JORGE CAUMONT
He leído en la edición de El País del pasado sábado 10 de septiembre, que los jóvenes del Pit-Cnt entienden que los trabajadores deben trabajar menos horas y ganar lo mismo. La nota expresa que la agrupación de jóvenes del Pit-Cnt propondrá al congreso de octubre de la central sindical una reducción de la jornada laboral, sin perder salario. El País les cita textualmente: "la reducción progresiva hasta seis horas o menos sin disminución salarial aumenta el capital social de toda la comunidad". Los jóvenes proponen que sea una medida "paulatina" y por rama de actividad, "iniciando por aquellas cuyos niveles de productividad han aumentado notoriamente en los últimos años". Para los jóvenes del Pit-Cnt, la desocupación y las bajas remuneraciones no tienen nada que ver con la falta de calificación de la mano de obra. Según ellos, agrega la nota de El País, desocupación y bajas remuneraciones configuran una situación funcional al sistema capitalista, es decir que es un problema sistémico que se resuelve con menos explotación y pagando mejores salarios a los trabajadores.
Intenté leer el documento que presentarán los jóvenes en octubre pero no lo he localizado. En otras notas periodísticas he visto que el responsable de juventud del Pit-Cnt dijo: "Entendemos que es imposible si se habla de falta de formación, de escasez de mano de obra calificada, es imposible formarte trabajando ocho o doce horas por día. Y todavía ir a estudiar. Entonces, la reducción de jornada la entendemos como un estímulo para seguir trabajando y aparte como generador de trabajo genuino". También indicó que si no se puede dar más trabajo porque falta mano de obra calificada, y a la vez no se puede reducir en dos horas la jornada laboral para permitir una mejor calificación de los trabajadores, es un claro indicador de que no se quiere apostar a mejorar las condiciones para que se forme aquella mano de obra mejor calificada.
UN ANÁLISIS MICRO. Amparado por la teoría económica convencional, por la microeconomía, cualquier economista entendería que, por todos lados que se mire, la posición de la juventud es equivocada e inconveniente de llevarla adelante. Se trata de una postura que solo mira el supuesto beneficio que tendría el trabajador si se contemplara la demanda de los jóvenes del Pit-Cnt. Olvida, como es habitual en los enfoques marxistas, que hay otra parte en la negociación. No tiene presente que para "bailar el tango se necesitan dos personas". No considera el costo que la propuesta tendría para la empresa que hoy contrata los servicios del trabajador y que puede llevarla incluso, a prescindir de sus servicios en caso de implementarse, sea de manera paulatina o inmediata.
Las empresas tienden a pagar un salario que es aproximadamente el valor de la productividad marginal del trabajador. En otras palabras, a retribuir su trabajo teniendo en cuenta el valor que en el mercado tiene lo que agrega el trabajador a la producción total. Ninguna empresa que pretenda maximizar su ganancia o minimizar su pérdida, pagará salarios que retribuyan al trabajador por encima de lo que en el mercado vale su esfuerzo y su producción. Es tan sencillo como eso porque si los trabajadores de una empresa requieren la misma retribución para producir el 75% de lo que hoy producen, surge un desequilibrio en la ecuación empresarial. De implementarse lo que se propone por los jóvenes, tras la decisión de reducirse la jornada laboral de ocho a seis horas, el resultado será que la empresa venderá el 75% de lo que vendía antes por lo que sus ingresos mermarán un 25% y tendrá un costo laboral igual. En consecuencia la empresa, que no podrá subir los precios para trasladar el mayor costo laboral a quienes compren sus productos o servicios pues está en competencia con otras similares locales y extranjeras y que, por otro lado ve crecer sus costos por unidad de producto elaborado, seguramente producirá menos que antes lo que implica que brindará un menor nivel de ocupación. El resultado de su demanda terminará siendo perjudicial para los trabajadores y no beneficioso para ellos.
Los jóvenes del Pit-Cnt afirman que reducir la jornada de trabajo sin bajar salarios aumenta el capital social de toda la comunidad. Ello no es algo que lo haya reflejado la realidad en situaciones similares y que, en consecuencia, se pueda afirmar absolutamente. Tampoco es algo que teóricamente podría suceder. El capital social resulta de invertir en capital material o humano y nadie va a financiar una inversión de la cual no pueda apropiar sus resultados. Es utópico pensar que una empresa vaya a invertir en mejorar el capital humano de su personal porque crea que será ella la que capte los beneficios de esa inversión. La empresa no tiene derechos de propiedad sobre el trabajo de su personal por lo que una vez hecha en él la inversión difícilmente logrará retenerlo. La inversión será inconveniente y por lo tanto no la realizará.
Los jóvenes también proponen que sea una medida que se empiece a aplicar en las ramas de actividad en las que la productividad ha aumentado notoriamente. Es justamente en estas ramas en las que la calificación laboral tiende a ser mayor y las que menos necesitarían de la medida propuesta. Es también en estas ramas de actividad en las cuales los salarios son relativamente más altos que en el resto.
DECLARACIÓN POLÍTICA. Un eslogan puede ser atractivo para muchos pero ello no quita que no exprese algo equivocado. La evidencia empírica muestra que en un sistema de libre competencia, la demanda y la oferta de un bien o de un servicio como es el del trabajo, son las que determinan el precio óptimo. El precio óptimo es el que permite la máxima contribución de un mercado al bienestar social ya que por un lado maximiza el excedente de los consumidores y, simultáneamente, el de los productores. En el mercado laboral, el precio óptimo del trabajo o salario óptimo sería el que surge de la demanda de servicios de trabajadores y de la oferta de servicios de trabajadores. Una orientación de este tipo es característica de un régimen capitalista. Por otro lado, cuando se interviene fijando precios y sobre todo salarios para maximizar solamente el beneficio de los trabajadores, se termina en situaciones de bajísimas retribuciones, bajo empleo y menor producción. Casos evidentes han llevado a la destrucción de sistemas utópicos que mucho mal le han hecho a su población o que las siguen sumergiendo en escasez y permanente baja del bienestar. Es por ello que resulta inexplicable o, como mínimo, inconveniente que se diga que el desempleo y los bajos salarios son funcionales al sistema capitalista, que sea un problema sistémico que se resuelve con menos explotación y pagando mejores salarios. Si pensamos de ese modo es altamente probable que los principales perjudicados sean los trabajadores.