En los tres últimos años Campiglia Construcciones se ha ubicado en el primer lugar del rubro Construcción en el Ranking de Prestigio Empresarial que organiza El País. Es una típica empresa familiar uruguaya fundada por Eduardo Campiglia en 1979 cuando se recibió de ingeniero civil y sumó a su capital humano un pequeño préstamo para profesionales que otorgaba el Brou.
La actividad de la firma, que comenzó con reformas de plantas industriales y canalizaciones de telefonía fija, se desarrolla en dos sectores claramente diferenciados: el departamento de arquitectura y el de ingeniería. El primero está dedicado a la promoción y construcción de edificios, habiendo construido 140.000 metros cuadrados en los últimos diez años. El segundo apunta a las obras para empresas públicas y privadas, especializándose en telefonía, gas y plantas industriales. Entre los proyectos cumplidos recientemente figuran las obras de remodelación del Aeropuerto de Carrasco. A partir de la crisis de 2002, que afectó la actividad de las dos divisiones de la empresa, se implementó una estrategia de ampliación a los mercados externos. Su primera tarea fuera de fronteras fue la construcción de redes de acceso telefónico en Río Grande del Sur que empezó en 2003.
Entre las obras más destacadas de reciente finalización están las Torres Náuticas y la Torre Caelus frente al Puerto del Buceo, concebidas para formar parte de un mismo conjunto arquitectónico. Actualmente se están levantando tres edificios en la faja costera de la capital, Horus (Pocitos), Principessa (Punta Carretas) y Torre Delphinus (Rambla de Malvín), más un emprendimiento singular, Amarras Reales, ubicado en la ladera del Cerro San Antonio frente al puerto de Piriápolis. Asimismo, la empresa ha recuperado tres antiguos locales fabriles y generado, a partir de ellos, centenares de soluciones habitacionales, siendo de las pocas constructoras dedicadas a la renovación urbanística. En ese aspecto, uno de los proyectos, el edificio Lofts del Prado, obtuvo en 2002 el premio especial Vivienda Colectiva Reciclada otorgado por la Sociedad de Arquitectos del Uruguay. Campiglia Construcciones también se ha preocupado por desarrollar nuevos productos dirigidos a segmentos muy específicos del mercado como el Plan Renta Garantizada, para pequeños y medianos ahorristas, o el Plan Joven, con importantes facilidades para acceder a la primera vivienda.
Antes de la crisis, la empresa empleaba en promedio a unas 500 personas. Hoy el personal efectivo y eventual de la firma alcanza los 300 funcionarios involucrados en unas diez obras de arquitectura e ingeniería. A continuación se publica un resumen de la entrevista con el Ing. Eduardo Campiglia, gerente general de Campiglia Construcciones.
—¿Cómo evalúa la actual situación de la construcción?
—Frente a un mercado incierto por la evolución del dólar a nivel local e internacional, la propiedad inmobiliaria sigue siendo una alternativa muy atractiva para invertir. Si bien los precios de los bienes raíces suelen caer momentáneamente después de una macrodevaluación, los "ladrillos" retoman su valor y mantienen los ahorros protegidos en términos reales en el mediano y largo plazo. Por la seguridad que ofrece la evolución de sus valores, muchos inversores locales y extranjeros están apostando a la construcción en Uruguay a pesar de que aquí no ha comenzado el boom inmobiliario que existe desde hace ya varios años en Norteamérica y Europa. Incluso se dan casos de personas que venden alguna propiedad en una zona de nivel medio de España y con lo obtenido allí por un metro cuadrado de construcción compran cuatro metros en el mejor lugar de Montevideo.
—¿Cuál es la relación actual entre los costos de la construcción y los valores inmobiliarios?
—Los costos actuales de la construcción de viviendas no permiten tener un margen de utilidad suficiente porque el valor del metro cuadrado de una unidad nueva que pretende el mercado es igual al de una unidad usada de la misma categoría, lo cual no es razonable porque esta última siempre requiere arreglos inmediatos o a corto plazo.
—¿Cuál es el precio de venta del metro cuadrado de construcción?
—En apartamentos de calidad media-alta, el precio del metro cuadrado es de U$S 1.100, que puede subir hasta U$S 1.200 -1.300 en la Rambla. Ahora estamos proyectando la construcción de un edificio de lujo de 28 pisos en la calle 26 de Marzo casi Rambla Armenia, cuyo valor va a estar entre U$S 1.800 y U$S 2.200 el metro cuadrado.
—¿Cómo califica la demanda de apartamentos por parte de la clase media?
—La construcción en Pocitos para los segmentos medio-alto y medio recién está empezando a reactivarse después de varios años de estancamiento. Sin embargo, habrá que esperar algún tiempo antes de que aparezcan obras en el mercado de viviendas para la clase media baja porque los potenciales compradores necesitan un financiamiento de largo plazo y con tasas mucho menores a las que hoy ofrecen algunos bancos privados, que rondan el 10% anual en dólares. Otros hogares con menores ingresos no tienen ninguna capacidad de ahorro y, por tanto, hoy no pueden aspirar a la vivienda propia e incluso tienen serias dificultades para alquilar.
—¿Cómo está el mercado de alquiler de viviendas?
—La demanda de viviendas para alquilar está creciendo sostenidamente en Montevideo desde hace poco más de un año. Además de la imposibilidad de acceso a la vivienda propia para una parte importante de la población, hay una tendencia creciente del público a evitar endeudarse a largo plazo luego de las tristes experiencias vividas a partir de la crisis de 2002.
ASENTAMIENTOS
—¿Qué se podría hacer para recuperar al sector de la población con ingresos medio bajos y bajos al mercado inmobiliario?
—Hay que luchar a nivel nacional para evitar que la gente con una cultura de clase media, cuyos ingresos están hoy muy deprimidos, tenga que irse a vivir a un "cantegril". Es una tragedia que un jefe de familia deba enfrentar tamaña disyuntiva. Por lo tanto, creo que los constructores privados, conjuntamente con el Estado, tenemos que buscar soluciones imaginativas que permitan a esas familias acceder a una vivienda decente, ya sea pagando un alquiler o una cuota módica durante varios años para convertirse en propietarios. La construcción o refacción de fincas es viable en los barrios tradicionales de Montevideo, que hoy están parcialmente despoblados pero cuentan con toda la red de servicios públicos, incluyendo escuelas a las que concurren niños de familias socialmente integradas.
—¿Qué soluciones Ud. propone en materia habitacional?
—Hice varias propuestas en el Ministerio de Vivienda que no tuvieron andamiento por trabas burocráticas. Fueron, en general, proyectos de construcción de viviendas de clase económica, que se financiaban por tres vías. Una parte era mediante el canje de padrones que posee el Estado. La segunda vía era a través de la emisión de certificados de la DGI y BPS. Si las empresas constructoras y promotoras no tenemos actividad, no sólo la recaudación de oficinas estatales se resiente sino que también la seguridad social tiene que pagar el seguro de desempleo a miles de trabajadores del sector. En cambio, estos proyectos generarían empleo y el fisco recaudaría cantidades importantes. Una tercera parte se financiaba con las cuotas que pagarían los adquirentes de esas viviendas. En resumen, son obras que ofrecen un retorno inmediato y altísimo para la sociedad ya que detienen el pasaje de las familias hacia los asentamientos precarios, con todos los costos sociales que implica su progresiva marginación. Esta solución es más eficiente que los programas de formalización de dichos asentamientos porque significa la construcción de viviendas nuevas que volverían a integrar territorialmente a la población montevideana.