El Ministro de Economía Gabriel Oddone dice que para que las empresas uruguayas puedan competir mejor, se deben realizar “reformas económicas importantes a nivel microeconómico”. Para ello, acaba de elevar un proyecto de ley con esas reformas que tienen, como objetivos concretos, mejorar costos de producción empresariales y generar mayor eficiencia productiva para poder hacer a la economía más competitiva. Agrega que esas reformas microeconómicas se llevarán adelante pues “este gobierno entiende que no es la macroeconomía la que va a generar las condiciones de competitividad y eficiencia para que los sectores expuestos al comercio internacional puedan competir”.
En una columna sobre el alto costo de producción y el de precios de venta en nuestro país, yo indicaba que había numerosas causas, tanto micro como macroeconómicas, y en relación con las primeras señalaba que, pese a su importancia, no se levantarían los obstáculos a una mayor competitividad de la producción local, sin la eliminación de monopolios como los de la venta de combustibles en nuestro país. Pero reconociendo que lo que se planteará por la conducción económica se referirá a cambios necesarios, en esta columna trataré la manifestación oficial que sostiene que no es la macroeconomía la que genera las condiciones de competitividad y eficiencia para que los sectores expuestos al comercio internacional puedan competir. Esto, que se afirma con contundencia por la conducción económica y que sostienen también algunos pocos analistas, significaque las políticas monetaria, fiscal y cambiaria así como las negociaciones salariales con participación oficial, no afectan la competitividad de la producción transable delpaís, es decir sobre las condiciones para las exportaciones y para la producción sustitutiva de importaciones.
A mi juicio —reitero— es bueno que se lleven adelante medidas verdaderamente microeconómicas por la relativa reducción de precios y del costo social —en el sentido económico— que se abatiría, que mejoraría la competitividad de algunas producciones de nuestro país, pero creo que lo que se propondrá según lo no totalmente conocido, no se tratará ni siquiera —como cree el ministro— “de una modesta pero importante reforma del Estado, un tema que en Uruguay desde el año 1995 no estaba puesto sobre la mesa”. Una reforma del Estado pasa por medidas mucho más importantes que las que puede impulsar la propuesta, como por ejemplo, permitir la competencia de empresas privadas para las empresas públicas.
Creo que ya nadie discute que un país con menos de 3.5 millones de habitantes puede tener una inversión y un crecimiento económico relativamente mayor al actual si se orienta al mercado exterior y logra competir con la que realiza localmente que sustituye importaciones. El mundo es el área adonde la producción local debe aspirar a llegar competitivamente, como se ha visto en casos de países relativamente pequeños como Suiza, Dinamarca, Corea del Sur y el de otras naciones de pequeña dimensión, sin materias primas propias y de gran penetración comercial en el mercado mundial. Es entonces cuando surge por qué la combinación de políticas macroeconómicas en nuestro país lleva a resultados que no son favorables para un crecimiento más acelerado por una mayor inversión.
El ingreso de los exportadores, actuales o el de los que eventualmente puedan estar analizando inversiones para instalarse en nuestro país, está inexorablemente asociado —además de a variables externas—, a lo que ocurra con la moneda extranjera, con el dólar a nivel local.Por el lado de sus costos, como también en el caso de inversiones en producción sustitutiva de importaciones, inciden significativamente el comportamiento de los precios de los bienes e insumos que se compren localmente y los salarios que paguen a sus eventuales trabajadores.Observando lo que ocurre hoy con esas empresas que producen para el resto del mundo, vemos que en su mayoría están exentas de obligaciones tributarias. Por otro lado, vemos que para invertir en condiciones en las que no hay exoneraciones tributarias o en actividades que producen para el mercado local compitiendo con similares del exterior, importa la relación entre los ingresos esperados menos los costos esperados. Y la experiencia es que en moneda extranjera los ingresos bajan y los costos suben, lo que reduce la intención de invertir.
Comparando la relación en la evolución del índice de precios al consumo con la del tipo de cambio y la relación entre el índice medio de salarios con la del tipo de cambio desde diciembre de 2019 —solo como ejemplo—, vemos que tanto el aumento de los precios internos en dólares como el incremento de los salarios locales en dólares son importantes y achican su diferencia con los ingresos por ventas. En el primero de los casos, los precios aumentaron 39,2% sobre el dólar y en el segundo, los salarios aumentaron 48,4% más que el dólar, por lo que la tasa de ganancia se contrae y por eso la inversión en el país no reacciona. Los registros señalados se pueden atenuar en algo por el aumento de precios internacionales en el lapso indicado.
En definitiva, vemos que la combinación de políticas macroeconómicas que se han llevado adelante desde hace varios años, ha afectado la competitividad productiva del país y como corolario, a la inversión, y ha evitado que la economía crezca a un ritmo mayor al achicar la ganancia esperada, por aumento de costos y retracción de ingresos. Una combinación diferente de esas políticas podría mejorar el resultado macroeconómico que el que se niega por la conducción económica.