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La crisis del sector inmobiliario en China, ¿otra vez la misma historia?

Foto: Getty Images

OPINIÓN

Cambio de paradigma en el giante asiático y una coyuntura no exenta de riesgo para el concierto internacional

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Hace apenas dos décadas era impensable que las dificultades de una empresa china, pudieran preocupar a los mercados globales, en particular los financieros.

La situación actual de Evergrande, la desarrolladora inmobiliaria más endeudada del mundo atrapa la atención de analistas, inversores y gobiernos ante el riesgo que pueda convertirse en un Lehman Brothers asiático, que catapulte inestabilidad en cascada a través del mundo.

Aunque ese evento todavía parece improbable, la peripecia final depende de cómo las autoridades chinas se manejan para resolver el episodio y cuán comprometidos están los inversores externos en el financiamiento de la empresa. Observando la génesis del problema es donde aparecen diferencias sustanciales con los sucesos que dieron lugar a la crisis financiera del 2008.

Los principales acreedores de la empresa son los bancos chinos de propiedad estatal, los que el año pasado recibieron la orden de topear el financiamiento a los desarrolladores inmobiliarios, ante los indicios de que se estaba gestando una burbuja inmobiliaria especulativa. En la práctica, se pusieron límites máximos al endeudamiento de todas las empresas constructoras. Evergrande operaba con alto endeudamiento, con el cual iniciaba sus nuevos desarrollos, que luego terminaba con aportes de promitentes compradores. Un proceso que, a su vez, estaba incentivado por las autoridades locales, pues generaba una fuente de recaudación adicional por la venta de tierras públicas para los desarrollos inmobiliarios, que luego creaban una segunda ronda de ingresos fiscales. Ello justificaba la expansión de la infraestructura física necesaria, que a su vez se financiaba con bonos respaldados con los flujos provenientes de los desarrollos inmobiliarios. En suma, un ciclo expansivo del sector construcción alimentado por el sistema bancario y ahorro de particulares.

Como es obvio, cualquier disrupción en el financiamiento de una operativa excesivamente apalancada con crédito, conduce a su rápido colapso. La interrogante que surge es si fue una decisión a sabiendas del gobierno chino para aleccionar a quienes promovieron la especulación inmobiliaria a través de una forma de explosión controlada, o fue un acto de impericia administrativa donde no se tuvieron en cuenta las consecuencias finales sobre todo el sistema.

Como lo que ahora está en riesgo es mucho visto lo que viene ocurriendo, el gobierno seguramente saldrá al rescate para evitar la quiebra generalizada de un sector clave de su economía, cuyo impacto perjudica a toda su cadena de proveedores y también a los promitentes compradores que ya pusieron recursos y que no lograran acceder a la vivienda prometida. Todo ello implica una fuente de inestabilidad política autoinfligida, sino interviene el gobierno con un programa de rescate. Más aún, cuando ese tipo de decisiones son tomadas por una cúpula propia de los sistemas autoritarios de gobierno.

De todos modos, habrá un achicamiento del sector de la construcción, que en China equivale a un sorprendente 29% de su producto bruto. Si se le agrega lo que respecta a la construcción de infraestructura, alcanza al 47%.
La contracción esperada de tal conglomerado, a pesar de que se instrumente su rescate, tendrá implicancias sobre el crecimiento futuro de China. Su primer émbolo de empuje en el crecimiento fue la expansión exportadora, que luego fue complementada por la ampliación del mercado doméstico y la inversión en infraestructura. Hoy estaríamos frente a un nuevo punto de inflexión en su estrategia de crecimiento buscando consolidar sobre bases más firmes, más afín al comportamiento de una economía más madura. Es decir, menos dependiente de la inversión fija en infraestructura y más a la que se destina a los sectores que mejoran su productividad global, como la economía del conocimiento.

Ese cambio en el paradigma de crecimiento de China, implicará un nivel de actividad general más bajo que en el pasado, cuyo efecto derivado será una caída en la demanda de insumos como el acero y el cobre, lo cual presionará a la baja su cotización internacional.

El episodio tampoco exime de riesgos al mundo financiero global. Evergrande también se financió a través de la emisión de bonos en los mercados internacionales. Hoy, esos instrumentos cotizan a niveles que prevén un riesgo de default inminente. Nombres importantes de la industria como BlackRock y HSBC tienen fondos que están invertidos en esos instrumentos, así como también en el de otros desarrolladores inmobiliarios chinos. Un paso en falso en la instrumentación de la salida, puede convertir un evento de crisis local en uno de implicancias globales.

La extraordinaria liquidez circulante actúa como un amortiguador de los efectos adversos de un evento de esta naturaleza. Pero siempre queda en nuestra memoria, que el default de la deuda doméstica de Rusia de agosto de 1988 se tradujo poco tiempo después en la reversión del financiamiento a las economías emergentes (sudden stop) que creó las condiciones de la gran crisis que se expandió hacia nuestra región a comienzos de este siglo.

En consecuencia, no se puede bajar la guardia, pues convivimos en un mundo cargado de acechanzas.

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