevo alto representante, 27 nuevos comisarios… será un año agitado. Ya desde abril no se va a reunir el Parlamento Europeo. Pero a ninguna de las partes que negocia o debería sorprender. Ya lo sabían.

—¿Los cambios en el Parlamento Europeo pueden traer una corriente menos afín al acuerdo?
—Al momento, podríamos decir que se mantienen ciertos equilibrios y creo que en la mayoría de las fuerzas políticas hay una cierta mirada positiva para el acuerdo Unión Europea-Mercosur.

—La presidencia pro témpore europea la tendrá Bélgica desde enero, y en el segundo semestre Hungría, no muy afín a este tipo de acuerdos…
—Bélgica siempre fue bastante interesada en avanzar en tratados comerciales. Claramente, Hungría y Polonia, que vendrá después, son otra cosa. Vamos a ver…

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Paolo Berizzi.
Foto: Francisco Flores

—¿Es una alternativa válida pensar en que si no se logra avanzar puedan aparecer posibilidades de avances bilaterales con cada uno de los países del bloque, a distintas velocidades?
—Hoy le diría que no. Simplemente porque no sería justo, no sería lógico hablar de una alternativa cuando estamos completamente enfocados en terminar una negociación. Luego, si fracasa todo, ahí sí hay que ver qué hacemos con nuestros acuerdos bilaterales que tenemos con varios países, como Uruguay, acuerdos de cooperación de los años ´90, para modernizarlos. Pero hoy no está sobre la mesa.

 —Cuesta ser optimista…
—La negociación es difícil, pero no imposible. Yo intento ver las cosas más desde el mediano y largo plazo. El acuerdo es muy importante para Mercosur por muchas razones, por la inserción comercial, pero también para consolidar su rol en la región. Sería un posicionamiento muy importante del Mercosur en el mundo.
Para Europa sería el acuerdo más grande de todos, entre dos bloques. Cuando refiero a la importancia de los temas climáticos. Es la región del mundo con mayor diversidad. También hay, y sin hablar de extractivismo, materias primas importantes, que producen los países del Mercosur y que necesita Europa.
El intercambio de productos agrícolas es importante, ha sido un capítulo muy sensible que se negoció, donde se incluyeron muchas excepciones, y hasta ahora no está siendo discutido.

—Sin embargo, desde el Ministerio de Desarrollo del Brasil se ha dicho que algunos productos, como el café, producido en zonas sensibles del área de Amazonía, podría verse afectado…
—Ahí entramos en una dialéctica más amplia, porque la Unión Europea, independientemente de los acuerdos que tiene, sigue avanzando con su legislación hacia la protección del medio ambiente. Por ello introdujo el mecanismo de ajuste del carbono y la prohibición de importar productos o de producir, en el caso de Europa, de zonas desforestadas y de bosque nativo.
Allí sí, entramos de nuevo en una parte sensible de la negociación. Cuando en 2019 cerramos la negociación con Mercosur, esa legislación no estaba vigente, pero hoy es una exigencia en Europa.

—Mencionó antes la noción de extractivismo. ¿Cuál es el aspecto que diferencia el interés de Europa de ese concepto?
—Extractivismo es ir a un país, sacar lo que tiene y llevárselo a otras partes del mundo. Nuestra mirada es el desarrollo local; vamos a hacer todo junto con los países que producen minerales que nos importan, todo de acuerdo con el país, con respeto de los más altos estándares laborales, sociales y en base a un acuerdo que tienen que apoyar el desarrollo del país y no solo el desarrollo de Europa como comprador. En ese sentido, el modelo europeo es muy progresista, de respeto de los derechos. Se trata de prosperar juntos.

—Mientras Europa parece mirar con mayor interés a Latinoamérica y orienta buena parte de su iniciativa Global Gateway a esta región, Estados Unidos lanza la Alianza para la Prosperidad Económica y China relanza la Ruta de la Seda. ¿Están todos mirando nuevamente a América Latina?
—Es muy interesante ese fenómeno, porque todo ocurrió en pocas semanas. En julio la Cumbre UE-Celac, en octubre China relanzó el cinturón y la ruta de la Sede y hace algunas semanas EE.UU. hizo su primera reunión de la APEP.
Es importante subrayar que nosotros no vemos esto como una competencia. Cada uno lo hace de su propia forma, nosotros vemos que hay espacio para comerciar, para invertir, para establecer sociedades, para un desarrollo conjunto, independientemente de lo que hagan los países de la región con China o Estados Unidos. Miramos el comercio con una perspectiva amplia, incluyendo en la mirada los grandes problemas mundiales que en este momento se llaman energía, medio ambiente, cambio climático, migraciones.

—Hoy la agenda europea centraliza buena parte de su atención en la invasión rusa a Ucrania y el conflicto Israel-Hamás. ¿Son las prioridades?
—Las crisis ya no son eventos excepcionales, casi todos los años tenemos alguna. En este caso, los dos conflictos bélicos nos preocupan mucho.
Primero Ucrania, porque la agresión de Rusia no para, violando el Derecho Internacional de forma abierta. Nosotros estamos en 11 paquetes de sanciones, o medidas restrictivas, y en estos momentos negociando el número 12. Y vamos a apoyar a Ucrania hasta el final, hasta que se pueda cumplir su sueño de ser completamente en paz.
En Oriente Medio, hay un tema muy complicado, porque históricamente genera posiciones distintas hacia el interior de Europa, Como Unión Europea, siempre vamos a tener siempre una postura muy equilibrada. Primero, condenando sin ningún temor los ataques terroristas de Hamas, algo inaceptable bajo cualquier punto de vista. Por otro lado, llamando la atención a que, Israel en el marco de su obvio derecho de autodefensa, no debe ejercerlo más allá de lo que marca el derecho internacional humanitario. Por eso, la semana pasada la UE adoptó una declaración por unanimidad, pidiendo en forma urgente el establecimiento de pausas humanitarias para permitir la ayuda población civil de Gaza. Es urgente ayudar a la población civil de Gaza, es urgente liberar a los rehenes y también evitar cualquier escalada del conflicto. Pero también hay que trabajar por una solución a largo plazo. La Unión Europea quiere una solución con dos estados, esto es nuestra posición y por la que vamos a trabajar.

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