Según Barack Obama, no se puede resolver la difícil situación de las finanzas públicas de Estados Unidos a expensas de una economía débil. "Debemos recortar los gastos que no podemos solventar a fin de colocar la economía sobre una base más sólida" dijo el Presidente. Se necesitan grandes reducciones de gastos, agregó, "para que nuestras empresas cuenten con la confianza necesaria para crecer y crear empleos". Tal vez. Un resultado positivo de las conversaciones entre el Congreso y la Casa Blanca sobre un paquete de varios billones en recortes presupuestarios es, sin duda, preferible a un incumplimiento caótico del pago de la deuda. Asimismo, las pérdidas de empleos del sector público ayudaron a empujar la tasa de desempleo al 9,1% en agosto, lo que no contribuyó mucho a restablecer la confianza.
Obama no es el único que sostiene que la austeridad puede estimular el crecimiento: el gobierno de coalición de Gran Bretaña que recortó el déficit drásticamente, así como el Banco Central Europeo (BCE) argumentan en este sentido. Una disminución de las tasas de interés debido a una menor probabilidad de incumplimiento de pago, deberían respaldar las inversiones y los precios de los bienes. Las expectativas de menores impuestos en el futuro y mayores ganancias durante toda la vida pueden alentar la inversión y el gasto. Un nuevo documento de trabajo del BCE sostiene que "una contracción fiscal puede resultar expansionista si el canal de la expectativa es lo suficientemente fuerte". No obstante, en la práctica, casi nunca funciona de esa manera. En un estudio reciente de 173 cambios de política fiscal en países ricos entre 1978 y 2009, los economistas del FMI observaron que el recorte del déficit presupuestario de un país en un 1% del PIB normalmente reduce el producto real en aproximadamente dos tercios de un punto porcentual y eleva la tasa de desempleo en un tercio de un punto porcentual.
Muy de vez en cuando una economía puede ir contra la corriente. En un nuevo documento, Roberto Perotti de la Universidad de Bocconi presenta una serie de estudios de casos de "austeridad expansionista" en los que las reducciones del gasto coinciden con el crecimiento del PIB. La teoría de la confianza cuenta con un apoyo escaso. Solamente en uno de los casos analizados -un período de consolidación fiscal en Dinamarca entre 1983 y 1986- el aumento de la demanda llevó a una expansión. Pero Estados Unidos de hoy día no se parece en nada a la Dinamarca de 1983. Su economía era más fuerte, creciendo a un 4% anual cuando comenzó la austeridad (en comparación con el 1,0% del segundo trimestre de Estados Unidos). Más importante aún, Dinamarca tenía tasas de interés estratosféricas. La consolidación logró bajar las tasas de interés a largo plazo de un pico de 23%. El consumo de bienes duraderos y la inversión tuvieron su auge. Los precios de las casas aumentaron en un 60% entre 1982 y 1986, lo que aumentó la riqueza de los hogares y fortaleció la confianza. En Estados Unidos, la tasa de interés a largo plazo ya está en el piso, a menos del 4%, sin embargo el consumo sigue siendo anémico y los mercados inmobiliarios están estancados. Con tasas de interés bajas, una caída en la inflación inducida por la austeridad aumentaría las tasas de interés reales y debilitaría una economía ya lánguida.
El incremento de la confianza interna no es la única salida para crecer en medio de la austeridad. Típicamente, la demanda exterior es más importante. Entre 1987 y 1989 los saldos fiscales irlandeses mejoraron y la deuda disminuyó, a medida que el crecimiento se aceleraba. Una vez más, importaba la caída de las tasas de interés: las tasas a largo plazo estaban alrededor del 13% cuando empezaron los recortes. Pero el tipo de cambio importaba más. Justo el año anterior a que Irlanda se ajustara el cinturón, su moneda se había apreciado en un 20% frente a la de Gran Bretaña, su mayor socio comercial. La tendencia se revirtió a principios de 1987 cuando la libra esterlina aumentó en un 17% frente a la irlandesa. Las exportaciones irlandesas aumentaron vertiginosamente en un 10% anual entre 1987 y 1990, lo que explica gran parte del impresionante crecimiento de la economía.
El programa de austeridad de Italia de 1990, a menudo citado por los responsables de las políticas europeas como prueba de que un país como Grecia puede derribar su enorme peso de la deuda, nos habla de una historia similar. Entre 1991 y 1998, Italia llevó su presupuesto al superávit y estabilizó su deuda, cayendo en recesión solamente en forma breve en 1993. Aquí también, la caída de la moneda resultó ser esencial. En septiembre de 1992, a Italia la forzaron a salir del sistema cambiario europeo, un mecanismo precursor del euro de flotación de monedas. Durante algunos años el saldo en cuenta corriente de Italia viró hacia el superávit y el crecimiento pegó un salto. Hay una lección en todo esto para Grecia, pero no la que los líderes de la eurozona quieren impartir.
Estados Unidos tendrá que luchar para duplicar estos éxitos. El margen para incrementar las exportaciones está limitado por el proceso de reducción de la deuda en otras economías ricas. De todas formas, las exportaciones tienen una participación relativamente pequeña de actividad en la economía de Estados Unidos, lo que deja menos margen para un auge impulsado por el comercio. Su segundo mayor socio comercial, China, maneja su moneda frente al dólar y resistiría una depreciación del dólar. Siempre que los inversores buscan refugio, incluso de la ralentización de Estados Unidos, eligen bonos del Tesoro, o sea, el dólar. En una economía restringida por las bajas tasas de interés, un déficit comercial pertinaz y una demanda natural de la moneda mundial de reserva, poco se puede hacer para amortiguar el golpe de la austeridad.
EL HACHA FISCAL. Una última tabla de salvación para el presidente Obama es la esperanza de que la Reserva Federal lo respalde. Los bancos centrales pueden compensar parcialmente el efecto negativo de los recortes presupuestarios con políticas monetarias más laxas. Los economistas del FMI consideran que los recortes del gasto son más expansionistas que los aumentos impositivos, justamente porque los bancos centrales están más dispuestos a compensar los primeros. Una Reserva Federal menos preocupada por la deuda pública puede estar más preparada para actuar. Pero con tasas de interés cercanas al cero, las alternativas de la Reserva están limitadas a opciones de política no convencional en que el umbral para la acción parece ser más alto. Algunos factores externos, como los precios altos de los commodities, también pueden atar de manos a la Reserva. El BCE está restringiendo la política debido al efecto de los altos precios de los commodities sobre la inflación en la zona euro.
Estados Unidos no puede seguir esperando eternamente para frenar su deuda. Tiene que elaborar planes creíbles para reducir el déficit a mediano plazo. Pero tiene más margen de maniobra para retrasar los recortes que la mayoría de los países, gracias a la continua demanda de su deuda. Otro año de recuperación ayudaría más a la confianza que un golpe prematuro del hacha fiscal.