MARTÍN KANENGUISER | LA NACIÓN
Más globalización, aunque más conservadora, con una industria financiera que creará sus propios mecanismos de regulación para salvarse de la extinción (más importantes que lo que hagan los gobiernos), serán las consecuencias fundamentales de esta crisis financiera global, según el decano de la Escuela de Negocios del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), David Schmittlein.
Nacido el 15 de abril de 1955, en Northampton, Massachusetts, Schmittlein dijo que los mismos ejecutivos de Wall Street que ahora son criticados por esta crisis ayudaron a generar buena parte de la riqueza que experimentó el mundo en las últimas décadas y que, por lo tanto, no será fácil encontrar un culpable de estas turbulencias. Por otro lado, admitió que la economía global entrará en una recesión con menor acceso al crédito para todos los países, aunque con matices.
Schmittlein -quien concedió una entrevista a La Nación durante un breve viaje a Buenos Aires, donde se reunió con más de un centenar de egresados argentinos del MIT- tiene un título con honores en matemática de la Universidad de Brown y un doctorado en Negocios, en Columbia; además, trabajó 25 años en la reconocida Escuela Wharton, en la que fue vicedecano, hasta pasar el año último a encabezar la escuela de negocios del MIT.
-¿Cambiará esta crisis la forma de hacer negocios de las empresas del sector financiero?
-Sí; es claro que estas empresas entienden que no manejaron el riesgo en forma adecuada, no entendieron por completo la dimensión de los problemas que se estaban generando ni la forma en que un riesgo puede estar asociado con otros.
-Los críticos de los rescates en los Estados Unidos consideran que nada cambiará porque los bancos que causaron los problemas pensarán que el Estado siempre los salvará si entran en crisis.
-No comparto esa opinión. El gobierno ha mostrado límites al rescate y es difícil pensar que, una vez que esta crisis termine se repita una similar en poco tiempo, por lo que no creo que el gobierno vaya a mostrar demasiada paciencia para seguir salvando instituciones en el futuro. Por esa razón, creo que el sistema financiero global se volverá mucho más conservador por bastante tiempo.
-Cree que el paquete no se repetirá.
-Efectivamente.
-Más allá de volverse más conservadora, ¿cómo cambiará la industria financiera?
-Por un período bastante extenso de tiempo, mantendrá un gran porcentaje de activos del sector real, con una valuación más sólida. Además, creo que entenderá mejor cómo se interconectan las diferentes escalas del riesgo dentro del negocio financiero.
-¿No es injusto que los contribuyentes de los Estados Unidos paguen este rescate?
-Es fácil decir que sí: es injusto. Pero, ¿quién otro podría pagar?... no hay nadie que pueda hacer esta tarea, sino es el gobierno a través de los recursos fiscales.
-¿Qué incentivos debe generar el gobierno para evitar una crisis similar en el futuro?
-Esta crisis por sí misma generará esos mecanismos de prevención; no quiero sugerir que el gobierno no tiene ningún rol, pero es menor frente al sentido de autopreservación del sistema financiero.
-¿Cree que después de este cataclismo Wall Street puede parecerse al de los ochenta con el retorno de una vieja guardia?
-No lo creo; nada será como antes. Este episodio es parte de un proceso de transformación más prolongado; en los últimos 15 o 20 años, los mercados financieros se volvieron más globalizados, con grandes firmas que convivían con otras pequeñas que pudieron encontrar nichos de negocios. Y las medianas son las que están sufriendo más con esta crisis, porque las grandes se están volviendo más grandes, las pequeñas siguen haciendo bien sus negocios y las que están en el medio son las que peor la pasan en términos de riesgo. Otro signo de las últimas dos décadas es que el centro de gravedad financiero se ha movido fuera de los Estados Unidos, lo cual no significa que todas las firmas norteamericanas se volverán irrelevantes, pero sí que se profundizará la diversificación financiera desde otros países. Las condiciones regionales se vuelven más relevantes en este contexto; por ejemplo, los bancos latinoamericanos, en general, tienen un riesgo bajo en términos de créditos hipotecarios, por lo cual, ahora tienen una ventaja relativa frente a los europeos o a los de los Estados Unidos.
-¿Espera más o menos globalización?
-Sin duda más. Será más conservadora, habrá más investigación en términos de riesgo y, por lo menos en el corto plazo, las cabezas del sistema financiero de los Estados Unidos ganarán menos dinero
-¿Quiénes serán los grandes perdedores en esta crisis?
-En el corto plazo, sin duda, los empleados de estas firmas. En el mediano plazo, todo el mundo perderá: a nivel mundial habrá menor crecimiento, aunque pueda sentirse en forma diferente según la región. Además, ya se siente la falta de crédito global y se profundizará, al reflejarse en un menor crecimiento global. Ya hay inversores financieros muy perjudicados, pero habrá muchos más a partir de las quiebras y las fusiones que se pueden esperar.
-¿Se puede culpar a alguien en particular?
-No estoy seguro, pero creo que no es el momento adecuado para hacerlo. Hay tareas más importantes para resolver la crisis y además será más fácil reconocer en el futuro qué pasó en estos meses, cómo se comportaron los bancos y los gobiernos, y cómo las entidades financieras responden al miedo. Todas esas reacciones nos enseñarán más sobre las políticas alternativas que se podrían haber elegido para evitar esta crisis. Es muy tentador culpar a los funcionarios, pero no sé si resulta justo. También es muy fácil culpar a los CEO de Wall Street, pero, durante muchos años, su tarea fue crear toda esta riqueza que se generó y contratar gente inteligente para asesorarlos. Antes de esta crisis, no sólo los líderes, sino toda esa gente inteligente creyó en la fortaleza del sistema, por lo cual es difícil señalar a un pequeño grupo como el culpable.
-¿Hay cambios importante en los estudiantes de la escuela de negocios en estas crisis?
-Los egresados de las épocas de crisis resultan más reflexivos que otros, sin decir que el resto sea malo.
-Primero fueron las empresas tecnológicas, luego las hipotecas. ¿Cuál es la próxima burbuja que puede explotar?
-[Se ríe]. Espero que no sea la de las escuelas de negocios. Hablando en serio, es difícil pronosticarlo.
-La Argentina siempre fue elogiada por sus ricos recursos naturales y humanos, pero enfrentó una larga historia de inestabilidad político-económica. ¿Cuál es su consejo para la comunidad de negocios local?
-Soy muy cauto para dar consejos a una comunidad de negocios, sobre todo en la Argentina, donde tuvieron que enfrentar desafíos tan importantes en los últimos tiempos. Los países han tomado caminos levemente diferentes para crecer, pero no tan diferentes si se los observa en forma comparada, por lo cual la clave es ver qué pasa con la inflación y las tasas de interés, que no deben ser muy altas y que deben ser predecibles. La Argentina debe saber que, aunque se alcance un cierto período de estabilidad, falta más tiempo para lograr la confianza de que esa estabilidad se mantendrá. No hay soluciones fáciles o rápidas
-Usted conoce muy bien el modelo de negocios chino. ¿Cree que es posible que se generalice hacia los países occidentales?
-No. A medida que las firmas chinas se internacionalicen, es posible que sus filiales tomen sus prácticas, pero eso no significa que sean adoptadas por otras empresas. La forma en que realmente operan no se entiende bien en Occidente: por ejemplo, algunos aspectos reflejan un importante estilo de cooperación interna en sus empresas, pero otros elementos demuestran un sistema muy jerárquico en la toma de decisiones. Por lo tanto, yo sería muy cauteloso respecto de la adopción de sus prácticas en otras empresas.
-¿Hay algo que los empresarios de otros países deberían aprender de ellos?
-Creo que las empresas interesantes que hay allá son interesantes por sí mismas, no por ser chinas. De todos modos, hay un elemento importante para considerar: las empresas que crecieron hacia fuera no lo hicieron solamente por sus precios bajos, sino por su larga historia que los lleva a generar productos de calidad, además de su gran acceso a las materias primas. Si se hubieran basado sólo en los precios bajos, no triunfarían. Esa lección puede ser tomada por las empresas de la Argentina, en particular, y de América Latina, en general: no deben basarse solamente en la riqueza de las commodities para crecer, sino que deben crear marcas que las distingan a nivel global, como ocurrió en su momento con las empresas japonesas y ahora con las chinas.