El rápido desarrollo de la economía brasileña se ve reflejado en el crecimiento de sus mercados de capitales. La Bolsa de Valores del Estado de San Pablo (Bovespa) es uno de los mayores beneficiarios de esta corriente porque es actualmente el único mercado accionario que funciona en Brasil. Pero su posición privilegiada está bajo amenaza ya que algunos jugadores internacionales están pensando en quebrar ese monopolio de hecho.
Una bolsa de valores norteamericana relativamente joven, Direct Edge, ya anunció sus intenciones de instalar una nueva plataforma de transacciones en Río de Janeiro a fines de 2012. Con anterioridad, otra firma estadounidense, BATS Global Markets, había revelado que estaba estudiando la creación de una nueva bolsa en Brasil. En realidad, los competidores potenciales se sienten atraídos por una economía en plena expansión cuyos mercados de capitales aún en vías de desarrollo ofrecen grandes posibilidades de crecimiento.
A fines de 2003 la capitalización del mercado interno en Bovespa era de US$ 553.000 millones, mientras que en octubre de este año el valor de las empresas inscriptas totalizó unos US$ 1,4 billones (españoles), según la Federación Mundial de Bolsas. Pero el mercado accionario brasileño no es inmune a los problemas financieros globales ya que solo once ofertas públicas iniciales se han concretado este año, bastante por debajo de las cifras registradas en 2010. Bovespa calcula que unas 40 firmas están listas para lanzar ofertas públicas iniciales tan pronto como mejoren las condiciones financieras mundiales. De acuerdo con sus propias proyecciones, se alcanzaría la meta de 200 nuevas ofertas en 2015.
Al igual que Bovespa, las otras bolsas que han puesto sus ojos en Brasil estiman que las empresas locales harán un mayor uso de los mercados de capitales en un futuro cercano. Hasta ahora la evidencia es variada, salvo en algunos años extraordinarios como fue 2007. Hay menos de 380 firmas que cotizan en Bovespa, un número que no impresiona por ser la economía brasileña la séptima mayor del mundo. Más aún, pocas de sus acciones ofrecen una liquidez significativa a los inversores. Las transacciones con papeles de la minera Vale y la petrolera estatal Petrobras tradicionalmente representan alrededor de una quinta parte del valor total operado en ese mercado. En una jornada normal, la mitad de la operativa accionaria se basa en la compraventa de títulos de menos de diez empresas, incluyendo a los grandes bancos, como Itaú Unibanco y Bradesco, y algunas pocas compañías prestigiosas.
OBSTÁCULOS. En Brasil el alto costo de las ofertas públicas iniciales desanima a muchos candidatos potenciales. Este es uno de los argumentos generalmente esgrimidos por quienes están pensando quebrar el control que ejerce Bovespa en la plaza local. Sin embargo, existen importantes obstáculos culturales para ampliar el mercado accionario, ya que muchas empresas familiares brasileñas no están dispuestas a ceder parte de su poder a inversores externos.
Para combatir la percepción de las desventajas que tienen los pequeños inversores en valores bursátiles, Bovespa creó un segmento separado, Novo Mercado, en donde las empresas necesitan cumplir con normas de gobernanza corporativa que van más allá de los mínimos legales. En los últimos diez años, 126 compañías se han adherido a esta regulación amistosa para el inversor y, en años recientes, la mayoría de las ofertas públicas iniciales han sido colocadas a través de Novo Mercado. En teoría, las futuras bolsas de valores podrían proponer requisitos menos exigentes y, por tanto, menos costosos, a efectos de atraer nuevas empresas cotizantes. Esto, sin embargo, parece poco probable.
Un nicho más prometedor para una nueva bolsa sería conseguir la inscripción de pequeñas y medianas empresas, que hoy están menos dispuestas a cotizar públicamente que sus grandes competidores. No obstante, Bovespa Mais, una plataforma diseñada para firmas más pequeñas, solo ha podido atraer a dos firmas desde que inició sus actividades en 2008. Se menciona que los costos y el papeleo burocrático son los principales obstáculos para el crecimiento de este segmento en la Bolsa de San Pablo.
Sin embargo, habría potencial para construir una plataforma más simplificada que apunte a reducir los costos de inscripción y que no sea mezquina en establecer normas de gobernanza y de otro tipo para proteger al inversor. No hay que olvidar que se están creando miles de compañías para suministrar productos y prestar servicios a Petrobras a medida que empieza a explotar las enormes reservas energéticas de Brasil. Esas empresas necesitan capital y los inversores están predispuestos a proporcionar fondos a cualquier negocio relacionado con el gigante petrolero brasileño. Este podría ser el mercado objetivo para una nueva clase de bolsas de valores de bajo costo.
MARATÓN. Al haber quedado claro que Bovespa podría enfrentar una seria competencia de nuevas plataformas bursátiles, el precio de sus propias acciones está bajo presión. Su valor ha descendido alrededor del 15% este año (hasta principios de diciembre). Como respuesta a esa amenaza, sus directivos están anunciando la modernización de su tecnología y la concreción de acuerdos con socios internacionales con el fin de facilitar el uso de su plataforma a los inversores extranjeros. También se están revisando sus tarifas. Más aún, Bovespa ha puntualizado que no permitirá bajo ningún concepto que un nuevo competidor utilice sus servicios de clearing, con lo cual se encarecerían significativamente los costos iniciales de cualquier mercado bursátil que quiera tener presencia en Brasil.
Más allá de que, finalmente, nuevos operadores bursátiles decidan instalarse en Brasil, aun los competidores más decididos encontrarán barreras formidables y tendrán que sostener una larga lucha para lograr que Bovespa afloje su control del mercado.
Fuente: Business Latin America, un semanario del Economist Intelligence Unit.