La reforma y las horas trabajadas

 La reforma y las horastrabajadas economia y mercado 20070618 386x251

Juan Dubra

Hay varios aspectos de la reforma tributaria que se han discutido ampliamente. Uno de los más debatidos, es que el nuevo impuesto es un tributo al ingreso y no un impuesto a la renta ya que las deducciones permitidas son insignificantes. El segundo tema que ha recibido bastante atención es que caerá el consumo pues se reducirá el ingreso que los uruguayos tienen disponible para gastar. Por supuesto, se ha discutido también el impacto de la reforma sobre varios precios relevantes de la economía: salarios, alquileres y tasas de interés.

Aunque estos temas son importantes, el que trataré hoy es otro: los uruguayos trabajamos poco, y la reforma tributaria reducirá los incentivos de la gente a trabajar.

LOS INCENTIVOS. Un aspecto muy relevante de los impuestos son los incentivos que generan. Por ejemplo, un impuesto cuyo monto no depende de ninguna variable no distorsiona las decisiones de la gente. En general, se considera que este tipo de tributos son "buenos" por ese motivo. Por ejemplo, salvo casos excepcionales, el Fondo de Solidaridad que deben pagar los profesionales universitarios es un impuesto de ese tipo: para todos los valores razonables de ingreso de las personas, se debe pagar el mismo importe. Esto hace que en mis decisiones económicas diarias (cuánto trabajar, por decir algo) no tome en cuenta el efecto del Fondo de Solidaridad, y por tanto el mismo no hace que cambie la decisión que tomaría en su ausencia. Sin embargo, estos impuestos son escasos.

El común de los impuestos afecta las decisiones de las personas, más allá de su influencia sobre la cantidad de ingreso disponible del individuo. Para ver el mecanismo, imaginemos que en ausencia de impuestos, y dado un salario por hora de $ 1.000, yo estaría dispuesto a trabajar las 40 horas semanales que exige mi contrato, más 10 horas extras por semana. Supongamos ahora que el gobierno decide poner un impuesto tal que sobre mis últimas horas trabajadas, me sacaría algo más de 40%:

• 20% de impuesto a la renta sobre los últimos pesos ganados;

• con los $ 800 que quedarían de salario por hora, compraría bienes "no básicos" que pagarán una tasa de 22% de IVA (no hay que restar 22%, sino dividir entre 1,22);

• más algo más de "otros", como por ejemplo el Impuesto al Patrimonio que tendría que pagar si usara parte de ese dinero para comprar algún bien sujeto a este tributo.

Por supuesto, habiendo trabajado la hora número 40 en la semana, considero si debería trabajar las horas extras 41 a 50 y me pregunto "¿vale la pena sacrificar tiempo de ocio, o de estar con mi familia, por un salario horario que ya no es de $ 1.000, sino de menos de $ 600?". En esa situación, mucha gente decidirá no trabajar esas últimas horas.

Hay sin embargo otro efecto en juego. Cuando se reduce el ingreso que recibo por las horas que trabajo, puedo comprar menos bienes que antes. Y en este ejemplo, la reducción en mi poder de compra será importante. Si alguna de las cosas que tendría que dejar por el camino fuera relevante para mi familia (por ejemplo, sacar a mis hijos del colegio al que van ahora), tendré incentivos a trabajar más. Tenemos por lo tanto dos efectos opuestos: un efecto "sustitución" asociado al menor valor que recibo por cada hora trabajada que hace más atractivo el ocio y un efecto "ingreso" que hace que como soy más "pobre" quiera trabajar más.

Aunque a nivel individual es posible, en teoría, que una caída en el salario neto aumente la cantidad de horas que trabajo, es aceptado por todos los analistas que a nivel agregado una caída del salario llevará a una caída de las horas trabajadas por los hogares.

Si bien es cierto que la tasa de impuestos se reducirá para la gente de menores ingresos, y ello paliará parcialmente el efecto del aumento de tasas para las familias de mayores ingresos, hay dos factores que hacen que este efecto paliativo sea pequeño. En primer lugar, las familias de menores ingresos tienen menos flexibilidad en la cantidad de horas que pueden trabajar. Para ilustrar, imaginemos a un empresario que puede trabajar las horas que desee, y a un operario en una fábrica, que trabaja de 8 a 5: el empresario puede ajustar sus horas de trabajo, mientras que el operario no. El otro efecto que indica que a nivel agregado se producirá una reducción en la cantidad de horas trabajadas es que como la reforma en la estructura impositiva incrementará la presión tributaria a nivel agregado, no toda la caída en los salarios netos de la gente de mayores ingresos se traducirá en mayores salarios netos para las familias más pobres.

LAS HORAS TRABAJADAS. La evidencia internacional es clara respecto al efecto de un aumento en los impuestos sobre las horas trabajadas. En "Why do Americans work so much more than Europeans?" el premio Nobel de Economía Edward Prescott señala que la tasa marginal de impuestos, la tasa que se cobra sobre el último peso ganado, ha sido la principal responsable: (1) de los cambios en las horas trabajadas a lo largo del tiempo para cada país analizado; (2) de las diferencias entre las horas trabajadas entre los distintos países de su muestra. Eso es bastante impresionante si se considera que las diferencias a lo largo del tiempo y entre países son bien abultadas.

El trabajo compara los promedios de horas trabajadas en Estados Unidos y los países del G7, en dos períodos diferentes de su historia. A principios de la década del setenta, los norteamericanos trabajaban menos que los alemanes, los franceses o los italianos. A mediados de la década del noventa, los americanos trabajaban un cincuenta por ciento más que esos mismos países. Mientras las tasas marginales en Europa y Estados Unidos fueron comparables, las horas trabajadas en ambos lugares fueron comparables. Otros trabajos señalan un fenómeno similar para Chile, México y Argentina.

Los uruguayos trabajamos mal, ya que nuestra productividad es baja (aún en industrias que usan la misma tecnología que, por ejemplo, Estados Unidos). Pero también trabajamos poco. El uruguayo que trabaja, en una semana "habitual", lo hace en promedio por 41 horas. Aunque el Instituto Nacional de Estadística no tiene sistematizada la información relevante, podemos restarle a esas 41 horas un 14% pues de 261 días "entre semana", hay más de 20 días de licencia, 5 feriados y otra cantidad de enfermedades y paros. Eso nos deja 35 horas. Pero la gente que trabaja es sólo 56% del total de los que podrían trabajar. El resultado es que la gente que está en edad de trabajar sólo invierte en promedio 20 horas por semana en el mercado laboral. En Canadá y el Reino Unido, el número comparable es 23, en Estados Unidos es 26 y en Japón 27. Europa, por otro lado trabaja menos: Alemania 19 y Francia 18.

Tenemos entonces que trabajamos poco, y que es probable que trabajemos menos. Eso es grave por muchos motivos. En primer lugar, cada hora que dejamos de trabajar es un poco menos de "capital humano" que acumulamos. Con la práctica en lo que hacemos nos volvemos más productivos, y más horas trabajadas hoy significarían mayor productividad, mayores salarios y mayor crecimiento económico mañana. Además se produce una caída en el ahorro: menores horas trabajadas significan menos ingresos, y naturalmente menor ahorro. Este desincentivo al ahorro es relevante, pues el uruguayo ahorra e invierte muy poco. Nuestras tasas de inversión son increíblemente bajas para cualquier estándar. Por supuesto, eso constituye un freno al crecimiento.

Por otro lado, la distorsión introducida por los impuestos en nuestras decisiones afecta (aún a igual productividad) la cantidad de bienes que producimos, y por tanto nuestro bienestar. Así por ejemplo, el producto por persona en Estados Unidos es un cuarenta por ciento superior al de los países europeos, pero esa diferencia se debe exclusivamente a la cantidad de horas trabajadas y no a la productividad de los trabajadores. Uruguay podría ser mucho más rico si trabajara más.

Por supuesto, uno se puede preguntar si "una maquinita de trabajar" puede ser tan feliz como un francés que trabaja sólo 18 horas por semana. Pero una premisa básica de la economía es que debemos dejar a la gente elegir en ausencia de distorsiones, y lo que mostró Prescott, es que si bajan los impuestos, la gente elige trabajar más.

Este tipo de distorsiones introducidas por los impuestos son carísimas en términos del bienestar de la población. En "Tax Avoidance and the Deadweight Loss of the Income Tax" el economista de Harvard Martin Feldstein argumenta que (en el caso americano) para recaudar un dólar adicional, el gobierno introduce distorsiones tan grandes que los individuos estarían dispuestos a pagar US$ 3 para evitarlas. Por lo tanto, luego de los nuevos impuestos, es como si los individuos sobre los que recae el tributo fueran US$ 3 más pobres, pero el gobierno recibe sólo US$ 1. El resultado es que para recaudar US$ 1 más, se pierden US$ 2 en el camino. Aunque ese estudio está basado en la economía de Estados Unidos, el mismo tipo de argumentos se aplica a Uruguay.

Ojalá no suceda, pero estoy seguro que dentro de un par de años veremos que la cantidad de horas trabajadas por los uruguayos será menor que lo que hubiera sido si no hubiera habido reforma.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar