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Heterogéneos impactos sobre el consumo

Foto: El País
Tarjetas de credito, foto Bigstock, creditos al consumo

TEMA DE ANÁLISIS

Impactos de la pandemia sobre la demanda por bienes de consumo e inversión de las familias.

Los shocks generan efectos de distinto signo e intensidad entre los agentes económicos, forjando ganadores y perdedores. La pandemia actual no sólo generó muchos más perdedores que ganadores, sino que impactó de forma muy heterogénea sobre distintos países, sectores de actividad, tipos de empresas y segmentos de familias, entre otros grupos. En lo que respecta al consumo, hemos tenido impactos de entidad en algunos rubros que luego se revirtieron, a medida que las condiciones iniciales evolucionaron, al tiempo que en otros casos los efectos negativos, o incluso positivos, perduran. En esta nota repasaremos brevemente los impactos que ha tenido la pandemia sobre la demanda por bienes de consumo e inversión que hacen las familias, sus fundamentos y perspectivas.

Si bien la demanda de durables se desplomó inicialmente, los fundamentos se recuperaron a mediados de año, al punto que las ventas de algunos de estos rubros fueron las más dinámicas del comercio minorista en los últimos meses. En efecto, tanto los precios, como los ingresos y las preferencias, se ajustaron afectando negativamente la demanda de este tipo de bienes en los primeros meses de la pandemia. El tipo de cambio aumentó en forma notoria, motivando un encarecimiento relativo de los durables (efecto precio), los asalariados o bien perdieron su trabajo o mostraron el máximo de preocupación respecto a perder su empleo (llegó a 25% de los trabajadores, desde menos de 10% previamente, efecto ingreso) y la prioridad para el consumo dejó de estar en vehículos o electrodomésticos (la predisposición a la compra de durables cayó al mínimo en 12 años en marzo, gráfico 1).

Sin embargo, a medida que el 2020 transcurrió, el tipo de cambio descendió levemente al tiempo que los ingresos de los asalariados, si bien crecieron algo por debajo del IPC, lo hicieron a un ritmo mayor al tipo de cambio. Además, el temor a perder el empleo y las expectativas de ingresos volvieron casi a niveles pre pandemia, al tiempo que se produjo un cambio de preferencias a favor del consumo de bienes del hogar (teletrabajo, refacciones, etc.) y vehículos (factores sanitarios, inconveniencia de gastar en turismo emisivo, etc.). Así, las ventas de artículos del hogar, electrodomésticos e informática fueron de los rubros más dinámicos en el tercer trimestre, a partir de los resultados de la encuesta de actividad económica que realizamos con la Cámara de Comercio y Servicios. En esta línea, las ventas de automóviles, que se habían desplomado en el segundo trimestre (47% interanual), mostraron retrocesos de sólo 5% interanual en los últimos meses.

Uno de los impactos más instantáneos fue el efecto positivo sobre la venta de bienes no durables (como alimentos, bebidas y limpieza), luego de varios trimestres en los cuales estos productos habían mostrado caídas sistemáticas en las ventas. Así, las ventas de supermercados aumentaron 2,8% real en el segundo trimestre, a partir del cambio de preferencias hacia bienes de primera necesidad y de limpieza a lo que se le sumó cierto efecto ingreso. Es decir, ante menores ingresos o la expectativa de perder los mismos, los consumidores sustituyeron, por ejemplo, la compra de alimentos en restaurantes y confiterías (bienes más de tipo “superior”, cuyas ventas cayeron 48,3% en el segundo trimestre), por compras de alimentos para consumo en el hogar (bienes más de tipo “normal” o “inferior”). Los datos de ventas de productos no durables, continuaron creciendo en el tercer trimestre (3,6%). Considerando la leve mejora en los ingresos efectivos o esperados, es probable que el cambio de preferencias inicial a favor de consumos de alimentos y bebidas en el hogar se haya consolidado, reflejando cierta inercia para que las familias vuelvan a consumir este tipo de productos fuera del hogar.

Una vez que las condiciones sanitarias mejoren sustancialmente, podría esperarse una mayor demanda por alimentos y bebidas fuera del hogar, que afectaría las ventas de no durables en supermercados. Sin embargo, por el momento, la predisposición a la compra de no durables sigue robusta.

Dos de los efectos más notorios de la pandemia, que serán difíciles de revertir, fueron un impulso al ecommerce, y la afectación de la actividad de servicios, cuya recuperación continuará siendo lenta e incierta. En 2016, un 10% de los consumidores decía hacer búsquedas de precios de productos de supermercados a través de internet, ya sea desde su PC o desde su celular. En el mismo año, sólo un 1% de los consumidores había hecho compras online de productos de supermercados. Estos registros habían subido notoriamente sobre finales de 2019, cuando se ubicaron en 35% y 10% respectivamente. Pero este año, subieron más aún en poco tiempo, ubicándose en torno de 50% y 20% respectivamente en los últimos meses (gráfico 2). En relación a los servicios, ha sido el rubro más afectado por la pandemia, a partir tanto de las restricciones sanitarias del lado de la oferta como de los cambios de preferencias de las familias hacia consumos más seguros y económicos. Así, pareciera que aún con una clara mejoría en las condiciones sanitarias (que demorará), este sector continuará mostrando dificultades para mostrarse más dinámico, si se toma en cuenta la persistente reducida predisposición al consumo para este tipo de bienes por parte de los consumidores (gráfico 3).

En lo que respecta a las perspectivas, cabe remarcar la excesiva confianza o sesgo cognitivo optimista, con que los diversos agentes han estimado los efectos de este shock inédito, lo que podría encuadrarse como miscalibration en general y overconfidence en particular. Así, las expectativas de recuperación a nivel internacional y regional han sido sistemáticamente más optimistas que lo que la realidad efectivamente mostró (pasando de la V a la raíz cuadrada o swoosh). En el caso de los consumidores uruguayos, los plazos estimados de afectación de ingresos comenzaron ubicándose en torno de 8 meses en abril, subieron a 14 meses en agosto y luego descendieron a unos 12 meses en las últimas mediciones (gráfico 4). Así, mientras que en abril la vuelta a la normalidad se esperaba para fines de 2020, en las últimas semanas pasó para octubre de 2021. Algo similar ha ocurrido con los comercios, que a mediados de año esperaban la vuelta a la normalidad para principios de 2021, para ajustarlas recientemente para la primavera de 2021. El anuncio del cierre de fronteras al turismo puede explicar parte de este aumento, pero no hay dudas que las expectativas anteriores resultaron excesivamente optimistas. Esperemos que las expectativas actuales sean más realistas, de forma de evitar costos de errores de pronóstico y un transcurrir relativamente más fluido hacia la nueva normalidad.

(*) Ec. Alejandro Cavallo, Director de Consultoría Económica en Equipos Consultores.

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