Irrupción de un candidato independiente le quita previsibilidad a las elecciones

| Gane o pierda Eduardo Frei, es claro que la Concertación, tal como la conocemos, está agonizando y necesariamente tendrá que renovarse

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JORGE REBELLA

El candidato independiente Marco Enríquez-Ominami es un liberal clásico, desde el punto de vista político y económico. No se le puede calificar siquiera de socialdemócrata porque considera que el Estado tiene que fijar el marco regulador para el desarrollo de la actividad económica y debe actuar en la protección social y, eventualmente, en la redistribución, afirmó el académico uruguayo Juan Pablo Luna, Ph.D en ciencia política. El entrevistado, docente e investigador de la Pontificia Universidad Católica en Santiago de Chile, obtuvo en 2008 el Premio Juan Linz que otorga la Sociedad Americana de Ciencia Política a la mejor tesis doctoral sobre democratización comparada. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cómo evalúa el panorama político de Chile a poco más de un mes de las elecciones presidenciales y legislativas?

-La situación es atípica. Todo indicaba que sería una campaña electoral bastante predecible dado que los candidatos de los dos partidos principales -el ex presidente Eduardo Frei de la coalición oficialista Concertación y el empresario Sebastián Piñera de la opositora Coalición para el Cambio- son figuras políticas de larga trayectoria. Sin embargo, la irrupción de la candidatura independiente de Marco Enríquez-Ominami, un joven diputado socialista que renunció a su partido en junio pasado, le está causando serios dolores de cabeza tanto a la coalición de centroizquierda como a la de derecha.

-¿En qué medida un candidato independiente puede poner en jaque a los dos principales aspirantes a la presidencia de Chile?

-Por un lado, su participación le ha quitado a Piñera la posibilidad de resultar electo en la primera vuelta, como se insinuaba a principios de este año. Por otro lado, está jaqueando cada vez con más fuerza las chances electorales de Eduardo Frei. Según la última encuesta presidencial publicada por el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), habría un empate en primera vuelta entre Frei y Enríquez-Ominami. Ambos tuvieron un 20% de respaldo, mientras que Sebastián Piñera siguió liderando con 41%. Más atrás, en un lejano cuarto lugar, figuró el candidato comunista de la coalición Juntos Podemos, Jorge Arrate, con sólo 3%.

-¿Qué diferencias se perciben en la campaña electoral con respecto a los comicios anteriores?

-Hay un dato central de la realidad: la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet es altísima. Esto se explica parcialmente por sus políticas públicas con un fuerte énfasis en programas de protección social. Eso genera lo que los politólogos denominamos un "valence issue", o sea un consenso transversal en términos de mantener esas políticas. Por ejemplo, el candidato de la derecha ha dicho que no va a derogar nada de lo hecho en esta materia por el actual gobierno e incluso promueve expandir los alcances de esos programas.

-¿Cuáles son los principales temas de esta campaña?

-En el temario político está presente el problema de la delincuencia, al igual que en el resto de los países latinoamericanos. Al estar Chile saliendo de la recesión económica, la crisis ha dejado de ser un tema central de la campaña como se previó en los inicios del período electoral. La lenta pero firme recuperación de la economía chilena le ha abierto un flanco al opositor Piñera porque era visto, dada su reconocida capacidad empresarial, como una figura ideal para terminar con la crisis.

Sebastián Piñera

-Entonces, ¿qué se debate en este período electoral?

-Se están discutiendo temas valóricos, lo que también perjudica en cierta medida a la Coalición por el Cambio porque existen desacuerdos importantes entre los dos partidos que la componen: el liberal Renovación Nacional, liderado por Piñera, y el conservador Unión Demócrata Independiente (UDI). Uno de los casos de disidencia que se ha puesto de manifiesto es una propuesta de dos senadores moderados de la derecha para permitir las uniones civiles de parejas homosexuales. Eso ha creado un fuerte conflicto interno dentro de la UDI, que es un partido confesional con estrechos vínculos con el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. El apoyo, aunque tímido, de Piñera a la distribución de la píldora del día después en los consultorios médicos tampoco es una medida que aprueben sus aliados conservadores, quienes podrían no darle todo el respaldo necesario en una segunda ronda electoral.

-El candidato Sebastián Piñera figura con el mayor porcentaje de adhesión en las diferentes encuestas de intención de voto. ¿En qué se basa su fuerza electoral?

-La Coalición por el Cambio tiene una base social consolidada que está compuesta por los sectores de ingresos altos y medio-altos. Muchos de sus integrantes son aún partidarios del régimen militar y otros son liberales en temas económicos. La derecha, básicamente la UDI, también cuenta con un fuerte aparato clientelar en los sectores urbanos más pobres de la sociedad, pero ha perdido su fuerza tradicional en las zonas rurales. Además de todo ese apoyo, Piñera ha captado a un público de clase media y media baja, atraído por la promesa de alternancia luego de veinte años de gobierno de la Concertación. Se lo ve como un empresario exitoso que, eventualmente, puede desalojar a una administración considerada ineficiente en temas de seguridad pública y salpicada, a lo largo de los años, por casos de corrupción. Sin embargo, su calidad de mega-empresario le genera bastante resistencia en los sectores populares.

-¿Cuáles son las principales propuestas de Piñera?

-El crecimiento económico, el aumento de la inversión y el mantenimiento y expansión de los programas sociales han sido reiteradamente mencionados en sus discursos. Pero, al igual que su oponente Frei, sus propuestas son básicamente eslóganes de campaña. Por ejemplo, ha prometido crear un millón de empleos, cuando hay 700.000 desocupados en la actualidad. Se promete crecimiento económico, pero no se ha explicado cómo va a lograrlo.

La Concertación

-¿Cuál es la situación actual del candidato oficialista Eduardo Frei?

-A diferencia de Uruguay donde existe consenso respecto a la calidad de las principales encuestas de opinión pública más consolidadas, en Chile hay muchas empresas encuestadoras de calidad muy heterogénea. Por lo tanto, sus pronósticos son disímiles, pero todas coinciden en que el apoyo a la candidatura de Frei está descendiendo progresivamente y que se posiciona cada vez más cerca del candidato independiente.

-A pesar de contar con el apoyo de la presidenta Bachelet, el candidato Frei ha quedado relegado a un segundo puesto que prácticamente comparte con el independiente Marco Enríquez-Ominami, según encuestas recientes. ¿Por qué la Primera Mandataria no ha podido trasladarle ni la mitad del 73% de adhesión que ella reúne ni el 53% de aprobación que tiene su gobierno?

-Hay que empezar por entender que la popularidad de la presidenta Bachelet se basa en que no es una figura política tradicional de la Concertación. A pesar de ser miembro del Partido Socialista de toda la vida, su campaña electoral de 2004 estuvo muy centrada en renovar las prácticas políticas y en darle más cercanía a la gente en la actividad política. Bachelet simbolizó, personalmente, un fuerte giro renovador dentro de la Concertación. Sin embargo, los dirigentes de la coalición gobernante no supieron interpretar el alcance de esa renovación y terminaron designando para estas elecciones a un candidato con escaso o nulo carisma, Eduardo Frei, que representa a la élite política tradicional. Es ex presidente e hijo de un presidente. Tengo la sensación que, si bien la Mandataria ha hecho algunos esfuerzos por fortalecer la candidatura de Frei, también le está cobrando la factura a los líderes tradicionales de la Concertación, de los que se distanció en su campaña y al comienzo de su ejercicio, quienes le quitaron respaldo, especialmente cuando tuvo que hacer frente a los problemas creados por la reforma del sistema de transporte capitalino, el Transantiago, o al movimiento de los "pingüinos" (protestas estudiantiles).

-¿Cuál es la relación de la Concertación con la izquierda más ortodoxa?

-Si bien el Partido Comunista (PC) integra la coalición Juntos Podemos, que postula a Jorge Arrate, hizo un "pacto por omisión" con la Concertación, por el cual el oficialismo se compromete a no presentar candidatos al Congreso en algunos distritos donde los comunistas son fuertes. De ese modo, el PC podría conseguir tres o cuatro representantes parlamentarios en estas elecciones, lo cual no tiene precedentes porque el sistema binominal de Chile penaliza fuertemente a los partidos que no participan en las alianzas partidarias más grandes.

Enríquez-Ominami

-La revelación de la campaña electoral es el candidato independiente, Marco Enríquez-Ominami. ¿Cómo ha podido capitalizar en pocos meses un apoyo similar al del candidato oficialista?

-Se debe a que es el candidato distinto. Tiene sólo 35 años y es más carismático que Frei. Al igual que este, pertenece a la élite tradicional. Su abuelo fue fundador de la Democracia Cristiana y es hijo de Miguel Enríquez, fundador y secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), que fue asesinado en 1973 por el régimen de Pinochet cuando Marco era un bebé. Su familia fue desterrada y, en el exilio, su madre se unió a Carlos Ominami, que hoy es senador y líder histórico de la Concertación. En el año 2000 Marco agregó este apellido al de su padre biológico. Es licenciado en filosofía por la Universidad de Chile. Luego de hacer un curso de cine en Francia, dirigió varias películas documentales que le generaron ingresos importantes. En 2005 fue electo diputado por el Partido Socialista, del cual se escindió en junio pasado para postularse a la Presidencia. Su candidatura es apoyada por tres colectividades menores a nivel nacional: el Partido Humanista, el Partido Ecologista y el Movimiento Amplio Social, pero con fuertes enclaves en las regiones tercera y octava (N.del R.: divisiones territoriales).

-¿Cuál es su ideología?

-Marco Enríquez-Ominami es un liberal clásico, desde el punto de vista político y económico. No se le puede calificar siquiera de socialdemócrata porque considera que el Estado tiene que fijar el marco regulador para el desarrollo de la actividad económica y debe actuar en la protección social y, eventualmente, en la redistribución. Es un firme defensor de la libre competencia y, sobre todo, de las Pymes porque hizo toda su carrera cinematográfica trabajando como pequeño empresario en el mercado. Y trasladando ese enfoque al ámbito político, ha señalado que la Concertación y las sucesivas alianzas de la derecha han obstruido el ingreso de nuevas corrientes políticas. Su asesor económico es Paul Fontaine, que estuvo muy relacionado con Piñera tiempo atrás. En su cuerpo de asesores también está Max Marambio, que mantiene lazos con la Revolución Cubana. En resumen, se puede afirmar que su pensamiento es muy transversal.

-¿Qué propuestas concretas ha hecho en materia económica?

-Tiene un proyecto redistributivo relativamente fuerte, siendo el único candidato que se ha animado a plantear una reforma impositiva. Su propuesta apunta a nivelar las oportunidades para que todos los chilenos puedan competir en un contexto de mayor equidad y puntualiza que eso sólo se puede lograr mejorando la recaudación fiscal. Su crítica a los dos principales contendientes es que ellos también prometen diversos beneficios en el plano social y laboral, pero no han dicho hasta ahora cómo van a financiar el gasto de esos programas.

Ballotage

-Todo indica que la elección presidencial se resolverá en una segunda vuelta entre Piñera, que obtendría la mayoría relativa, y el candidato que ocupe el segundo puesto en las elecciones nacionales. ¿Cómo vislumbra las tendencias de los votantes para el "ballotage"?

-Según encuestas recientes, la suma de los porcentajes de apoyo a las candidaturas de Enríquez-Ominami y Frei ha emparejado a la de Piñera. Algunos analistas opinan que, en un escenario de segunda vuelta, el candidato independiente tiene mejores posibilidades de ganarle a Piñera que Frei porque la mayor parte de los votos de la Concertación y de la coalición izquierdista Juntos Podemos lo apoyarían. En cambio, el propio Enríquez-Ominami dijo en una entrevista con La Nación en septiembre pasado que él no le daría su apoyo al ex presidente, aunque señaló que no era dueño de los votos de quienes lo apoyaban. Si Frei llegara a pasar a una segunda vuelta, probablemente alguna gente que haya sufragado por el candidato independiente en la primera vuelta votaría en blanco en esa instancia porque está desilusionada de la Concertación.

-¿Es factible que una votación decorosa del candidato independiente dé lugar a un tránsito desde el bipartidismo hacia un esquema de poder tripartito?

-La emergencia de un tercer bloque, sobre todo a nivel parlamentario, es muy improbable dado lo restrictivo del sistema electoral binominal, que favorece muy fuertemente a las dos coaliciones más grandes. Lo que sí es claro, especialmente en el caso de la Concertación, es que están dadas las condiciones para un proceso de renovación más profundo que el visto hasta el momento.

Gane o pierda Frei, es claro que la actual coalición gobernante, tal como la conocemos, está agonizando y necesariamente tendrá que renovarse. En ese escenario, Enríquez-Ominami seguramente podrá volver a postularse para la primera magistratura. También Bachelet, que aún será joven políticamente hablando, podría intentar ser nominada para la Presidencia luego del excelente nivel de popularidad que ha alcanzado en los últimos años. Ambos tendrían grandes posibilidades de ser figuras centrales en 2014. En cambio, la actual campaña sería la última de Frei si perdiese estas elecciones y, probablemente, lo mismo se aplica para Piñera.

Abrumador apoyo al modelo

-En qué medida está en tela de juicio en la actual campaña electoral la política económica que ha aplicado Chile durante varias décadas basada en los equilibrios macroeconómicos, incluyendo la regla fiscal, el libre comercio y el respeto de las reglas de juego?

-En realidad, sólo el candidato comunista, Jorge Arrate, cuestiona el modelo económico chileno. Los otros tres candidatos están de acuerdo con los principios esenciales del actual funcionamiento de la economía chilena. No se han visto puntos de vista significativamente disímiles en materia económica entre Frei y Piñera porque la campaña electoral ha sido básicamente una "batalla" de consignas. Tampoco se prevén cambios importantes en la política económica chilena como resultado de los próximos comicios, salvo que el candidato independiente Marco Enríquez-Ominami lograra pasar a la segunda vuelta para disputar la presidencia. Este es el único que propone el aumento de los impuestos específicos a las bebidas alcohólicas, a los cigarrillos, mayores imposiciones a las grandes empresas y un incremento del royalty minero, que es sumamente bajo en Chile, con el objetivo de generar mayor amplitud fiscal, lo cual sostendría la agenda de redistribución y de intervención estatal en políticas sociales. Hasta ahora ninguno de los otros dos candidatos con posibilidades de acceder a la presidencia ha tomado en cuenta esa propuesta.

Los jóvenes son una minoría insignificante en el padrón electoral chileno

-¿Hacia dónde apunta el "voto joven" en las elecciones chilenas?

-En Chile hay unos tres millones de jóvenes comprendidos entre 18 y 29 años, pero sólo 700.000, es decir menos de la cuarta parte, están inscriptos en el padrón electoral. Probablemente, eso obedece a una combinación de trabas institucionales -la inscripción en Chile es voluntaria, pero el voto de los inscriptos es obligatorio, lo que desincentiva la inscripción- y del "congelamiento" del sistema de partidos, que hace que la mayoría no se sienta interpretada por el sistema político. Por eso, el candidato Piñera promovió la inscripción electoral de este segmento de votantes y al principio logró, como intérprete de una promesa de cambio, un empuje en el número de inscriptos y de potencial adhesión electoral. Sin embargo, le bajó el perfil a este tema cuando empezó a perder el apoyo de muchos jóvenes que se pasaban a Enríquez-Ominami. Al final, el aumento de las inscripciones es muy similar al de elecciones anteriores. Si todos los jóvenes votaran, la tendencia de las encuestas indica que el candidato independiente tendría significativamente mayor adhesión electoral.

-¿Qué temas se han planteado en la campaña electoral que hayan despertado el interés de los votantes más jóvenes, que son la guinda de la torta de los candidatos presidenciales?

Piñera ha logrado una adhesión de la población joven en base a instalar la idea de renovación y cambio. Su perfil de empresario exitoso llega mucho a los jóvenes, sobre todo de clase media y media-alta. Ha tratado de granjearse el apoyo juvenil al manifestarse, aunque tímidamente, a favor de la distribución de la píldora del día después. También lanzó una propuesta denominada "Servicio Joven", que es un compromiso con los profesionales menores de 40 años, asegurándoles un cupo en el gobierno de acuerdo con sus capacidades.

En cambio, el oficialista Eduardo Frei tiene muchos problemas para llegar a este electorado. Como sabe que el "voto juvenil" es su talón de Aquiles, designó a Sebastián Bowen, un sociólogo de 27 años y ex director de la ONG "Un Techo para Chile", como su jefe de campaña. Pero, luego de haber cometido varios errores retóricos sustantivos en este corto período, Bowen ha pasado a un segundo plano.

El candidato Enríquez-Ominami, que por su edad tiene una mayor afinidad con los jóvenes, apuntó al tema de los costos de la educación al proponer que el Banco Estado entregue créditos blandos a los alumnos de educación superior y que el no pago deje de ser un impedimento para egresar.

Sin embargo, todas estas propuestas enfocadas en los votantes más jóvenes no han sido temas centrales en la campaña. Eso se debe, en parte, a que las estrategias de Piñera y Frei apuntan a ignorar las propuestas de Enríquez-Ominami para no darle transcendencia a su candidatura y a que los jóvenes son una parte relativamente insignificante de un padrón electoral fuertemente envejecido.

Ficha técnica

Juan Pablo Luna, uruguayo, 35 años, egresó como licenciado en ciencia política de la Universidad Católica del Uruguay.

Obtuvo la maestría y, luego, el doctorado en la misma disciplina por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Estados Unidos). Actualmente está radicado en Chile, donde ejerce la docencia como profesor asociado en el Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica. Ha sido profesor visitante en dos prestigiosos centros de enseñanza supe- rior: la Universidad de Salamanca (España) y la Universidad de Princeton (Estados Unidos).

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