El nivel de actividad de la industria manufacturera, excluida la refinería, se incrementó 1,7% en el segundo trimestre del presente año respecto a igual período de 2010. En el acumulado del año, la producción se expandió un 5,1%, y considerando los últimos doce meses, el incremento fue del 3,4%.
Los números anteriores muestran un comportamiento un tanto errático, con un leve crecimiento en el corto plazo (último trimestre), importante dinamismo en el mediano plazo (último semestre) y crecimiento moderado en el largo plazo (último año), lo que merece un análisis un poco más detallado para entender cuáles son los factores que lo explican. Pero en estos momentos de gran incertidumbre asociada a la crisis en las economías desarrolladas, tan o más importante que analizar el pasado reciente del sector manufacturero es indagar cómo se encuentra para enfrentar un contexto externo que se presenta notoriamente menos amigable.
El Gráfico N° 1 nos muestra la evolución trimestral de la industria. Tras un primer semestre de 2010 muy dinámico, el sector entró en una etapa de desaceleración a partir del segundo semestre de ese año. En tal sentido, el comportamiento del primer trimestre de 2011 parece ser el "extraño". El buen desempeño del primer trimestre se puede asociar a la temporada turística, en particular a una serie de ramas volcadas al mercado interno, concretamente la industria de la bebida que se mostró muy dinámica en esos meses.
POCA OFERTA. Un primer elemento a considerar tratando de entender la desaceleración, es el impacto que tuvo en la industria la menor oferta de ganado para faenar, ya que la industria frigorífica es la que pondera en segundo lugar al interior de la manufactura contribuyendo con más del 8% del total. En los últimos doce meses, el nivel de actividad de los frigoríficos se contrajo un 9,2%. No obstante, si analizamos la evolución de la industria manufacturera sin considerar a los frigoríficos, el comportamiento no difiere sustancialmente por lo que se puede concluir que el fenómeno está más generalizado.
Dada la heterogeneidad de actividades aglutinadas al interior de la manufactura, acostumbramos a dividir al sector en cuatro grandes grupos para lograr una mejor comprensión de su evolución. Atendiendo al principal destino de ventas, distinguimos entre ramas exportadoras y aquellas que venden fundamentalmente en el mercado interno. A su vez, entre las exportadoras distinguimos entre las de base primaria y las de base industrial. A las que vuelcan sus ventas en plaza, las dividimos entre sustituidoras de importaciones (sujetas a la competencia de productos importados) y las de mercado interno propiamente dicho, no sujetas a competencia internacional debido a barreras de entrada, sean naturales o legales.
De todos ellos, el grupo más importante por su contribución al producto manufacturero es el de las ramas exportadoras de base primaria. Este grupo es el que muestra una marcada desaceleración a partir del segundo semestre del pasado año pese a los buenos precios internacionales de los productos. No solo se vio afectado el nivel de actividad de los frigoríficos ante la falta de materia prima, sino también el de los molinos arroceros, por problemas similares ante los bajos rendimientos de la cosecha de arroz.
Pero también se enlenteció la fabricación de concentrados para bebidas refrescantes y la producción de textiles. Dentro del grupo exportador de base primaria, fueron los aserraderos quienes mostraron el comportamiento más dinámico. Paradójicamente, los precios internacionales de los productos de la madera no son los que más han crecido al cabo del último año. La explicación en este caso se encuentra en la disponibilidad creciente de materia prima.
REGIÓN. Distinto es el caso de las ramas exportadoras de base industrial. La concentración de ventas en los mercados regionales o, su contracara, la baja presencia en otros mercados se debe a los problemas de competitividad que enfrentan estas ramas, en particular en los momentos actuales en que los precios relativos no les son favorables.
A nivel regional la competitividad es alta, concretamente con Brasil, el principal socio comercial del Uruguay, hacia donde se dirige el 25% de sus exportaciones totales, porcentaje que sube al 40% en el caso de las manufacturas de base industrial. Se destacan tres ramas en particular: la industria automotriz, la de plásticos y la de elaboración de medicamentos.
Por su parte, las industrias sustitutivas de importación se conforman fundamentalmente por ramas que elaboran productos de consumo final. Dado que el consumo privado es actualmente el motor del crecimiento, no es de extrañar que estas actividades estén experimentado una expansión importante; de hecho, su nivel de actividad se está acelerando.
INCERTIDUMBRE. Los acontecimientos en el mundo desarrollado generan una gran incertidumbre con respecto a la marcha de la economía mundial en los próximos meses. Es muy difícil, por no decir imposible, que la economía uruguaya no reciba algún impacto negativo aunque, por el momento, no es posible aventurar la magnitud del mismo. En tal sentido, es importante analizar las defensas y vulnerabilidades que presenta el país para enfrentar una coyuntura internacional que ya es distinta a la del boom de los años 2003-2008.
El indicador anticipado de la producción industrial elaborado por la Cámara de Industrias volvió a crecer en agosto con lo que se presume que el nivel de actividad será creciente al menos hasta fin de año. No obstante, el indicador refleja el enlentecimiento del sector. Tal comportamiento esperado se pone de manifiesto en las respuestas de los empresarios sobre las expectativas para los próximos seis meses respecto a la economía y la empresa. Si bien las respuestas positivas superan a las negativas, la brecha se ha acortado significativamente, tal como se observa en el Gráfico N° 2.
El deterioro de las expectativas se debe al enlentecimiento esperado de las exportaciones frente al dinamismo que espera mantenga el mercado interno, tal como lo muestra el Gráfico N° 3.
Las posibilidades de crecimiento de la industria están estrechamente asociadas a las perspectivas de la competitividad que impacta en las exportaciones y en la competencia por el mercado interno. El problema de la caída del tipo de cambio en relación al dólar se torna cada vez más relevante, máxime en un contexto en el que ya no es dable esperar que continúe el aumento de los precios de exportación que lo compense.
El Gráfico N° 4 muestra la evolución de un índice de rentabilidad de la industria que no es otra cosa que la comparación entre los precios de exportación y los salarios del sector corregidos por la productividad media de la mano de obra, ambos medidos en dólares. Se observa el deterioro ocurrido tras la crisis internacional de 2008, asociado fundamentalmente al fuerte incremento que registraron los salarios medidos en dólares, lo que implica una seria limitante para el desempeño futuro del sector y hace prever un enlentecimiento, confirmando las expectativas empresariales.