China y el engaño del renminbi

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El pasado mes de junio, China anunció un cambio en su política monetaria, acción claramente enfocada a eliminar la presión proveniente de Estados Unidos y otros países en la reunión cumbre del G-20 finalizada el pasado 27 de junio.

Desafortunadamente, la nueva política no aborda el verdadero problema, el cual es que China ha estado promoviendo sus exportaciones a expensas del resto del mundo.

De hecho, lejos de representar un paso en la dirección correcta, el anuncio chino fue un ejercicio de mala fe: un esfuerzo por explotar el autocontrol estadounidense. A fin de mantener la temperatura de la retórica en bajos niveles, la administración Obama ha recurrido al lenguaje diplomático en sus esfuerzos por convencer al gobierno chino de que ponga fin a su mala conducta. Ahora, los chinos han respondido aprovechando la forma del lenguaje estadounidense para evitar abordar la sustancia de las quejas estadounidenses. En pocas palabras, están jugando juegos.

A fin de entender qué está ocurriendo, necesitamos regresar a los elementos fundamentales de la situación.

La política cambiaria de China no es complicada ni carece de precedente, con la excepción de su gran magnitud. Es un clásico ejemplo de un gobierno que mantiene artificialmente bajo el valor en divisa extranjera de su moneda, mediante la venta de su propia divisa y la compra de moneda extranjera. Esta política es particularmente eficaz en el caso de China, ya que existen restricciones legales sobre el movimiento de fondos tanto al interior como fuera del país, lo que permite que la intervención gubernamental domine el mercado de divisas.

Además, la prueba de que China, de hecho, está manteniendo el valor de su divisa, el renminbi, artificialmente bajo es precisamente el hecho que el banco central está acumulando muchísimos dólares, euros y otros activos extranjeros: hasta ahora, equivalentes a más de dos billones de dólares. Se han efectuado todo tipo de cálculos que supuestamente demuestran que el renminbi no está realmente subvaluado, o al menos, no mucho. Pero, si el renminbi no está fuertemente subvaluado, ¿por qué China tuvo que comprar aproximadamente mil millones de dólares al día de divisa extranjera para impedir que subiera?

El efecto de esta subvaluación de la divisa tiene dos frentes: vuelve artificialmente baratos los bienes chinos para los extranjeros, al tiempo que vuelve artificialmente caros los bienes extranjeros para los chinos. Esto es equivalente a que China estuviera subsidiando sus exportaciones al mismo tiempo que impusiera un arancel sobre sus importaciones.

Esta política es sumamente nociva en momentos que buena parte de la economía mundial sigue profundamente deprimida. En tiempos normales, se podría argumentar que las compras chinas de bonos estadounidenses, si bien distorsionan el comercio al menos nos estuvieron suministrando crédito barato; y se podría argumentar que no era culpa de China que nosotros usáramos el crédito para inflar una vasta y destructora burbuja de la vivienda. Sin embargo, justo ahora estamos rebosantes de crédito barato; lo que hace falta es suficiente demanda de bienes y servicios para generar los empleos que necesitamos. Y China, al presentar un superávit artificial en comercio, está agravando ese problema.

Esto no significa, por cierto, que China salga ganando a partir de la política sobre su divisa. El subvaluado renminbi es bueno para empresas exportadoras con influencia política. Sin embargo, estas empresas atesoran el dinero en efectivo en vez de transmitir los beneficios a sus trabajadores, y de ahí la reciente ola de huelgas. En el ínterin, el débil renminbi crea presiones inflacionarias y desvía una descomunal fracción del ingreso nacional de China a la adquisición de activos extranjeros con una tasa de rendimiento sumamente baja.

Entonces, ¿dónde cuadra el reciente anuncio de política en todo esto? China ha permitido que el renminbi suba pero muy poco y todos los indicadores dicen que ver el movimiento futuro del renminbi será como ver cómo se seca la pintura: oficiales chinos siguen haciendo declaraciones en las que niegan que un aumento de su divisa tendría algún efecto para reducir los desequilibrios comerciales, y los precios en el mercado de futuros, en el que los comerciantes acceden a intercambiar divisas en diversos momentos del futuro, dejan entrever un aumento de apenas 2% en el renminbi para finales de este año. Esto, esencialmente, es una burla.

Lo que han hecho los chinos, alegan, para incrementar la "flexibilidad" de su tipo de cambio: está en moverlo más de día a día de lo que hizo en el pasado, a veces hacia arriba, a veces hacia abajo.

Por supuesto, los legisladores chinos saben perfectamente bien que aunque los funcionarios estadounidense de hecho se han pronunciado por mayor flexibilidad de la moneda, eso era meramente un eufemismo diplomático para lo que Estados Unidos, y el mundo, quiere (y tiene el derecho a exigir): un renminbi mucho más fuerte. Hacer que la divisa suba o baje un poco no marca diferencia alguna en los aspectos fundamentales.

Entonces, ¿qué viene ahora? El gobierno de China claramente está intentando dejarnos en un estado de incertidumbre posponiendo la acción hasta que algo, es difícil precisar qué, surja.

Eso no es aceptable. China necesita dejar de evitarnos y cumplir con un cambio real. Y si se niega, es hora de hablar sobre sanciones comerciales. THE NEW YORK TIMES

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