Entrevista

Las claves económicas para el futuro de Brasil

Confianza. Eso es lo que necesita Brasil para salir adelante, asegura el especialista en temas fiscales y máster en ciencias económicas por la Universidad Federal de Río de Janeiro, Fabio Giambiagi.

Fabio Giambiagi, máster en Ciencias Económicas, Universidad Federal de Río de Janeiro. Foto: Ricardo Borges/Folhapress
Fabio Giambiagi, máster en Ciencias Económicas, Universidad Federal de Río de Janeiro. Foto: Ricardo Borges/Folhapress

El elevado nivel de incertidumbre política en que ha estado envuelto el país desde hace dos años, sostiene que podría superarse con una agenda de reformas creíble. Pese a las importantes diferencias entre Bolsonaro y Guedes, conservar el techo público y la reciente forma laboral resultan promesas cumplibles, mientras que en materia de seguridad social e impuestos aún hay grandes incógnitas. En materia de gasto social, el Bolsa Famila "es intocable", afirma Giambiagi. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuánto aportó la figura de Pablo Guedes a lacampaña de Bolsonaro en las elecciones de Brasil?

—En los votos populares, poco y nada, pero fue muy importante para darle un respaldo al candidato ante el mercado, otorgándole más credibilidad en un momento clave.

—¿Están claras las intenciones del PSL en materia económica?

—Hay diferencias importantes entre las trayectorias previas del candidato y de su principal asesor, con lo cual hay gente que tiene dudas acerca de si el rumbo que sería seguido sería más cercano a lo que el asesor predicó toda su vida o a lo que el candidato votó cuando fue diputado más de 20 años.

—Brasil tiene hoy un déficit superior al 7% del PIB y una deuda pública de más de 70%. ¿Cuál es la salida?

—No hay salida que no pase por un ajuste importante de las cuentas fiscales, para transformar el déficit primario en superávit y con eso reducir el peso de la deuda pública para gradualmente ir disminuyendo el peso de la cuenta del pago de intereses de la deuda. Existe una promesa de eliminar el déficit primario a corto plazo (un año) lo cual en general es algo encarado con escepticismo por la mayoría de los analistas.

—¿Cómo puede generarse una reactivación económica en Brasil?

—La palabra clave es "confianza". Hay muchos negocios que pueden realizarse y poner en movimiento a la economía, pero que no se hace por el elevado grado de incertidumbre política. Con un horizonte de mayor previsibilidad, en el caso de que el nuevo gobierno presente una agenda de reformas con posibilidades de ser aprobada, los negocios sufrirían un espaldarazo. Se podría decir que hace dos años que esta es una economía que opera en modo "esperart y ver". Este año se espera un crecimiento del orden de 1,2 o 1,3 %, posiblemente con un buen final de año. Un número flojo, pero que puede apuntar hacia un 2019 mejor.

Fabio Giambiagi, máster en Ciencias Económicas, Universidad Federal de Río de Janeiro. Foto: Ricardo Borges/Folhapress
Foto: Ricardo Borges/Folhapress

—El gobierno de Temer puso en marcha un "techo" para el gasto público; ¿seguiría vigente en un gobierno del PSL?

—En mi opinión fue una medida clave para calmar al mercado financiero. Como consecuencia, después de 2016 el dólar se calmó, los intereses cayeron drásticamente y la inflación se desinfló. Bolsonaro dijo que la propuesta se va a mantener y eso me parece positivo.

—Guedes ha sido señalado como una figura amigable a los mercados financieros. ¿En qué medida su presencia puede favorecer al país?

—En realidad ya impactó, en le medida en que Bolsonaro, gracias a él, pasó a ser visto como un candidato "amigable al mercado". El mercado es adepto de narrativas y esa fue una narrativa que cuajó.

—Guedes arremetió contra lo que llama "Estado disfuncional". Considera que es necesario desmontar el modelo centralizador característico del Estado. ¿Qué posibilidades de éxito puede tener?

—Habrá una acomodación natural. Paulo es un economista que podríamos definir como hayekiano (por Friedrich Hayek) de raíces económicas liberales profundas. Y este país es una economía con un grado elevado de intervención gobernamental y ciertas idiosincrasias profundas. Él tratará de restringir la acción del Estado y a su vez la política le pondrá límites a sus ambiciones. Habrá una convergencia entre aspiraciones y lo posible.

—En referencia a la seguridad social, ¿cuál sería la reforma aplicable?

—Esa es una incógnita, porque declaraciones aisladas daban a entender que Paulo Guedes podría ser favorable a aprobar la propuesta previsional del Gobierno Temer, que aún no fue votada, pero por otra parte el que será una especie de "Ministro Coordinador" de Bolsonaro, el diputado Lorenzoni, calificó a esa propuesta como "una porquería", en esos términos. El panorama al respecto hoy se muestra confuso.

—La reciente y resistida reforma laboral, puede ser profundizada por Bolsonaro?

—No me parece. Me inclino a creer que él considerará que ese punto de la agenda "ya está" y la orden será "no innovar".

—¿Qué puede suceder con el gasto social ?

—Hay un techo del gasto público, por lo tanto tendrá que ajustarse a esos límites.

—Eso puede llevar a tener que revisar políticas petistas como Bolsa Familia?

—De ninguna manera. El Bolsa Familia es intocable. Las políticas más criticadas como el apoyo del Bndes a intereses muy bajos ya fueron revisadas en el Gobierno Temer.

—A nivel impositivo, ¿se pueden esperar reformas?

—También en ese punto hay poca luz, ya que cuando el principal asesor del candidato trató del tema, algunos puntos muy sensibles se filtraron y Bolsonaro llamó a silencio a su equipo, por lo tanto qué se hará en ese campo es también una incógnita.

— Guedes se ha pronunciado también a favor de la privatización de las más de 140 empresas públicas. ..

—Habrá un proceso de aprendizaje, porque los principales miembros de la futura administración no tienen paso previo por la Administración Pública y tienden a subestimar las dificultades concretas que se presentan en esos casos. Se avanzará en esa dirección, pero al ritmo que indiquen los organismos de control y excluyendo las principales empresas del Estado, que Bolsonaro ya dijo que no privatizará. En principio, Petrobras, Eletrobras, Banco do Brasil, Caixa Econômica y Bndes.

—El PSL puede obtener el respaldo en el Congreso para sus "reformas liberales"?

—La clave será el timing y la nitidez de las propuestas. Si el nuevo Gobierno presenta un conjunto de propuestas con un buen diseño, claras y en base a un buen diagnóstico, mi impresión es que en el primer semestre de 2019, con 60% de popularidad, Bolsonaro tendrá fuerza para aprobar "hasta el fin de la Ley de la Gravedad". Después, la dinámica habitual hará que la popularidad se diluya y si el gobierno pierde mucho tiempo, dejará escabullirse meses preciosos, tras los cuales la aprobación de nuevas medidas se hará más difícil.

—En materia de inserción comercial, el discurso nacionalista de Bolsonaro parece colisionar con el de mayor apertura de Guedes...

—Hay dos cuestiones que se están planteando más o menos simultáneamente. Una es la diferencia de visión entre Paulo Guedes (favorable a una mayor apertura) y los grupos sectoriales tradicionalmente favorables a políticas proteccionistas. Esa discusión ya se está dando. Mi impresión es que vamos hacia una mayor apertura, pero la velocidad es un tema abierto, además obviamente de las negociaciones que eso implicarían en el ámbito del Mercosur. La segunda cuestión es el tema de China, cuya influencia es creciente y que genera preocupaciones en algunos círculos, de las cuales se ha hecho eco el mismo Bolsonaro. Al mismo tiempo, no se ve fácilmente cómo se podría limitar el acceso del capital chino cuando se abre para otros países. Probablemente habrá un debate intenso sobre estas cuestiones durante algunos meses.

—Si tuviera que definir quienes serían beneficiados y quienes perjudicados de las reformas que plantea Paulo Guedes, ¿cuál sería su opinión?

—Las reformas que él plantea están asociadas a la profundización de la inserción externa, a un intenso programa de privatizaciones y a una reforma previsional. En general, se trata de reformas que se enfrentan a una vieja disyuntiva: generan rechazos concentrados y beneficios difusos, lo cual hace que los grupos perjudicados actúen intensamente para bloquear las medidas y la gente potencialmente beneficiada no tenga muy claro tales beneficios y no actúe con la misma intensidad. Por eso, la figura del Presidente es clave, como lo fueron Cardoso en todo su Gobierno, Lula en 2003 y Temer en 2016/2017 para actuar en la microgestión política para aprobar las medidas que ellos consideraban importantes en el Congreso. Si Bolsonaro gana y está convencido de la importancia de la agenda de Paulo Guedes, él tendrá mucha fuerza para enfrentar a esos lobbies. La clave es saber hasta qué punto el nuevo equipo económico estará en condiciones de convencer al Presidente.

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