La uruguaya es una economía pequeña en fase de normalización.
Tal como lo muestra el gráfico 1, con un IMAE que avanza 1,8% en el acumulado de enero a noviembre de 2025, la expansión de la economía uruguaya converge hacia tasas más cercanas a su promedio histórico y potencial. Más que una desaceleración abrupta, lo que se observa es una normalización del ciclo. En este escenario, la cuestión central ya no solo es cuánto crece el país, sino qué fundamentos estructurales sostienen ese ritmo —no podemos depender de una buena cosecha de verano y/o una alentadora temporada turística— y, de no existir, encontrar el impulso para los factores que traccionen esos fundamentos.
Mayor sesgo importador ¿y su contribución al crecimiento?
Como economía pequeña, Uruguay depende estructuralmente de su inserción internacional para sostener su crecimiento. En los últimos años —y como hemos señalado en columnas anteriores— la economía ha mostrado un mayor contenido importado en su demanda interna. Mientras que las exportaciones suelen asociarse naturalmente al crecimiento, las importaciones no siempre tienen la misma “fama”. Sin embargo, tanto bienes como servicios importados transmiten conocimiento, tecnología y ganancias de productividad, además de generar bienestar vía acceso a productos más competitivos.
La participación de las importaciones dentro de la Demanda Agregada se ubica hoy por encima de los niveles observados en buena parte de la década pasada. El gráfico 2 muestra cómo este sesgo se ha ampliado: en 2011, cerca del 19% de la demanda se satisfacía con importaciones; en 2025, algo más del 21%. Estos dos puntos porcentuales —que en algunos momentos llegaron a cinco— representan, en términos de cuentas nacionales, varios miles de millones de dólares que inciden directamente en estructuras empresariales y modelos de negocio.
Patrones de crecimiento: la inspiración y la transpiración
Por tanto, una economía que se expone ante el comercio exterior, y aun cuando este “pequeño” cambio de 2 puntos porcentuales es más significativo que lo que indica esa cifra, genera rutas de crecimiento que muchas veces son más insonoras que ruidosas, pero que la misma teoría económica lo ha estudiado (como mencionamos: el comercio exterior y abrirse al mundo aporta al crecimiento económico). Veamos que sucede con lo que produce cada trabajador.
En términos de la economía en su conjunto, y tal como se puede ver en el gráfico 3, la evolución del ratio entre ocupados y PIB sugiere que la economía uruguaya produce hoy más por trabajador que en 2011. Esta mejora constituye una señal positiva, ya que el crecimiento sostenible depende, en última instancia, del aumento del producto por persona ocupada.
No obstante, si bien lo anterior es válido para la totalidad de la economía, la intensidad de esa mejora no es homogénea entre sectores.
Como se ve en el cuadro adjunto, en el sector primario, el PIB acumuló un crecimiento de 14,7% en el período, mientras el empleo se redujo 4,9%. Esta combinación implica una mejora significativa de productividad: el producto crece con menor utilización relativa de mano de obra. El caso de los servicios privados es distinto. El empleo en el sector aumentó 48,4%, mientras el PIB creció 45,3%. En este caso, el crecimiento del producto estuvo acompañado por una expansión igualmente intensa del empleo, lo que sugiere una productividad relativamente estable en el acumulado del período. No se trata de un sector estancado —por el contrario, es uno de los más dinámicos en términos absolutos—, pero su mecanismo de expansión es diferente: crece absorbiendo mano de obra.
Esta comparación muestra que la economía no solo avanza a dos velocidades en términos de productividad del trabajo, sino que lo hace a través de mecanismos distintos de crecimiento. Mientras algunos sectores expanden, además de su stock de capital (una forma de “transpirar” o crecer a partir de utilizar más factores de producción), la eficiencia (la forma de crecer en base a “inspiración”), otros expanden capacidad de absorción laboral (otra de las formas de crecer en base a “transpiración”) La composición sectorial del crecimiento, por tanto, adquiere relevancia.
Un análisis similar puede realizarse para el resto de los sectores de actividad. La industria —junto con logística y construcción— muestra un patrón más cercano al del sector primario. Entre 2011 y 2025, el PIB de este agregado creció 30,1%, mientras el empleo se redujo 7,2%. Nuevamente, el crecimiento se explica en buena medida por mejoras de productividad. Se trata de sectores en los que la inversión y la reorganización productiva han permitido incrementar el producto sin expandir proporcionalmente la ocupación.
En contraste, Comercio & Restaurantes & Hoteles presentan un crecimiento más moderado tanto en empleo (2,7%) como en producto (12,0%). Aquí la mejora de productividad es positiva, pero menos marcada. El sector no exhibe ni una fuerte absorción de empleo ni un salto significativo en eficiencia, configurando un patrón más estable.
Los servicios públicos (no solo asociados a la administración pública sino a los bienes públicos), por su parte, muestran incrementos tanto en empleo (7,6%) como en PIB (19,4%), con una mejora de productividad moderada. Su evolución responde a lógicas institucionales distintas, pero también refleja que la expansión del producto no siempre se traduce en aumentos proporcionales de eficiencia.
En conjunto, el cuadro sectorial revela una economía donde conviven varios patrones de crecimiento: crecimiento intensivo en productividad, crecimiento intensivo en empleo y crecimiento moderado en ambas dimensiones.
Cuando las velocidades importan: ¿la trampa de la dualidad?
En una economía más integrada al mundo, estas diferencias tienden a amplificarse. Los sectores con mayor dinamismo productivo pueden expandirse con más competitividad, mientras que aquellos con mejoras más graduales enfrentan mayores desafíos para sostener su posición relativa. Si, además, una parte significativa del empleo se concentra en actividades en las que la productividad avanza con menor intensidad, el impacto agregado del crecimiento puede volverse más heterogéneo.
Ampliar la base del dinamismo: ¿la solución?
En un contexto internacional en el que la tecnología y la inteligencia artificial ya están acelerando —y lo harán aún más— los procesos de transformación productiva, las diferencias sectoriales pueden ampliarse con mayor rapidez. En ese entorno, la capacidad de la economía para adaptarse y reasignar recursos entre actividades se vuelve cada vez más determinante.
La macroeconomía aporta condiciones necesarias pero no suficientes. La experiencia empresarial uruguaya muestra múltiples ejemplos en sectores como la industria farmacéutica, los servicios médicos sofisticados o los servicios especializados vinculados al agro. Profundizar esa trayectoria, y hacerlas escalables en algunos casos, requiere ampliar el stock de capital humano y facilitar la transición hacia actividades de mayor complejidad.
-Economista Ramón Pampín, Manager en PwC