Diversidad y selectividad. Esos rasgos definen al cine de calidad, alternativo, independiente o como se le quiera llamar. No es un producto de Hollywood y, por lo tanto, escapa a algunas de las características de la gran industria cinematográfica en cuanto a distribución y exhibición. En el circuito comercial de Montevideo existe un mercado para ese tipo de filmes que está cada vez más asentado al captar unos 250.000 espectadores por año -lo que representa un 10% de las 2.445.294 entradas de cine vendidas en 2009- a través de Alfabeta y el Casablanca, los dos complejos que ofrecen exclusivamente películas de autor.
Los espectadores que asisten a sus salas tienen un "gusto especial por el cine, que no sólo busca diversión, sino también contenido", según los define Francisco Armas, director ejecutivo de Moviecenter, empresa que opera las tres salas del complejo Casablanca desde hace poco más de un año. Mariana Chango, gerenta general de Hoyts, que administra el complejo Alfabeta, comparte dicho criterio y agrega: "buscan calidad, un determinado director o actor. Cuentan con un muy buen nivel educativo y socioeconómico; por cierto, es un público mucho menos masivo que el de los shoppings". Armas sostiene que son reacios a ir a las salas de los centros comerciales. "Es un público mucho más de barrio de lo que podría pensarse", dice.
El público de estos complejos tiene, en su mayoría, más de 35 años. No obstante, ambos directivos señalaron que las personas más jóvenes, vinculadas a las escuelas de cine o que estudian carreras ligadas a las ciencias de la comunicación, son clientes cada vez más asiduos y están cambiando el perfil etáreo de esas salas.
EXHIBICIÓN. La valoración para la permanencia de las películas de Hollywood en cartelera se basa en el frío análisis de la concurrencia o no de espectadores. En cambio, el "cine de calidad", por esa ausencia de masividad, tiene otros tiempos. En promedio se llegan a exhibir alrededor de 140 películas por año en los shoppings, mientras que en el Casablanca se pasan unos 40 filmes anualmente.
Si bien en el Alfabeta el criterio para mantener un título en cartel es la respuesta del público en la boletería, lo cierto es que muchas veces los largometrajes tienen una asistencia más progresiva en el tiempo. "El pico de público se registra en el fin de semana del estreno, pero algunas películas que carecen de promoción empiezan con una taquilla escasa y, luego, por el `boca a boca` van creciendo", manifiesta la gerenta de Hoyts.
En el Casablanca, el criterio es parecido. La permanencia no depende tanto del éxito inicial, sino que "se apuesta a que la cantidad de espectadores crezca. Ahí el `boca a boca` es importante. El total de tickets expedidos quizás es el mismo que el de algunas películas exhibidas en los shoppings, pero su venta requiere una mayor cantidad de semanas", explica Armas. De cualquier modo, hay un piso de entradas que pautan a un filme. "Hablamos de un mínimo de 200 o 300 boletos por fin de semana y, en el caso de un título exitoso, puede rondar los 900 o 1.000", aclara el director ejecutivo del Moviecenter. En el caso del Alfabeta, la taquilla de sus cinco salas está en el entorno de 3.500 a la semana en temporada baja.
Este año, las películas más vistas en el Alfabeta han sido "Un hombre serio" de los hermanos Coen, "La Última Estación" que relata la vida de Tolstoi, la comedia italiana "Ex" y la francesa "Séraphine". Cada una, tuvo una afluencia de entre 6.000 y 9.000 personas. En el Casablanca, "Enseñanza de Vida" (4.702 espectadores), "Cena de amigos" (3.232) y "El Escritor Oculto" (2.064), integran el podio.
ESTRATEGIA. La meta en el complejo Casablanca es la formación de un público afín a este tipo de cine. Para ello, se genera una oferta de películas con una estrategia de exhibición de más largo plazo que en los centros comerciales. "Se sacrifican resultados hoy, con el fin de mejores resultados a futuro", puntualiza el director ejecutivo de Moviecenter.
Esto es algo que el Alfabeta, operado por Hoyts desde 1997, ya ha consolidado. El complejo tiene "una propuesta que se ha posicionado a lo largo de los años", sostiene Chango. Según la entrevistada, "el espectador está pendiente de las películas que se van a estrenar, ya sea por las fichas que la empresa coloca en los pasillos o incluso por iniciativa propia, llamando al cine para averiguar cuándo tal o cual largometraje llega a las pantallas".
DISTRIBUIDORES. En la distribución, hay un hecho que marca la obtención de las copias de las películas. El mercado uruguayo es chico y, por ende, no concita el interés principal de las productoras o de los distribuidores internacionales. Hay dos grandes actores en lo que concierne al "cine de calidad": los propios exhibidores, que juegan un doble rol, y los sellos independientes, como ENEC o Buen Cine que no tienen salas para ofrecer sus películas.
Hace un par de años, Buen Cine impulsó la exhibición de filmes uruguayos en el cine-teatro Libertad sito en la calle Rondeau, pero no pudo mantener la propuesta. "La falta de salas dificulta el negocio. Se requiere mayor ingenio para que las películas [que se venden] tengan mayor difusión", reconoce Gabriel Massa, socio fundador de Buen Cine Producciones. A pesar de los inconvenientes, la empresa pudo colocar unos veinte filmes "de autor" en las salas montevideanas en los últimos doce meses.
Por otra parte, el tamaño del mercado uruguayo retrasa la llegada de algunas películas de autor. "Llegan tarde a la región y van a mercados que tienen otro ritmo que los sellos americanos", explica Armas. "Hay que esperar que den toda la vuelta por la región. Y como salen pocas copias, se reciben en Uruguay después que quedan liberadas en Argentina", agrega Mariana Chango.
Por su parte, Buen Cine también encuentra ciertas barreras para adquirir copias. "La distribución independiente en Uruguay depende mucho de su similar en Argentina. No vamos a [comprar a] los festivales o circuitos cinematográficos, sino que acudimos al distribuidor argentino. Ahí está la primera condicionante. La solución es tratar de compatibilizar nuestro criterio con el del público. Si la película nos parece buena, intentamos conseguirla, pagando un precio razonable para las posibilidades del mercado local", puntualiza Massa.
ORIGEN. Los tres entrevistados coincidieron con respecto al origen de las "películas de calidad". La diversidad es la característica sobresaliente. Hay un predominio de la cinematografía europea, pero también existe el cine independiente americano y el asiático. "Por lo general, a los espectadores les gustan las comedias o dramas amables especialmente ingleses y franceses", explica Massa. "Dentro del cine de calidad, los filmes europeos son más comerciales. Es más probable que el público vaya a ver una película europea, porque se siente más identificado con los temas tratados. No sé por qué sucede eso dado que los valores del cine son universales", reflexiona. Para Francisco Armas, cada género y cada director tienen su propio nicho. "Polanski, por ejemplo, es un gran llamador". Por su parte, Mariana Chango opina que los espectadores eligen largometrajes franceses generalmente por los actores que intervienen.
FESTIVALES. Desde hace varios años el complejo Alfabeta organiza festivales de distintas temáticas. "El Festival Internacional de Cine Judío se armó en Buenos Aires, se enteraron de la propuesta del Alfabeta y nos lo ofrecieron. Ya llevamos cinco ediciones", ejemplifica la gerenta de Hoyts. Junto con "Llamale H", el festival de la diversidad sexual, son los de mayor antigüedad. Cada uno tiene una afluencia de público que ha ido creciendo y que hoy ronda los 2.000-3000 espectadores en su semana de exhibición. A fines de septiembre se realizó por primera vez en Uruguay el Festival de Cine Brasileño Inffinito, cuyos títulos atrajeron a unas 1.200 personas en siete días.
El complejo Casablanca también incursiona en ciclos de festivales. Trabaja en conjunto con la Cinemateca Uruguaya y cede sus salas como complemento a las de la institución. Mediante esta modalidad se organizó el 28º Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay este año.
DOCUMENTALES. El Casablanca se sumó recientemente a la propuesta internacional de "El documental del mes", nacida en España en 2004. En este marco, la empresa estrena un documental por mes. Ya se exhibieron "Pecados de mi padre", dirigido por el hijo de Pablo Escobar, y "Acuso a Rembrandt". En ambos casos, la asistencia fue muy similar, habiéndose vendido unos 2.530 boletos. El documental se exhibe en dos funciones diarias y el precio es de 80 pesos, o sea la mitad que el de una entrada común en el fin de semana. Se trata de acercar "un género no tan comercial, que suele verse en festivales; por eso, se apuntó a una estrategia diferencial", explica el director de Moviecenter.
r Ambos complejos manejan acuerdos con distintas organizaciones para promover la concurrencia de más espectadores. En el caso del Alfabeta, a la promoción Dos por Uno, que tiene firmada con el Discount Bank, se suma el convenio con Socio Espectacular. Un contrato similar con la misma asociación tiene el Casablanca, que también trabaja con la tarjeta de Cinemateca.
Asimismo, ofrecen la posibilidad de adquirir las entradas por internet. "La idea es apuntar a la comodidad. El servicio de compra por internet y celular no ha sido tan promocionado, pero la gente que lo prueba, no lo abandona porque retiran sus entradas en una terminal aparte sin tener que hacer la clásica fila en boletería", explica la gerenta del Hoyts.
El Alfabeta cuenta en sus instalaciones con el Café Marilyn, que ofrece un servicio de cafetería, alejado del pop y el vaso con refresco. El espectador del Alfabeta prefiere que no se consuma nada en la sala, aunque los jóvenes están cambiando esa costumbre, comenta Marina Chango.
A su vez, el complejo Casablanca está en camino de incorporar el servicio del Café Amaretto, ubicado en las cercanías. Además, existen planes de incorporar una oferta cultural "diferente a la del cine, un diferencial que se le pueda agregar", adelanta el director de Moviecenter.
Un público poco afecto al "pop"
Cine uruguayo bien hecho no es novedad, pero hay que promoverlo
r Tanto el complejo Alfabeta como el Casablanca promueven la producción nacional. Hoyts distribuyó "Hit", "Matar a Todos" y "Mal día para pescar", entre otras películas uruguayas. "La idea es siempre tener una sala disponible para el cine uruguayo", expresa la gerenta de Hoyts.
A su vez, el Casablanca adoptó una estrategia más focalizada sobre ciertos nichos con una forma de exhibición particular. En el caso de la película "Hiroshima" de Pablo Stoll, por ejemplo, un lanzamiento comercial convencional no la hubiese ayudado a mantenerse en cartel. Se la programó en un horario único a las 22:00, que garantizaba su permanencia en cartel, por lo menos, durante tres semanas. Lo mismo se hizo recientemente con "La vida útil" de Federico Veiroj, en consonancia con Buen Cine que se encargó de la distribución. La idea es encontrarle "una vuelta más al cine uruguayo para que tenga mayor continuidad que las películas comerciales", sostiene el director de Moviecenter.
En la misma línea, se manifestó el socio director de Buen Cine, "la permanencia permitió que funcionara el `boca a boca` y así fue que mucha gente pudo ver ambos filmes. En cambio, si hubieran estado en dos o tres salas en horarios normales, apenas hubieran soportado una o dos semanas de exhibición". Además de distribuir películas de calidad, que lo asemeja a la Cinemateca, el sello Buen Cine tiene una función más comercial: el fomento y distribución del cine uruguayo.
Desde hace tres o cuatro años mucha menos gente va a ver filmes producidos en nuestro país. Según un estudio publicado por el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU), el promedio de espectadores de películas nacionales bajó de 33.300 en 2003 a 11.300 en 2009. Sin embargo, "el cine uruguayo bien hecho ya no es novedad. Algunos directores están filmando su segunda película. Ahora el éxito de taquilla de los nuevos títulos tiene que ver mucho con el lanzamiento y la promoción", concluye Gabriel Massa.