El mundo sin salida aparente

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CARLOS STENERI

Aunque parezca surrealista el mundo desarrollado y en particular Europa, no tienen idea de qué camino seguir para salir del atolladero actual. Y tras ello, el resto del mundo entrando en el desconcierto se va cargando de temores que conducen al rebrote de anuncios de proteccionismo y guerra de monedas.

Sin pecar de alarmismo, estos fueron los ingredientes que cargaron el ambiente previo al desencadenamiento final de la crisis de la década del treinta.

ANUNCIOS Y LÍMITES. Días atrás el presidente Obama, apuntalado en su retórica impecable, anunció un nuevo programa de estímulo que consta de medidas promocionales y rebajas impositivas para impulsar el empleo por un valor de 430 mil millones de dólares. Eso se complementa con la afirmación del gobernador Bernanke de la permanencia de la política monetaria ultra laxa por un periodo de dos años. Pero más allá de la potencial eficacia o pertinencia de ambas medidas, algo en tela de juicio, está el telón de fondo de la entrada a un periodo pre-electoral con un cuerpo político trabado en posiciones partidarias antagónicas. En suma, el peor escenario para contar con la flexibilidad y el compromiso de actuar en lo necesario, sin medir riesgos políticos. Más aún, es el escenario ideal para las tentaciones cortoplacistas que postergan las visiones adecuadas de cómo lidiar con la crisis.

En Europa, las cosas van de mal en peor. Ahí ni siquiera hay anuncios, sino amagues con propuestas incompletas que muestran la fragmentación de visiones para enfrentar una crisis que se les está yendo de las manos. La falta de liderazgo en la Unión Europea para tomar decisiones será un caso de estudio para saber si es una cuestión de personalidades, o algo implícito en el modo de funcionamiento de ese organismo colegiado. Pero lo real es que la crisis griega y su default inevitable, era una crónica anunciada desde comienzos del 2010, que se fue deteriorando con el paso del tiempo. Su secuela de contagio hacia otros países comprometidos agrega más costos y complejidad a una realidad de por sí compleja.

LOS RESULTADOS. Y frente a esta realidad, lo que ha venido ocurriendo en estos días confirma las peores sospechas. El foco de preocupación mayor reside en Europa. El mercado ya viene anticipando con una probabilidad del 90 por ciento el default griego, cosa que puede ver la luz antes de la publicación de esta nota. Pero el tema ya no es el default, sino lo que puede venir después. Y existen elementos preocupantes. El nivel de actividad industrial en la eurozona siguió cayendo durante agosto, confirmando la tendencia mostrada en el primer semestre del año. La banca europea, comienza a sentir el estrés de la falta de liquidez, especialmente en dólares. Su razón es doble: cambio de portafolio de los agentes saliéndose del euro, y cierre de líneas de money market en dólares desde Estados Unidos. En efecto, hoy se sabe que los grandes fondos norteamericanos proveedores de esa liquidez estuvieron cortando sus posiciones europeas, en particular en Francia, durante todo el mes de agosto. Y encima de ello, se deben agregar los efectos negativos sobre los balances bancarios generados por el evento de la cesación de pagos y reestructura griega. Ambos acontecimientos arman un escenario de vulnerabilidades latentes transmitidas a través del contagio sobre la mayoría del sistema bancario europeo si no se actúa con destreza y presteza.

Finalmente, la tabla de salvación indispensable del crecimiento está ausente. Aunque es prematuro aún hablar de recesión, todo el mundo desarrollado relevante muestra tasas de crecimiento raquíticas, sin miras de mejorar en el corto plazo. Más aún, hay tendencias deflacionarias en muchos sectores de sus economías a pesar de la abundante liquidez reinante. Con los valores inmobiliarios todavía decayendo, y el crédito bancario contrayéndose se demuestra que la economía continúa en fase de ajuste de su excesivo endeudamiento privado, ayudando a que el consumidor baje sus brazos y se invierta menos. Esa secuencia tiene por resultado bajo crecimiento, con riesgo de entrar en recesión plena.

Frente a esta realidad, los responsables de la conducción de la política económica muestran una mezcla de desorientación y fragmentación inexplicable. El Banco Central Europeo, haciendo gala de su independencia, actúa como tal pero de manera errática. Por un lado abandona su objetivo antiinflacionario y entra en el campo inédito de apuntalar la deuda soberana de algunos deudores a través de compras masivas de sus títulos, incluyendo España e Italia. Sin duda, una acción desesperada ante la inacción de los países con mayores responsabilidades, como Alemania. Por otro lado, mantiene una política monetaria restrictiva en un contexto de decaimiento del sector real comparado con Estados Unidos. Si no, ¿cómo explicar que la tasa de interés en euros en el money market europeo sea del 2,1 por ciento, en tanto que en Norteamérica es del 0,8 por ciento?

LAS REACCIONES. Nada mejor resume la reacción del mundo en desarrollo que las declaraciones recientes de la presidente de Brasil, Dilma Rousseff: "para el caso de esta crisis internacional actual, nuestra arma principal es expandir y defender nuestro mercado doméstico".

Eso, complementado con los comentarios pasados del Ministro Mantega referidos a "la guerra de las monedas" prepara la antesala de una ronda de proteccionismo y de posibles devaluaciones compensatorias similares a las ocurridas en las postrimerías de la década del treinta, con los resultados conocidos.

En esta realidad, la incógnita es la postura de China. Hasta el momento ha capeado la crisis con solvencia. En sus albores, desplegó con rapidez un programa de estímulos fiscales que dio resultado y que ya ha comenzado a replegar. La participación del consumo doméstico en la demanda agregada aumenta sin pausas, aunque está lejos de llegar a los niveles que lo conviertan en la usina de arrastre principal de su economía. Las exportaciones continúan siendo su fuente de crecimiento primordial y, por tanto, un resto del mundo decaído y con propensiones proteccionistas se convierte en su talón de Aquiles.

Pero también cuenta, como otras naciones emergentes, con un arma que tiene varias aristas interesantes: es el mayor acreedor mundial. Por definición, junto a la Reserva Federal de Estados Unidos, eso lo convierte en el principal prestamista de última instancia a nivel mundial. Obviamente que el ejercicio de esa potestad tiene implicancias económicas y geo-políticas fáciles de suponer pero difíciles de calibrar. Un ejemplo de días pasados es elocuente. El lunes 12, un solo titular periodístico en el diario londinense Financial Times anunciando que China estaba en conversaciones para adquirir deuda soberana italiana y hacer inversiones en ese país, logró revertir en noventa minutos una caída considerable de la bolsa neoyorquina y llevarla a territorio positivo.

Tanto el retorno del proteccionismo, como los intentos de ajustes cambiarios compensatorios y acciones de intervenciones masivas de los grandes acreedores mundiales van a dibujar un nuevo mapa de acciones y reacciones difíciles aún de predecir. Lo único cierto es que la salida de la crisis será larga y que tendrá consecuencias a la baja sobre el crecimiento mundial. En ese escenario "optimista" que la mayoría espera, no hay que descartar algún episodio desordenado de resolución de crisis que generará volatilidad, aversión al riesgo y más viento en contra al crecimiento.

En definitiva, puede anticiparse que, por lo menos, la demanda agregada mundial frenará su ritmo de crecimiento. Si a eso le sumamos proteccionismo bajo cualquiera de sus formas para defender los mercados domésticos de quienes entienden son perjudicados por la situación actual, el escenario se hace más complejo. Y si la historia sirve como antecedente, eso a la larga implica contracción global y caída de los precios de todos los productos transables internacionalmente, incluidos nuestros productos de exportación.

Por consiguiente, esta coyuntura tan compleja que no termina de despuntar es un llamado a la cautela.

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