El problema es el tipo de cambio

| La inflación sigue alta pero el desafío radica en que todos los indicadores muestran la aguja en la zona de atraso cambiario

La inflación es la variación general de precios en la economía y en el comienzo del año en curso esta se muestra alta (7,0% a 8,0%), pero objetivamente no se está acelerando. A su vez, si se observa la evolución de los precios relativos, todos los indicadores posibles señalan que hay un atraso cambiario que se está profundizando mes a mes. El contexto externo da señal de que el nivel de actividad para el resto del año se irá desacelerando y persistirá el alto nivel de incertidumbre respecto a lo que pueda suceder con la estabilidad en los mercados mundiales. El escenario está exigiendo por lo tanto que las prioridades del gobierno se fijen orientadas al problema del tipo de cambio más que a reducir la inflación.

La variación del IPC en el año terminado en abril fue del 8,0% y el dato puntual de ese mes (0,82%) representa un 10% anualizado. Si se compara esta tasa con la expectativa que tenían los analistas al comienzo del mes (con una mediana de 0,6%) se observa una diferencia de signo positivo, tendiente hacia la idea de que hay más inflación que la esperada.

Sin embargo, una medida corregida de la tasa de variación de precios eliminando la variación de precios volátiles con alto peso en la canasta de consumo, permite comprobar que lo ocurrido en abril no es tan malo, ni implica un desvío significativo en las expectativas.

A este índice se le conoce como inflación subyacente, o en inglés "core inflation", y se puede estimar excluyendo del IPC los precios de los combustibles y de las frutas y verduras frescas. Es una medida que tiene la virtud de eliminar un conjunto de precios que puede tener grandes aumentos o caídas de un mes para el otro y sirve para comparar lo que sucede en un mes u otro período corto como un trimestre.

En el segundo semestre del año pasado se observó un nivel medio del 0,6% mensual con lo que el BCU podía afirmar que la inflación era alta pero controlada por debajo del 8,0% anual. En diciembre se comprueba un salto al rango superior y esa realidad se repite en los meses de verano donde habitualmente hay mayores variaciones de precios.

En este contexto es que el BCU modificó la tasa de interés de política monetaria en diciembre. El dato de abril resulta tranquilizador en el sentido que baja nuevamente al rango del 0,6% mensual y habrá que ver lo que sucede en mayo y comienzos de junio antes de la nueva reunión del Copom.

También transmite tranquilidad observar la evolución de los precios de productos nacionales, que en su mayor medida son exportables o importables y tienen un nivel de precios internacionales o regionales como referencia. El índice general de precios al productor de productos nacionales registra una variación en los doce meses a abril del 4,9% y, si se miden estos precios en dólares, el incremento en el último año hasta abril fue de solo 1,3%.

Si bien la baja se puede explicar por el comportamiento de algunos precios, el análisis de los principales componentes del mismo muestra una tendencia a la baja en todas las tasas de variación.

En el caso del precio al productor en dólares para los productos agropecuarios (cultivos, ganado y forestal), la tasa de variación anual en junio del año pasado estaba en 40% y ha bajado gradualmente hasta una tasa negativa de -1% en el promedio del trimestre terminado en abril. Es el contagio que recibieron los precios al productor de los mercados globales a partir de la corrida contra la deuda griega el año pasado.

Con el precio de los productos industriales excluyendo los combustibles de Ancap, se observa una evolución similar. En agosto de 2011 la variación del último año era 25% y en abril de 2012 bajó al 6%. En el caso del petróleo, por su parte, se junta la evolución de los precios internacionales y las decisiones de política. Esto lleva a que se modifiquen las decisiones empresariales por las políticas o se transfieran subsidios para que no afecte el precio. Es, por lo tanto, un precio administrado que, de todas formas, muestra que su tasa de evolución en dólares pasa del 35% en el año terminado en agosto de 2011 al 9% en abril de 2012.

NO TRANSABLES. No hay fuertes presiones por el lado de los bienes que se comercializan con el resto del mundo. Tampoco sucede lo mismo con los precios de Brasil y Argentina en dólares y ello da una tregua en una buena parte del IPC. Donde se comprueba una aceleración en las tasas de variación es en los salarios. Para la inflación observada en el período se constata en primer lugar que se trata de variaciones en los sueldos que provocan aumentos reales en el poder adquisitivo de los asalariados. Segundo, se comprueba que hay una aceleración en el ritmo de crecimiento pasando de tasas del orden del 11% anual al 16%.

Esta misma historia se puede contar mediante otra comparación de precios relativos. Para ello se recurre a separar los artículos y servicios del IPC que mantienen estrechos lazos con los mercados internacionales por un lado y aquellos que no los tienen pero que se determinan en el mercado y no están sujetos a definiciones de política por parte del gobierno. El nombre que se les da a estas agrupaciones de bienes y servicios es de Transables internacionalmente en el primer caso y No transables en el segundo.

El ratio de los precios de los Transables y de los No transables es una medida muy ajustada del tipo de cambio real. La evolución de este cociente en una serie de tiempo larga, que se inicia en marzo de 1997 y termina en abril de 2012, permite comprobar la magnitud del atraso. El nivel actual del precio relativo representativo del tipo de cambio real es menor al que había antes de la crisis de 2002. Hoy estamos un 14% por debajo del promedio de largo plazo.

El indicador numérico de un ratio de índices de precios se puede complementar con otros de corte práctico: cantidad de músicos de nivel mundial que hacen espectáculos en Uruguay, la comparación de precios que hacen los que viajan al exterior y comprueban que es más barato comer o ir al supermercado en París o Nueva York que en Montevideo.

Simplemente, de a poco se conforma un escenario macroeconómico que hace que la diferencia sea cada vez más grande. Una diferencia de este tipo no implica necesariamente que tenga que venir una devaluación para solucionarla. Así como creció gradualmente, puede reducirse gradualmente.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasa sin que se revierta la tendencia, más lejos se encuentra el ajuste gradual y más cerca el repentino. El desequilibrio acumulado, en la medida que crece, no pronostica un problema pero incrementa gradualmente la probabilidad de que la resolución sea abrupta. En la actualidad solamente un par de precios de commodities y la baja tasa de interés internacional sostiene el desequilibrio. La preocupación comienza a ser creciente respecto a la fuerza con que se expande el crédito para el consumo y la rigidez que impone la indexación de los salarios.

Son ingredientes que hacen temer una profundización de la tendencia de precios relativos que pierden pie, con desequilibrios macroeconómicos crecientes. En este caso todo parece indicar que el foco debería estar en el tipo de cambio y en frenar esta tendencia en lugar de exacerbarla.

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