Después de China, Vietnam surge como la próxima fábrica mundial

| El mayor atractivo vietnamita para los inversores es la disponibilidad de una mano de obra joven, alfabetizada, saludable y de bajo costo

ANDY MUKHERJEE | BLOOMBERG

Los cuatro millones de motocicletas en las calles de la ciudad de Ho Chi Minh ofrecen un palpable y ruidoso testimonio de la prosperidad de Vietnam.

Un Honda que cuesta US$ 900 quizá no sea símbolo de riqueza para todo el mundo. Sin embargo, ocupa el mismo lugar en el orgullo de este país que está industrializándose rápidamente que un arado de bueyes en una sociedad agraria.

Hombres y mujeres jóvenes -muchos de ellos inmigrantes de las áreas rurales- se transportan a fábricas grandes y modernas en las afueras de la ciudad en bicicletas que se sienten orgullosos de poseer y temerosos de perder.

Esta movilidad es tan crucial para la productividad de los trabajadores que algunos empleadores en la ciudad antes conocida como Saigón han empezado a comprar seguros, de su propia cuenta, contra el riesgo de que las bicicletas sean robadas en las instalaciones de sus fábricas.

Los inversionistas que toman al auge del mercado de vehículos de dos ruedas en Vietnam como precursor de un floreciente mercado masivo podrían salir decepcionados por unos cuantos años. Quienes ven el interés en poseer una bicicleta como señal de una fuerza laboral joven de Vietnam que ansía tener las herramientas necesarias para conectarse a la cadena mundial de suministro ganarán.

Después de China, Vietnam está surgiendo como la próxima fábrica del mundo de artículos que requieren de labor intensiva.

Uno puede verlo en la composición cambiante de las exportaciones del país. El arroz y el café, dos de las exportaciones agrícolas más importantes de Vietnam, se están volviendo menos trascendentes que los textiles para la economía de US$ 61.000 millones. Los envíos de calzado están ganando prominencia con respecto a los mariscos.

CAPITAL DE LOS MUEBLES. La otra industria de exportación que está creciendo rápidamente son los muebles.

Las exportaciones de productos de madera han crecido 24 por ciento con respecto al año anterior a más de US$ 2.000 millones.

James Koh, empresario de Singapur, fabrica mesas de comedor y sillas en Vietnam para clientes alrededor del mundo, incluso las tiendas Pottery Barn de Williams-Sonoma Inc. en Estados Unidos.

Koda Ltd., dirigida por Koh, también tiene fábricas en Malasia y China. No obstante, son los costos más bajos de Vietnam los que están instando a la compañía a expandir su capacidad aquí 25 por ciento.

"El costo de la mano de obra en Vietnam es la mitad del de China, y la productividad de los trabajadores es casi la misma", dice Koh.

A partir del año entrante, el Gobierno aumentará trece por ciento el salario mínimo obligatorio para las empresas financiadas por compañías extranjeras con instalaciones en Ho Chi Minh y Hanoi, la capital nacional, a un millón de dongs vietnamitas (US$ 62), nivel que sigue siendo accesible, dice Koh.

LISTA PARA COMPETIR. En los últimos seis meses, los productos hechos en China se han vuelto cada vez más caros en Estados Unidos. Esto da a los fabricantes vietnamitas una oportunidad de quedarse con una mayor cuota de su mayor mercado de exportación.

LOS INGREDIENTES ESTÁN. La entrada de Vietnam a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en enero dio a su industria textil acceso libre de cuotas a Estados Unidos. Unirse al régimen de la OMC también provocó un incremento de 37 por ciento este año en los compromisos de inversión extranjera a US$ 13.000 millones.

El mayor atractivo del país es claramente su mano de obra.

La edad mediana en Vietnam es de 25 años. La mano de obra no solo es joven, sino también alfabetizada y saludable: la proporción de personas desnutridas ha bajado a la mitad en los últimos treinta años.

El riesgo para Vietnam es la inflación, que se aceleró a diez por ciento el mes pasado, el ritmo más veloz en tres años.

RIESGO DE INFLACIÓN. A corto plazo, Vietnam también debe estar dispuesto a sacrificar crecimiento económico para frenar el incremento en los precios, especialmente en el rubro de material de construcción.

Si no logran controlarla, la inflación afectará la competitividad de Vietnam aunque el banco central no permita que el tipo de cambio nominal del dong se aprecie.

No obstante, en términos generales Vietnam va camino a la prosperidad.

Los ostentosos locales de Louis Vuitton y Gucci que han aparecido en Ho Chi Minh podrían ser un poco prematuros en un país donde el ingreso anual per cápita fue de US$ 723 el año pasado.

Sin duda, los consumidores vietnamitas tendrán su momento. Con una población de 85 millones, y una economía que el Fondo Monetario Internacional calcula que crecerá más de ocho por ciento este año y el siguiente, el país del sudeste asiático pronto representará un mercado nacional considerable.

Por ahora, los productores vietnamitas son la mayor oportunidad. Sin embargo, no hay lugar para la complacencia. La mano de obra barata vuelve relativamente fácil para un país entrar a la cadena mundial de suministro, pero tiene que trabajar duro para mantenerse en ella.

CRECIENTE COMPLEJIDAD. Eso es así especialmente ahora, cuando una tarea al parecer simple como ponerle cuatro patas a una pieza rectangular de madera estadounidense de álamo y reenviarla a Estados Unidos se ha vuelto demasiado complejo para hacerlo sin capital y experiencia del extranjero.

Primero, hay una inversión mínima en tecnología sin la cual los pedidos grandes de minoristas son imposibles de conseguir. Cada una de las líneas de ensamblado de Taiwán que Koda está instalando en su nueva fábrica de Vietnam cuesta US$ 300.000.

Segundo, los compradores en Europa están exigiendo estándares ambientales más estrictos a sus vendedores, como un uso mínimo de material de empaquetado, dice Koh. Por su parte, los estadounidenses se están volviendo muy delicados con volver todos los envíos a prueba de terrorismo.

Y lo que es más importante, ninguna tienda minorista, ni europea ni estadounidense, quiere un escándalo de talleres de explotación laboral en ninguno de sus proveedores.

Como la mayoría de los países en vías de desarrollo, Vietnam enfrenta problemas de corrupción y trámites. Debe esforzarse por mejorar ambas cosas ahora que está consiguiendo las inversiones que necesita para que sus trabajadores pasen de usar motocicletas a automóviles en el futuro.

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