Los acontecimientos que se están sucediendo en el escenario internacional marcan un punto de inflexión en la excepcional coyuntura económica por la que atravesó la economía uruguaya en los últimos años. Por el momento, es difícil aventurar cuál será la magnitud del impacto, pero se puede afirmar que el nivel de actividad se enlentecerá de manera importante.
En este contexto, el resultado de las cuentas públicas adquiere mayor relevancia. No porque en épocas de bonanza no la tenga. Por el contrario, la estabilidad económica radica en la solidez de las finanzas públicas. Pero en épocas de expansión y liquidez internacional, como las que vivió el país en los últimos años, los déficits en que se pueda incurrir, en la medida que sean manejables, tienen financiamiento asegurado en el mercado.
Si bien lo aconsejable es ahorrar en esos momentos, previendo la reversión del ciclo, muchas veces la disponibilidad del crédito tienta a las autoridades económicas a llevar a cabo distintos planes que, presentados como de carácter social, no dejan de representar en última instancia mayores gastos salariales.
El déficit acumulado del sector público en los últimos doce meses a julio del presente año se ubicó en el 1,3% del PIB. En un contexto de bonanza internacional es manejable. Pero al cambiar el ciclo, comienza a preocupar, ya que tiende a agravarse. En primer lugar, porque al enlentecerse la economía, lo mismo pasará con la recaudación. Ante un gasto rígido a la baja y con compromisos asumidos de más erogaciones (Educación y Fonasa), el resultado tiende a deteriorarse.
Por otro lado, comienzan a operar estabilizadores automáticos. Es el caso del seguro de desempleo, ya que no es de esperar que el mercado laboral continúe mostrando el dinamismo de los últimos tiempos.
DÓLAR. No hay que perder de vista los probables impactos en los precios relativos. El país sufre una pérdida de competitividad importante, pero poco se puede hacer para elevar la cotización del tipo de cambio dada la abundante liquidez internacional y el ingreso de capitales a la región. No obstante, en los últimos días se observó un comportamiento al alza del tipo de cambio en el mercado local, respondiendo a la suba que experimentó en Brasil. Las autoridades de ese país hace tiempo que han manifestado su preocupación por la pérdida de competitividad. Dado el régimen cambiario vigente (flotación) una devaluación no es posible. Pero sí se pueden adoptar medidas tendientes a enfriar la demanda interna a través de la reducción del gasto público (con su impacto en los precios no transables) y otras tendientes a desalentar el ingreso de capitales (baja de la tasa de interés). Las autoridades brasileñas han estado actuando en esas áreas. Si la suba que experimentó el dólar frente al real en los últimos días responde a ello o es transitoria debido a la incertidumbre global, es muy pronto para decirlo. Lo cierto es que un ajuste de precios relativos en la región es una hipótesis que adquiere una mayor probabilidad.
Tal ajuste necesario desde la perspectiva de los sectores productivos, fundamentalmente los exportadores, impactaría negativamente en las cuentas públicas al aumentar el peso de los intereses. A través de la Oficina de Deuda se ha llevado a cabo un manejo profesional de la misma, extendiendo plazos y modificando la estructura por monedas. De todas formas, el 65% de la deuda del sector público no financiero está nominada en moneda extranjera, fundamentalmente dólares. En los últimos años, ante la apreciación de la moneda local, disminuyó la carga de intereses. Según sea el cambio en los precios relativos, esa carga puede aumentar. Y, por otra parte, será la verdadera prueba de fuego del proceso de pesificación que experimentó la economía en los últimos tiempos.
La magnitud del deterioro es difícil de cuantificar por el momento, pero ello impondrá una restricción futura, ya que también cabe esperar un endurecimiento en las condiciones de acceso al crédito. Las autoridades han anunciado que cuentan con financiamiento para el próximo año y medio. Visto así, los problemas de financiamiento se pondrían de manifiesto a partir de 2014. Habría que ir tomando desde ya medidas para enfrentarlos sin mayores sobresaltos.
Si se compara el déficit actual con el cierre del año anterior, se constata un deterioro equivalente a 0,24 puntos del PIB. Un año atrás, el déficit era inferior a un punto (0,76%), tal cual se muestra en el Gráfico N° 1.
Las empresas públicas (EEPP) son las principales responsables de este deterioro. A julio, su resultado primario corriente fue superavitario en 1,3 puntos del PIB, inferior al acumulado a lo largo de 2010 (2,2%) y al constatado un año atrás (2,8%). Tal deterioro se explica por la política tarifaria que en los últimos meses se instrumentó pensando más en los impactos inflacionarios (en el IPC para ser más exactos) y no en el resultado operativo. Ancap es el caso más claro. De acuerdo a la paramétrica de esta empresa, el costo de los combustibles representa aproximadamente dos tercios del precio final. Los aumentos del crudo no se trasladaron totalmente y en la actualidad equivalen al 78%.
¿AJUSTE? Pero si se centra el análisis en el resultado consolidado Gobierno Central-BPS que, en última instancia es quien refleja el desempeño fiscal, la historia es un tanto distinta. En los doce meses finalizados a julio del presente año, su resultado global fue deficitario en 0,9% del PIB. A diciembre era más alto (1,1%) y un año atrás se situó en 1,5%.
La mejora responde a un aumento de los ingresos superior al de los egresos. Dadas las distorsiones que se generaron tanto en 2010 como en 2011 debido al adelanto de los salarios y pasividades por la semana de turismo (cayó en trimestres distintos en cada año) lo mejor es comparar el acumulado de cada año. En los siete primeros meses de 2011, los ingresos se incrementaron 5,3% en términos reales, mientras que los gastos lo hicieron un 4,1%.
En el contexto actual, es relevante analizar la evolución del gasto. La primera reflexión que surge es que, en su conjunto, está evolucionando a un ritmo más acorde a una tendencia de largo plazo de la economía. No obstante, la evolución por rubros muestra algunos aspectos que hacen dudar que estemos en presencia de una moderación del gasto.
Mientras suben los salarios, pasividades y transferencias, caen los gastos no personales e inversiones (ver Gráfico N° 2). Se reitera el típico ciclo del gasto público en Uruguay, en el que las inversiones caen en el primer ejercicio presupuestal, para ir subiendo en los años siguientes hasta alcanzar un máximo en el año electoral. En tal sentido, y ante los graves problemas de infraestructura que sufre el país, es dable esperar un aumento en los años venideros, por lo que no cabría hablar de una moderación del gasto. No obstante, por la vía de los hechos, las restricciones fiscales que se vislumbran, dirán si es posible llevar a cabo las inversiones necesarias, dada la rigidez de los restantes componentes.
De hecho, estos últimos que representan el 80% del gasto primario (sin intereses) siguen aumentando a tasas superiores a la tendencia de largo plazo de la economía, tornando cada vez más rígido el gasto público. En particular, dentro de las transferencias sobresale nítidamente el Fonasa que, debido al ingreso de nuevos colectivos, se incrementó 10,6% en términos reales.
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|Indicadores |
Aumenta la rigidez del gasto público
(Viene de la pág. 7)