El perro del hortelano

La semana pasada se recogió una noticia que ha trascendido poco pero que es grave. En una anterior sesión del Instituto Nacional de la Leche, la representación de la CILU (Cámara de Industrias Lácteas del Uruguay), planteó su discrepancia con la instalación de nuevas industrias en el país, a menos que lo hagan donde hoy no se produce leche, desarrollando nuevas cuencas. La prevención deriva de una anunciada inversión en nuestro país de dos importantes empresas, de modo inminente, una brasileña de vocación global -Bom Gosto- y posiblemente también una norteamericana que ya tiene algunos negocios por aquí.

MONOPOLIO. La mentalidad monopólica de la industria láctea no es nueva. Y no lo es porque dispuso del monopolio del abastecimiento de leche pasteurizada durante cincuenta años, hasta que la ley de lechería de su época, convirtió aquel monopolio de una empresa en un oligopolio distribuido entre algunas. Desde 1935 (Ley 9.526) hasta 1984 (Ley 15.640), Conaprole dispuso del monopolio del abasto interno. A partir de 1984 se abrió a algunas empresas más lo que se llamaba el mercado de la leche cuota, pero cerrando el paso a la instalación de nuevas empresas, al no permitírseles de hecho el acceso al mercado interno que pagaba mejores precios derivados de su fijación administrativa (art. 2 Ley 15.640). Este bloqueo al mejor negocio evitó la instalación de nuevas plantas, salvo comprando existentes, hasta hoy.

Hubo otros beneficios extraordinarios de que gozó la industria instalada, y también la producción. Por ejemplo: subsidio a la industrialización de manteca a través del fondo de peinado de la leche; subsidio a la industrialización a través de la fijación del precio cuota mientras existió; prohibición de exportación de leche desde los tambos hasta el año 2003, hoy liberada solo parcialmente; preferencia regional expresada en aranceles mayores a los de bienes de capital para la leche en polvo y otros productos de escaso valor agregado; máximos plazos en el régimen de adecuación Mercosur; cláusula especial de origen en el acuerdo Mercosur-Chile, para evitar la competencia de productos lácteos provenientes de ese país, elaborados con leche en polvo neocelandesa; sendos programas de caminería y electrificación rural en la cuenca lechera con financiamiento internacional; régimen de excepción en materia de arrendamientos rurales; régimen de excepción de aportes a Mevir; pago de deudas con cargo a la sociedad a través del primer Fondo de Financiamiento de la Lechería (conocido como FFAL); campos de recría, refinanciaciones. Y si nos vamos más lejos, el nacimiento de la primera empresa ocurre en las manos del Estado y por ley, razón por la cual hasta el gobierno del Dr. Batlle tenía en su directorio delegados oficiales y del BROU. El conjunto de beneficios mencionados recuerda hasta qué punto la sociedad ha colaborado en el desarrollo de nuestras cuencas lecheras, lo que con seguridad ha sido una buena inversión por sus resultados económicos y sociales.

LIBERTAD. Por tanto, las industrias lácteas no pueden considerar como objeto de su propiedad las cuencas desde las cuales reciben la leche. Y menos aún querer privar a los tamberos de los beneficios que podrían derivar de la competencia de nuevas empresas que quizás aporten el acceso a nuevos mercados, o de productos más elaborados. Digo quizás, porque lo que defiendo no es la aparición de una empresa mejor a las instaladas, sino el derecho de cualquiera a hacerlo. No se trata en efecto de defender un mejor negocio sino -mucho más importante- la libertad de intentarlo; este es el punto.

La desaparición del beneficio a la industria que suponía la fijación oficial del precio de la leche al productor ha desaparecido. En consecuencia, en la leche como la carne o cualquier producto transable, su precio interno debe arbitrar con el internacional, a tal punto que si el gobierno que mantiene la fijación del precio de la leche al público lo hiciera sin considerar este aspecto, simplemente desabastecería nuestro mercado, porque ninguna industria estaría interesada en atenderlo. Pero desaparecido aquel beneficio que se daba sólo a las instaladas, ahora no hay barreras para la entrada de nuevas empresas que deberán competir si quieren leche. Habrá que verificar por cierto si nuestra empresa mayor carga obligatoriamente todavía con algún peso de políticas sociales que no le corresponde, como ocurrió. Pero de no ser así, no hay razón alguna para privar no sólo a los productores sino también a la industria de los beneficios de la competencia. A un mercado concentrado, en el que dos empresas reciben más del 80% de la leche, una sola más del 60%, y sin exportación totalmente posible de la materia prima, la introducción de competencia debe ser bienvenida. La postura contraria de la CILU me recuerda la de un ministro de Ganadería de la administración anterior que quería impedir, quitando el beneficio a los productores, la llegada de empresas sojeras a la cuenca lechera. Y privándolos -mucho peor- de la libertad de decidir.

BIENVENIDA. Las cuencas lecheras no son propiedad de ninguna industria, ni del Estado cuando quiere resolver sobre ellas. Esta idea refleja una mentalidad monopólica, como bien dice el presidente de la Intergremial de Productores de Leche. Y afirmar que la brasileña que viene puede competir deslealmente porque accede a créditos blandos es una injusticia para con los productores que a lo mejor podrían disponer de ese beneficio, y además una demostración de mala memoria respecto de análogos beneficios de los que, seguramente con razón, ha dispuesto siempre la cadena láctea.

No imagino además una estrategia de promoción de inversiones si limitáramos éstas a las cuencas nuevas. Un frigorífico nuevo no debería instalarse a menos de 310 km del otro; una estación de servicio Petrobras a menos de una manzana de una de Ancap; un molino arrocero a menos de 50 km de otro ya existente de otra empresa; un quiosco o un puesto de verduras a menos de equis metros del ya existente; no funciona así una economía en serio. Y menos aun tratándose de un socio que pretende el Presidente -yo no- que nos lleve en el estribo, que nos peguemos a él, que de él dependamos. Agraviarlo así cuando es clave en nuestro comercio, también en lácteos, y en el proceso de radicación de inversiones, no parece una actitud razonable. No vaya a ocurrir que en lácteos Brasil nos aplique como sanción un concepto común en la pesca: acceso al mercado, sólo contra acceso al recurso.

Bienvenidas pues esas inversiones en la cuenca lechera o en cualquier lugar. Y confiemos una vez más en la libertad y responsabilidad de los productores para elegir qué hacer.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar