EL ANÁLISIS

Si se excluyen las comunicaciones, la economía no crece

PIB desestacionalizado cayó por tercer trimestre consecutivo, sin ningún arrastre para este año.

Transporte, almacenamiento y comunicaciones" tuvo un alza de 9,4%. Foto: Pixabay
El dato anual muestra nuevamente al sector transporte y comunicaciones como el más dinámico, con un incremento del 6,8%. Foto: Pixabay

Los datos recientemente divulgados respecto al comportamiento de la economía uruguaya a lo largo del pasado año confirman la situación de estancamiento por la que atraviesa el nivel de actividad, que adelantaban otros indicadores de avance.

Las cifras divulgadas por el BCU indican que el PIB creció 1,6% en 2008 con relación al dato de 2017, confirmando así dieciséis años consecutivos de crecimiento, tal cual se muestra en el gráfico que aparece en la parte de arriba del cuadro que ilustra la nota. Esa es la buena noticia, en un entorno global de incertidumbre e inestabilidad en la región, la economía uruguaya puede surcar con éxito aguas turbulentas y seguir creciendo, a tasas moderadas, pero crecimiento al fin.

El dato anual del PIB es el promedio de los cuatro trimestres. En un escenario de crecimiento sostenido la producción aumenta trimestre a trimestre y como resultado el promedio de cada año es superior al anterior.

Eso no es lo que está pasando con la economía uruguaya actualmente, ya qué si bien el dato anual muestra un crecimiento, el análisis trimestral refleja un comportamiento distinto, tal cual se puede apreciar en el gráfico que aparece en la parte media del cuadro.

Lo que allí se ilustra es la evolución del PIB trimestral desestacionalizado. La actividad económica no es lineal ni continua a lo largo del año para todas las actividades, basta sólo con mencionar la temporada turística de verano con su impacto estacional en las actividades vinculadas, por ejemplo restaurantes y hoteles. Para poder comparar trimestre a trimestre la evolución de estos sectores, se los depura de los factores estacionales, lo que se muestra en el gráfico para la economía en su conjunto. Se ve allí que en los tres últimos trimestres la economía no creció, de hecho registró una pequeñísima contracción.

Técnicamente podría decirse que se está en recesión, pero el descenso acumulado es tan bajo, al tiempo que las cifras son provisorias y están permanentemente en revisión que preferimos hablar de estancamiento.

Ello no debe sorprender ya que las distintas variables que periódicamente analizamos desde esta columna así lo iban reflejando. El mercado laboral carece de dinamismo, la recaudación de DGI apenas creció 0,8% en términos reales en el último año y en particular el IVA cayó 1% y el crédito al sector privado está planchado.

De cara al futuro las perspectivas no son favorables, ya que en el último año influyeron positivamente una serie de factores que no estarán presentes en 2019. En primer lugar, el efecto refinería (reapertura tras el cierre por refacción en 2017), que aportó 0,7 puntos al crecimiento, prácticamente la mitad de la expansión total del año. También hay que tener en cuenta la normalización del clima y su impacto en la agricultura. La pésima cosecha de soja del pasado ejercicio se revertirá en el presente año, pero a los efectos del cálculo del PIB ello ya se vio reflejado en el dato del último trimestre del año, por lo que no estará presente en 2019.

Sin impulsos extra, el magro desempeño de los tres últimos trimestres no arroja ningún arrastre positivo para el año en curso y si se supone que el nivel de actividad se mantiene en los registros del último trimestre a lo largo de todo el año, el PIB registraría una leve contracción del 0,1%. Pero por otro lado, está latente el mega proyecto de UPM y las inversiones anunciadas para la construcción de la línea férrea a Paso de los Toros, que aportarán cierto dinamismo en un año electoral en el que seguramente aumentará la inversión pública. Pero todo apunta a otro año de escaso dinamismo. Siempre y cuando nuestros vecinos no nos den alguna sorpresa desagradable.

Al analizar el comportamiento por ramas de actividad, el dato anual muestra nuevamente al sector transporte y comunicaciones como el más dinámico, con un incremento del 6,8%, seguido por el agro con un crecimiento del 6%, que se explica por lo ya comentado. La industria, pese al arrastre de la refinería, apenas creció 1,9%. Por el otro lado la construcción cayó 2,8% y el comercio 1,3%. El rubro otras actividades que incluye los servicios y pondera con el 40% del PIB permaneció estancado.

Si se relativiza el comportamiento del agro, ya que en realidad refleja la normalización tras una cosecha muy mala, el único sector de la economía que crece es el de transporte y comunicaciones. A su vez al interior de este rubro coexisten actividades que crecen con otras que decaen. Mientras las telecomunicaciones crecen al 9,5%, todas las ramas asociadas al transporte caen, lo que hace sentido con una economía que no crece.

Es más, esta evolución por sectores es la que se viene dando desde el año 2014, lo que se muestra en el gráfico que aparece a la izquierda en la parte baja del cuadro. Allí se ilustra la tasa promedio de crecimiento anual de la economía y de las distintas ramas que la conforman desde el año 2014 a la fecha. Salta a la vista que el único sector que crece por encima del promedio es el de transporte y comunicaciones.

El tema de las comunicaciones merece un análisis particular al ser el que explica el crecimiento de la economía en los últimos años. Innegablemente hay una mayor actividad en el sector y el tráfico de datos es creciente. Pero este sector está inmerso en una transformación permanente que implica entre otras cosas un descenso continuo de sus precios. Esa disminución de los precios determina que el valor agregado por cada unidad de comunicación sea cada vez menor. De esta manera se contrarresta parcialmente el efecto positivo de la mayor cantidad, por lo que su contribución real al PIB ya no es tan grande.

El PIB en Uruguay se calcula tomando como base el año 2005, eso quiere decir que se pondera a las comunicaciones por el valor agregado generado en ese año, al que ajusta por la variación real de las cantidades. Se sobre estima así su peso relativo.

Si ajustamos la base a la participación del año 2014 y recalculamos el PIB, el resultado se acerca más al que resulta de la evolución de las restantes ramas de la economía, tal cual se muestra en el gráfico que aparece en la parte baja del cuadro a la derecha. Se ve allí que crecimiento del PIB en el último año fue 0,1%, inferior al informado. En una perspectiva más larga, se constata que con esa base la economía prácticamente no habría crecido desde 2014.

El nivel de actividad se frenó
   
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