JORGE CAUMONT
Desde hace un año lo que ocurre en el exterior preocupa a analistas privados y a la administración económica. Se reflexiona sobre los efectos que puede tener la crisis hipotecaria de Estados Unidos y su derrame a nivel interno e internacional. Asimismo, sobre las consecuencias de una eventual disminución del crecimiento de países como China, India y Rusia e incluso de los de la Eurozona; sobre la continuidad del alto precio del petróleo y de los productos o commodities agrícolas; sobre la inflación en varias regiones y sobre otras cosas por el estilo. Y ahora también, sobre los efectos que pueden tener en nuestro país, el desenlace del modelo económico argentino y la reversión del crecimiento de Brasil.
ESTADOS UNIDOS. Cuando en agosto de 2007 estalló la crisis financiera derivada del quiebre hipotecario, los vaticinios sobre una inexorable recesión en la principal economía del mundo se generalizaron. Extender el análisis a los efectos sobre la economía internacional fue tan solo un paso y se multiplicaron los vaticinios contrarios a la continuidad de la etapa de seis años de expansión mundial. Algunos indicaron que se entraba en la peor crisis desde la depresión económica de los años treinta. Analistas reconocidos veían lo que hace ya 141 años indicara Karl Marx en el tercer tomo de El Capital: la crisis o derrumbe final del capitalismo.
Transcurrido un año de aquel problema, la reacción de política económica norteamericana y la depreciación del dólar, han impedido que se materializara la recesión prevista de Estados Unidos. Su economía ha seguido creciendo pese a los problemas financieros y al derrumbe de varias instituciones del sector. El aumento de la producción en el segundo trimestre de este año ha superado lo que se aguardaba por analistas y público en general. La economía ha crecido por encima de su potencial. Indicadores recientes como la confianza de los consumidores, el aumento de las exportaciones, el alza de las órdenes de compra de bienes durables -incluidos los de inversión- y el de las ventas de casas nuevas y usadas, muestran una situación distinta a la prevista. Nuevamente, como en 2000-01, ese país muestra su capacidad de sobreponerse a momentos de adversidad.
El mundo, a pesar de la crisis de las hipotecas, también ha seguido en expansión con la excepción de la Eurozona, pero no debido a la crisis hipotecaria sino al fortalecimiento de su moneda -el euro- y al alto precio del petróleo. En América Latina todos los países crecen bien por encima de su potencial al igual que en el sudeste asiático, en China, India y Rusia, aunque con algo menos de vigor. El mundo sigue mostrándose "favorable" para la producción exportable uruguaya.
PETRÓLEO Y COMMODITIES. El precio del petróleo persiste alto aunque por debajo de los niveles máximos alcanzados durante pocos días en julio. Y continuarán relativamente muy altos cuando se les compara con los que rigieron en la década pasada. La razón fundamental se encuentra en el límite a la oferta de los países de la OPEP ante el fuerte aumento de la demanda a que ha dado lugar la expansión de la economía mundial. Estudios para encarar y concretar sustitutivos en muchos países -como ocurriera con la energía nuclear en la década de los setenta del siglo pasado por parte de Francia-, la aparición de otros y el propio ahorro voluntario y forzado, llevará en cierto lapso, a un acomodamiento bajista de los precios del petróleo. Algo que es difícil lograr en el corto plazo ante una oferta poco elástica. Ello también, en el mediano plazo, favorecerá a nuestro país.
Los precios de los commodities en general, minerales y agrícolas, y en particular los de éstos, aunque por debajo de sus máximos recientes, también continuarán altos por la inelasticidad de su oferta en el corto plazo. Pero la extensión de las áreas cultivables en el mundo, inducida por los altos precios, irá paulatinamente, en pocos años, haciendo más elástica su oferta y ello se reflejará también, en un acomodamiento a la baja de sus precios aún cuando la demanda por esos productos seguirá en aumento. Y aunque no serían entonces tan favorables los precios de los commodities uruguayos, de todos modos permanecerán bien por encima de sus promedios históricos.
INFLACIÓN MUNDIAL. En poco tiempo, los países más desarrollados como los de la Eurozona, el Reino Unido y el propio Estados Unidos, y otros como China, India y también los latinoamericanos, deberán preocuparse más por la inflación que por mantener el todavía alto crecimiento de sus economías o favorecer la actividad antes que controlar a la inflación. En la medida en que ellos tienen mayoritariamente, tipos de cambio flexibles, sus políticas monetarias se volverán más restrictivas repercutiendo en más altas tasas de interés. Tendrán éxito en controlar a la inflación pero impondrán mayores esfuerzos a las naciones deudoras, como la nuestra, para el pago del servicio de la deuda pública.
LA REGIÓN. No obstante los programas económicos diferentes empleados por Brasil y la Argentina, en los últimos cinco años esos países han crecido económicamente, a tasas notablemente altas, las mayores en muchos años. Pero comienzan a aparecer algunos problemas en el horizonte. En Brasil, se puede haber llegado ya al límite en la caída del dólar dado que su comercio de bienes y servicios muestra un déficit desde comienzos de año que se acelera. Si la moneda extranjera que aportan los exportadores de bienes y de servicios se ha vuelto menor al monto que requieren los importadores para mantener sus compras en el exterior de mercaderías y servicios, reaparecen entonces el endeudamiento externo y presiones alcistas sobre el tipo de cambio para evitarlo. Para nuestra economía ello se puede traducir al cabo de un cierto lapso, en una situación menos favorable que la actual aunque por el momento y al menos hasta el segundo trimestre de 2009, la situación económica de Brasil seguirá siendo beneficiosa para el turismo en Uruguay y el comercio hacia el vecino país.
Argentina es la gran incógnita. Su modelo económico no parece resistir por mucho tiempo más. Controles de precios, impuestos a las exportaciones, muy elevado gasto público y vencimientos de deuda en 2009-10, que coexisten con una altísima inflación y con un tipo de cambio prácticamente fijo en los últimos tres años, impiden mantener el crecimiento económico. El gobierno deberá repagar deuda pública en los próximos dos años por un monto que supera largamente el superávit fiscal y la ventanilla de préstamos es solamente la venezolana. La salida de la situación pasa por el sinceramiento de precios clave -como el de la energía, el de los commodities agrícolas, etc.- y si ello ocurriera, una devaluación de su moneda sería inevitable. No habrán efectos financieros sobre Uruguay pues es irrepetible la situación de 2002, y los comerciales tanto por mercaderías como por servicios, no serían significativos y resultarían en este último caso, del efecto neto de la eliminación de subsidios a insumos de la producción de muchos productos competitivos de los nuestros, lo que nos favorecería, y del aumento del tipo de cambio, que nos perjudicaría.
En definitiva, los mayores efectos que sobre la economía uruguaya y la continuidad de su crecimiento deberíamos prevenir, provendrían de la forma cómo se sale de la trampa en la que hoy nos encontramos debido a una tasa de interés que atrae capitales que presionan a la baja del tipo de cambio, que afectan seriamente la competitividad nacional y que elevan considerablemente a la deuda pública uruguaya. Políticas mucho más restrictivas por el lado monetario y sobre todo por el del gasto público que permita un superávit fiscal para mejorar el tipo de cambio nominal, son las acciones más recomendables. El mayor peligro pues, está en nosotros.