Días pasados, el Ministro de Finanzas de Japón declaró que él y sus colegas querían discutir con China las compras de bonos japoneses que ese país estaba realizando, para "examinar sus intenciones" lo que equivale en la jerga diplomática a "dejen de hacerlo en este momento". La noticia me provocó tal frustración que hubiera querido golpearme la cabeza contra la pared.
Verán, importantes personajes políticos estadounidenses han obstaculizado repetidamente cualquier cosa que se quisiera hacer respecto a la manipulación china de la moneda, al menos en parte por temor a que los chinos dejaran de comprar los bonos norteamericanos. No obstante, en el escenario actual, las adquisiciones chinas de nuestros bonos no nos ayudan sino que nos perjudican. Los japoneses lo entienden. ¿Por qué nosotros no?
Algunos antecedentes: si la discusión sobre la política monetaria china parece confusa sólo se debe a que muchas personas no quieren reconocer la realidad simple y cruda. A saber, que China mantiene su moneda artificialmente débil en forma deliberada.
Las consecuencias de esta política también son crudas y simples. En efecto, China grava importaciones mientras subsidia exportaciones, alimentando un enorme excedente comercial. Se podrán leer declaraciones de que el excedente comercial de China no tiene nada que ver con su política monetaria; de ser así, sería la primera vez que ello ocurre en la historia económica mundial. Una moneda subvaluada siempre estimula los excedentes comerciales, y el caso de China no es diferente.
Y, en una economía mundial deprimida, cualquier país con un excedente comercial artificial priva a otros países de ventas y empleos muy necesarios. De nuevo, quien quiera que afirme otra cosa está diciendo que China está, de alguna forma, exenta de la lógica económica que se ha aplicado siempre a todos los demás países.
Entonces, ¿qué deberíamos estar haciendo? Funcionarios estadounidenses han tratado de razonar con sus contrapartes chinas, argumentando que a China le convendría mucho contar con una moneda más fuerte. Tienen razón en eso: una moneda subvaluada estimula la inflación, erosiona los salarios reales de los trabajadores chinos y malgasta sus recursos. Sin embargo, mientras que la manipulación de la moneda es mala para China en su conjunto, es buena para las corporaciones chinas políticamente influyentes, muchas de ellas paraestatales. Así es que persiste la manipulación de la moneda.
Una y otra vez, funcionarios estadounidenses han anunciado progresos sobre el problema monetario; en cada ocasión, resultó que los habían engañado. En junio, Timothy Geithner, el Secretario del Tesoro, elogió el anuncio de China de que actuaría para tener un tipo de cambio más flexible. Desde entonces, el renminbi ha aumentado a un gran total de uno -correcto- uno por ciento contra el dólar, y gran parte del aumento se realizó hace unos pocos días, antes de las audiencias del Congreso planeadas para tratar el problema monetario. Y, dado que el dólar ha caído respecto de otras divisas importantes, en realidad, aumentó la ventaja artificial de costos de China.
Es evidente que nada sucederá a menos que Estados Unidos muestre que está dispuesto a hacer lo que normalmente hace cuando otro país subsidia sus exportaciones: imponer un arancel temporal que compense el subsidio. Entonces, ¿por qué nunca ha estado sobre la mesa una acción así?
Una respuesta, como ya lo sugería, es el temor por lo que sucedería si los chinos dejaran de adquirir bonos estadounidenses. Sin embargo, este temor está totalmente fuera de lugar: en un mundo inundado por un exceso de ahorros, no necesitamos el dinero de China; en especial porque la Reserva Federal podría y debería comprar todos los bonos que vendan los chinos.
Es cierto que el dólar se caería si China decidiera inundar el mercado con algunos valores en cartera estadounidenses. Sin embargo, eso en realidad ayudaría a la economía estadounidense, haciendo más competitivas a nuestras exportaciones. Se le puede preguntar a los japoneses si quieren que China deje de comprar sus bonos porque esas adquisiciones están haciendo subir al yen.
Además de los temores financieros injustificados, existe una causa más siniestra que explica la pasividad estadounidense: las empresas temen las represalias chinas.
Hay que considerar un problema relacionado: los subsidios claramente ilegales que proporciona China a su industria energéticamente limpia. Dichos subsidios deberían haber llevado a una demanda formal por parte de las corporaciones estadounidenses; de hecho, la única organización dispuesta a interponer una fue el sindicato de trabajadores siderúrgicos. ¿Por qué? Como informó The Times: "las compañías multinacionales y asociaciones comerciales en el negocio de la energía limpia, como en muchos otros sectores, han sido cautelosas al presentar demandas comerciales por temor a la reputación de represalias contra empresas conjuntas por parte de funcionarios chinos en su país, y la negativa potencial a dar acceso al mercado a cualquier corporación que tome partido contra China".
Sin duda que una intimidación similar ayudó a desalentar la acción en el frente actual. Así que éste es un buen momento para recordar que lo que es bueno para las empresas multinacionales a menudo es malo para Estados Unidos, especialmente para sus trabajadores.
Así que éstas son las preguntas: ¿los formuladores estadounidenses de políticas dejarán que los espanten fantasmas financieros y que les infunda miedo la intimidación empresarial? ¿Continuarán sin hacer nada ante las políticas que benefician a los intereses especiales chinos a expensas tanto de los trabajadores chinos como de los estadounidenses? ¿O finalmente actuarán por fin? Sigan sintonizados.