HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
Tal como venimos señalando en las últimas semanas, lo peor de la crisis habría pasado. Hablamos en condicional, porque los datos de recuperación que aparecen ocasionalmente desde distintos lugares del planeta son aún incipientes.
En todo caso, ahora la preocupación pasa no ya en saber cuál será el piso de la recesión, sino en la velocidad de la recuperación. En tal sentido, impera la cautela y, por tanto, se espera que sea lenta.
Será entonces un mundo distinto al que vivimos en los últimos años, en particular en el bienio 2007-08, en el que la burbuja de los commodities posibilitó que la economía uruguaya creciera a tasas muy elevadas.
En este nuevo escenario, la competitividad será un aspecto crucial que incidirá de manera fundamental en las posibilidades conquistar nuevos mercados, tras la contracción que sufriera el comercio mundial desde fines de 2008.
Ello es particularmente relevante en el caso de la industria manufacturera. Desafortunadamente para los interesas del sector, y de todo el país ya que se trata de uno de los puntales del desarrollo, la situación actual dista de ser la ideal.
MENOR RENTABILIDAD. En el Gráfico Nº 1 se presenta la evolución de la rentabilidad global del sector en los últimos años. Este indicador mide la relación entre los salarios en dólares, corregidos por la productividad media de la mano de obra, con los precios de exportación. Se ve claramente que se mantuvo relativamente estable hasta el año 2008, en que subió al impulso de los commodities, para desplomarse con la crisis y ubicarse actualmente en niveles inferiores a los iniciales.
En varias oportunidades, al referirnos en el pasado a la rentabilidad del sector manufacturero, señalamos que ese concepto no debe confundirse con el de competitividad, aunque están estrechamente relacionados.
Lo acontecido en los últimos tiempos es muy claro al respecto. Los precios promedio de exportación de manufacturas se incrementaron un 41% en dólares en los doce meses finalizados en agosto de 2008. Siguiendo el análisis de la microeconomía básica, ante el aumento de los precios del mercado, ingresan nuevas empresas a ofrecerlos. ¿Qué tipo de empresas son? Pues son las que están en el margen, esto es aquellas cuyos niveles de productividad no son muy altos, y apenas cubren los costos de producción. La mejora en el precio les permite alcanzar niveles mínimos de rentabilidad y se incorporan a la producción. Incluso, las empresas que ya estaban operando, en la medida que tienen capacidad ociosa, también expanden su nivel de actividad.
Pero este primer impacto del aumento de los precios no implica un cambio en las condiciones de producción ya que los costos no sufren mayores cambios y, en caso de revertirse el aumento de precios, se vuelve a la situación inicial.
Para que mejore la competitividad es necesaria una transformación al interior de las empresas que les permita reducir los costos unitarios de producción. Ello sólo es posible bajo un proceso de inversiones generalizadas, que sí puede ser inducido por un entorno favorable, por ejemplo un cambio en el contexto internacional que provoque un aumento de los precios y que ese aumento sea percibido como permanente.
INCONSISTENCIAS. El Gráfico Nº 2 ayuda a entender en mejor medida el deterioro de la rentabilidad que muestra el anterior gráfico. Se presenta allí el desempeño de una serie de indicadores del sector manufacturero en lo que va del presente año.
Se ve claramente que se pinchó la burbuja, y tanto por el lado de los precios de exportación como por el del comportamiento del tipo de cambio, los impactos que está recibiendo el sector son desfavorables.
Ante la menor rentabilidad que enfrenta la manufactura, no debería extrañar que cayese el nivel de actividad sectorial. La producción marginal que se agregó en etapas de euforia, se retira.
Ello es lo que ocurrió, y en los nueve primeros meses del presente año el índice de volumen físico de la producción manufacturera se contrajo un 5,4% en relación a igual período de 2008.
Pero por otra parte, la productividad media de la mano de obra, o sea la cantidad de producción por hora trabajada, no registró mayores cambios en el período analizado.
En consecuencia, y en base a los indicadores que estamos observando, presenciamos una disminución de la rentabilidad, pero sin cambios en la competitividad del sector.
El convidado de piedra en esta historia son los salarios, que en el contexto recesivo descrito anteriormente, muestran un incremento de 10,3% en lo que va de 2009.
La evolución de los salarios atenta contra la competitividad del sector en el corto plazo. Decimos en el corto plazo, ya que a largo plazo la competitividad de una empresa y por extensión, de una sociedad, dependen de su productividad. Pero en el corto plazo, y hasta tanto los procesos de mejora en las condiciones de producción den sus frutos, son los costos de las empresas quienes la afectan.
En los últimos años, el sector industrial llevó a cabo un importante proceso de transformación. Tras la grave crisis de comienzos de la década, lentamente se recompusieron los niveles de inversión, estimulados por el contexto externo. Ello posibilitó una mejora de la productividad media de la mano de obra, tal cual se puede observar en el Gráfico Nº 3.
Los salarios sólo pueden crecer sostenidamente en la medida que aumente la productividad, única forma que las empresas no vean resentida su rentabilidad y por ende su capacidad futura de invertir y crecer.
Pues bien, se ve en el gráfico que en el momento actual se han agotado las ganancias de productividad. En este contexto no es viable que los salarios aumenten en términos reales, tal cual está aconteciendo, afectando negativamente la competitividad en momentos en que más se necesita incrementarla.
CAMBIO DE TENDENCIA. Por lo pronto, el nivel de actividad sectorial continúa mostrando una evolución negativa. En el Gráfico Nº 4 se muestra la evolución del índice de volumen físico de la industria manufacturera, constatándose que mes a mes, a lo largo del presente año, la producción ha sido siempre inferior a la registrada un año atrás. Pero los datos de agosto y septiembre parecerían estar indicando el fin del deterioro. De hecho, la Cámara de Industrias comenzó a divulgar un indicador de avance de la actividad sectorial que muestra precisamente un quiebre en la tendencia negativa, que debería verse reflejado en los próximos meses en los datos que divulga periódicamente el INE.
En este contexto parece lógico el cambio de humor de los empresarios. Las expectativas, que a principios del presente año era muy pesimistas con respecto al futuro, han sufrido un cambio notable en el tercer trimestre del año, ingresando a un terreno neutro.
Las mejoras que vienen del contexto internacional, en particular desde Brasil que se ha convertido en un importante receptor de capitales en el mundo post crisis, permiten ver hacia el futuro con una perspectiva distinta a la de unos meses atrás cuando se temía lo peor.
De todas formas, caben aquí las mismas interpretaciones que con respecto al contexto general, ya no se prevé un deterioro hacia el futuro, pero tampoco una gran reactivación y se ingresó a un escenario neutro o moderadamente optimista.
Y es en este contexto que los aspectos que atañen a la competitividad del sector preocupan sobremanera a los industriales. En el informe "El Uruguay industrial: visión y propuestas de la Cámara de Industrias del Uruguay" resaltan aquellos que más la afectan, entre los que cabe señalar las relaciones socio laborales y su impacto en los costos salariales de las empresas.
Pero no son esos los únicos elementos que preocupan: también está presente la estabilidad del tipo de cambio real y el accionar de las políticas fiscal y monetaria, asuntos que periódicamente analizamos desde esta columna de coyuntura, y que contribuyen a la competitividad. En particular, como hemos señalado en notas recientes, si bien el dólar se está devaluando frente a las restantes monedas, la conjunción de las políticas fiscal, monetaria y de ingresos le impide al gobierno contar con instrumentos que atenúen la apreciación de la moneda.