Tema de Análisis

El déficit fiscal estancado en el 3,9% del PIB

Déficit primario está en 0,4% del PIB; egresos del gobierno representan 110% de los ingresos

El CEF se relaciona con el Poder Ejecutivo a través de él. Foto: Fernando Ponzetto
Ministerio de Economía y Finanzas.  Foto: Fernando Ponzetto

Cada vez parece más difícil que el resultado fiscal baje de los niveles del 3,9% del PIB que se volvió a registrar al cierre del tercer trimestre del año.

Estando lejos de lo aspirado por el gobierno en los anuncios presupuestales, las perspectivas de mejora son bajas, ya que la recaudación se frena con el menor ritmo de crecimiento de la economía y hay gastos que tienen su propio ritmo de crecimiento. A estos hay que agregar los incrementos que se aprobaron en la Rendición de Cuentas.

El déficit en este nivel es alto, pero en la coyuntura actual de financiamiento y con una estructura relativamente liviana de vencimientos de deuda, no representa un problema de corto plazo. Las obligaciones de pago que hay por delante se pueden encarar sin necesidad de hacer recortes. Esto casi siempre es así, el problema por el cual se encaran ajustes presupuestales es por la acumulación de deuda que se va generando, que a su vez engrosa la cuenta de intereses a pagar y agrava el déficit fiscal a futuro. Ese círculo vicioso es el que se debe interrumpir, y cuanto antes se haga, menos sacrificio deberá hacer la sociedad.

En ese contexto, lo aconsejable para nuestro país es llevar el déficit al nivel del 2,5% del PIB. Lamentablemente, esa meta se ve distante y no hay señales de que se encaren medidas que limiten el gasto en el 2019.

En el gráfico superior del cuadro adjunto se muestra la evolución del déficit del total del sector público en los períodos de doce meses terminados en septiembre de cada año. Al comienzo de la serie, el muy cómodo nivel del 1% del PIB solo se interrumpió para las elecciones del 2009. El salto hacia arriba se fue armando a instancias del presupuesto 2011- 2015, cuando el ritmo de crecimiento de la economía no soportó los supuestos realizados para la evolución del gasto.

Antes de llegar al análisis de los temas presupuestales, se pueden agregar algunos comentarios más a nivel general de todo el sector público. El primero es el del resultado primario, que se corresponde con todos los ingresos menos los egresos, sin considerar los pagos de intereses. Es una medida muy útil para analizar si la dinámica de la deuda pública está siendo creciente o si está controlada.

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Actualmente hay un déficit primario del 0,4% del PIB, dista del superávit que debería haber, pero no es una magnitud escandalosa. Sobre todo si se compara con las de Argentina y Brasil que son países que están en grandes problemas financieros.

En los dos gráficos de la zona media del cuadro se presentan dos componentes del gasto destacados. En primer lugar, sobre la izquierda está la evolución de la inversión en todo el sector público, las presupuestales más las de las empresas públicas. En el primer año del actual gobierno se hace un recorte importante en proyectos de inversión, situación que abarca también el primer año de ejecución del nuevo presupuesto. En total, las inversiones se ubicaron en US$ 1.100 millones, bastante por debajo de los US$ 1.800 millones del 2013-14.

En los dos últimos años hay un aumento en la inversión de US$ 250 millones anuales, que ocurre principalmente en el presupuesto del gobierno central. Dentro de las unidades ordenadoras del gasto, sobresalen los aumentos absolutos en el Ministerio de Economía y Finanzas, en el de Transporte y Obras Públicas, en el de Vivienda y en la ANEP. A pesar del aumento de estos dos años, todavía hay carencias importantes en infraestructura.

El segundo tema global a destacar es la tendencia ascendente del gasto en pasividades. A pesar de los cambios introducidos en la reforma de 1996, la aplicación de la normativa y algunas normas que hicieron más suaves los requisitos para acceder a una pasividad, generaron un aumento en este rubro del gasto.

En el gráfico de la derecha en la zona media del cuadro se observa la evolución en pesos constantes corregidos por la evolución del IPC. Hay un menor ritmo de crecimiento en los dos últimos trimestres, pero no hay acontecimientos que permitan suponer que la trayectoria puede cambiar.

Por lo tanto, la historia global de las finanzas públicas da cuenta de unos ingresos que moderaron significativamente su ritmo de crecimiento, luego que se terminara el impacto del ajuste tributario de fines del año 2016. Por su parte, el gasto tiene una inercia propia ascendente por el lado de la seguridad social y otras transferencias, con lo que hay dificultades para contener el déficit y cumplir al mismo tiempo con algunas partidas discrecionales e importantes para el futuro, como es la inversión pública.

Cuando se pasa al nivel del presupuesto del gobierno central (que incluye el del BPS), se llega al corazón de lo que es la política presupuestal. En el gráfico de la zona baja del cuadro se ilustra la evolución de los ingresos y los egresos. Como hay resultado negativo, la línea superior es la del gasto y en este caso supera los ingresos en todo el período. La diferencia es el déficit y se observa cómo se ensanchó en los dos últimos años.

La otra característica a destacar en esta gráfica es la tendencia ascendente de las dos variables, ingresos y gastos. Los ingresos subieron en el último año y medio por las medidas de ajuste fiscal tomadas por el gobierno a finales del 2016.

Los gastos, actualmente representan el 110% de los ingresos y de la estructura se desprende que los más importantes son las pasividades que representan un 35% de los ingresos totales. En la medida en que los salarios suben en términos reales y las pasividades están indexadas a los salarios, hay una tendencia al alza en este rubro. En los últimos años se agrega el ablandamiento para el otorgamiento de pasividades por parte del BPS.

Las transferencias que hace el gobierno directamente o a través del BPS, representa otro de los componentes importantes del gasto público (31% de los ingresos en el año a septiembre 2018). Poco menos de la mitad de estas transferencias son las que se hacen al sistema de salud, partida que ganó participación en los últimos años por la incorporación de más gente al beneficio, pero que hoy tiene la dinámica que imponen los costos de prestación de estos servicios.

Las remuneraciones son el tercer renglón (18% de los ingresos) y crecieron en términos reales un 10% en el último año. Acá hay ajustes por inflación pero también nuevos cargos y los incrementos especiales en algunos sueldos, de acuerdo a las rendiciones de cuentas del presupuesto.

Los gastos no personales son el 13% de los ingresos totales y las inversiones el 5%. De esta forma, hay un 18% que puede permitir alguna maniobra en el corto plazo para mejorar el resultado financiero, porque la partida que falta son los intereses (9% de los ingresos totales) que tienen una dinámica propia condicionada por el nivel de deuda pública y la tasa de interés que contrata el gobierno.

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