Opinión

El Brexit no es como el TLCAN

En el mundo de los simpatizantes del Brexit, el Reino Unido no va a perder mucho al abandonar la Unión Europea porque aún puede negociar un acuerdo de libre comercio con el resto de Europa.

Foto: Archivo
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Como la crisis del Brexit que se autoinfligió el Reino Unido está llegando a su punto crítico (con cierta ayuda de Putin, al parecer), considero que vale la pena hacer el intento de explicar algunos de los aspectos económicos que deberían ser evidentes —claro, lo son para muchos economistas británicos—, pero no parecen serlo para los simpatizantes del Brexit o para el público general.

Estos aspectos explican por qué Theresa May está intentando implementar un Brexit suavizado o incluso, como aseguran algunos, un BINO, por las siglas en inglés de "Brexit In Name Only" (Brexit solo de nombre), y por qué no ocurrirá la alternativa favorita de los simpatizantes de la separación del Reino Unido de la Unión Europea: acuerdos comerciales con EE.UU. y tal vez otros mercados para remplazar la UE.

En el mundo de los simpatizantes del Brexit, el Reino Unido no va a perder mucho al abandonar la Unión Europea porque aún puede negociar un acuerdo de libre comercio con el resto de Europa o, en el peor de los casos, enfrentar los bajos aranceles que la UE impone a otras economías que no pertenecen al bloque. Mientras tanto, el Reino Unido puede negociar acuerdos comerciales en otras partes, en especial con EE.UU., que compensarán cualquier pérdida que sufra del lado de la Unión Europea.

¿Qué tiene de malo esta historia? Lo primero que se debe entender es que la Unión Europea no es un acuerdo de libre comercio como el Tlcan, sino que es una unión aduanera, lo cual es considerablemente más sólido y favorable para el comercio.

¿Cuál es la diferencia? En el Tlcan, la mayoría de los productos mexicanos pueden entrar a Estados Unidos sin pagar aranceles. Sin embargo, México y EE.UU. no cobran los mismos aranceles a las importaciones de terceros. Esto quiere decir que los productos mexicanos que entran a Estados Unidos todavía deben enfrentar una inspección en las aduanas para garantizar que en verdad son productos mexicanos y no, digamos, productos chinos que se descargan en México y cruzan la frontera en camión para evitar el pago de aranceles estadounidenses.

Y de hecho es peor que eso porque ¿qué es un producto mexicano en todo caso? El Tlcan ha elaborado reglas sobre la cantidad de contenido mexicano que necesita un producto para obtener la calificación que garantiza la exención del pago de aranceles, y esto añade mucho papeleo y muchas fricciones al acuerdo de Norteamérica.

En contraste, la Unión Europea establece aranceles externos comunes, lo cual implica que, una vez que un país es parte del bloque, ya no debe preocuparse: cuando los productos se descargan en Rotterdam, se pueden enviar a Francia o Alemania sin que los revisen en las aduanas. Por lo tanto, hay muchas menos fricciones.

Además, las fricciones, y no los aranceles, son la fuente de las quejas que tienen los negocios a medida que se acerca el Brexit. Por ejemplo, la industria automotriz del Reino Unido depende de la producción just in time, con inventarios con pocas autopartes, pues actualmente es capaz de contar con la rápida llegada de partes desde Europa. Si el Reino Unido abandona la unión de aduanas, el riesgo de que haya retrasos volvería inviable el proceso y aumentaría los costos de manera sustancial.

Estas fricciones también explican por qué los estimados del costo del Brexit se pueden comparar con los estimados del costo de una guerra comercial en el mundo, aunque la reducción que se predijo es mucho menor en volúmenes comerciales.

Sin embargo, aunque salir de la unión aduanera fuera costoso, ¿el Reino Unido no podría compensar esa pérdida con un buen acuerdo con los Estados Unidos de Donald Trump? No.

Por supuesto que Estados Unidos no podría ofrecer reducciones arancelarias de gran valor, por la sencilla razón de que nuestros aranceles a los productos de la Unión Europea ya son bastante bajos, del mismo modo que sus aranceles a nuestros productos. Se pueden encontrar ejemplos de aranceles altos, como nuestro impuesto del 25% a los camiones ligeros, pero en general simplemente no hay mucho para dar.

¿Y qué pasaría si Estados Unidos y el Reino Unido formaran una unión aduanera? Sería muy problemático, entre otras cosas porque, dada la asimetría en el tamaño, el Reino Unido daría de forma efectiva un control total de su política a Estados Unidos. Más allá de eso, ningún acuerdo con EE.UU. valdría lo mismo que una unión aduanera entre el Reino Unido y sus vecinos, por la gravedad.

Una de las relaciones mejor establecidas en economía es la llamada ecuación de gravedad para el comercio entre dos países cualesquiera, según la cual la cantidad de comercio depende de manera positiva del tamaño de las economías de los dos países, pero de forma negativa en la distancia que hay entre ambos. Esto se puede ver con claridad en las exportaciones británicas. El punto es que, aunque Estados Unidos ofrece un mercado que se puede comparar en tamaño con el de la Unión Europea, está mucho más lejos, tanto que, incluso si el Reino Unido pudiera cerrar un acuerdo increíble con nosotros, estaría lejos de tener el valor que tiene la unión aduanera con los europeos.

Todo esto explica por qué May intenta negociar un acuerdo que mantenga intacta la fusión de las aduanas. Sin embargo, claro que eso no sería una salida: Bruselas aún establecerá la política comercial del Reino Unido, con la diferencia de que los británicos ya no tendrán un voto. Así que, ¿cuál era el punto del Brexit en primer lugar?

Buena pregunta. Lo malo es que mucha gente no se lo preguntó antes del referendo.

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