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Working Holiday: conocer el mundo trabajando

La visa que permite a jóvenes uruguayos a vivir en el extranjero por un año y trabajar de forma legal. Nueva Zelanda y Australia son los destinos preferidos.

Antonella y Kevin viven en Niza, Francia
Antonella y Kevin viven en Niza, Francia

Un año puede pasar rápido, puede hacerse eterno, puede ser intenso o puede ser interminable. Puede tener distintas formas y apreciaciones. El tiempo es siempre relativo y lo único cierto es que un año son 365 días. Por lo demás, un año depende siempre de cómo decidamos vivirlo. Y vivir doce meses en el exterior puede tener tantas formas como personas decidan hacerlo, aunque hay algo que casi siempre se repite: estar un tiempo viviendo en un país diferente al nuestro es, por lo menos, una experiencia intensa. Desde hace un tiempo en Uruguay existe la posibilidad de acceder a las Working Holiday Visa (vacaciones y trabajo, en español). Son acuerdos que tiene el estado con cinco países diferentes mediante los cuales los jóvenes uruguayos pueden irse a vivir un año afuera con la posibilidad de conseguir trabajos de forma legal. Y son cada vez más los que deciden irse.

Nueva Zelanda, Australia, Francia, Alemania y Suecia. La experiencia de vivir en cada uno de ellos es una historia distinta. A veces se trata de sobrevivir, otras de encontrar el trabajo ideal, de conocer gente nueva, de compartir piso con personas de todas partes del mundo, de trabajar de lo primero que surja, de aprender idiomas. A veces se trata de sentirse más libre que antes, de quedarse o de irse, de no atarse a nada ni a nadie. De vivir intensamente cada momento, con la extrañeza y la curiosidad de lo nuevo sabiendo que un día nunca va a ser igual a otro. Nueva Zelanda, Australia, Francia, Alemania y Suecia. En esta nota hay una historia por cada país.

Francia 

En setiembre se les termina la Working Holiday Visa (WHV) y con ella se termina su vida francesa. Se termina Niza y su playa celeste con piedras grises y la plaza con piso de ajedrez y sus edificios de colores. Se les termina, pero los lugares, los paisajes y las experiencias que tuvieron este año, quedan. Queda el recuerdo del apartamento en el centro de la ciudad al Sur de Francia y el de haber conocido juntos la nieve, queda el idioma, quedan los compañeros de trabajo, quedan las anécdotas.

Antonella (26) y Kevin (25) son novios y decidieron irse a Francia porque sí. Porque era una de las opciones de la WHV, porque ella había visitado París hacía dos años y le había gustado la ciudad, porque querían vivir la experiencia.

Cuando llegaron a Francia se quedaron una semana en París y otra en Beauvais, al Norte. “Estábamos entre vivir en Niza o en Marsella. Pero nos dijeron que Niza era mucho más lindo y que era muy seguro. Nos empezamos a informar y nos encantó. Al llegar primero a París nos desorientamos y pensamos en vivir ahí. Pero luego lo razonamos y decidimos mudarnos al Sur, que tenía playa y nos íbamos a sentir más en casa. Y así fue”, dice Antonella.

Ellos decidieron irse y un mes después estaban en Francia, sin hablar francés, sin conocer a nadie. Al comienzo fue todo incertidumbre, sobre todo porque para conseguir trabajo el idioma era una barrera. Kevin entró a trabajar de mozo a un restaurante en el que está hasta ahora. “Le dieron la oportunidad sin tener experiencia en restaurante ni atención al público y sin hablar francés ni inglés. Fue muy loco. Yo trabajé un mes como moza cuando llegamos. Luego realicé una capacitación para trabajar en una tienda de macarons pero el idioma me limitó. Y ahora estoy trabajando de vendedora en una tienda de ropa desde diciembre del año pasado”.

Durante los primeros cinco o seis meses Antonella, que es muy unida con su familia, pensó que no iba a aguantar, que estar lejos no era para ella y mucho menos en un país en el apenas entendía cuando la saludaban. Pero, como todo, fue cuestión de tiempo. “El saber que es un año y volvés ayuda a disfrutar y valorar el hecho de estar viviendo esta experiencia. ‘No es que te fuiste sin saber cuándo volvés. Es por un tiempo. Ya pronto vas a estar en Uruguay. Aguantá y disfrutá del presente’. Eso me dije y me digo cada vez que pienso en volverme. La vida pasa rápido y hay que animarse a vivir los sueños. Si no es ahora, ¿cuándo?”.

Nueva Zelanda 

Fabricio se fue a Nueva Zelanda en 2017
Fabricio se fue a Nueva Zelanda en 2017

Fabricio (25) cree que cada persona tiene que encontrar el momento indicado para irse “porque claramente uno deja todo el confort, por llamarlo de alguna manera, al momento de partir”. En 2017, después de que un amigo le contara sobre la experiencia en Nueva Zelanda, Fabricio también quiso vivirla. “Me picó el bicho de querer viajar y conocer no solo la parte turística, sino también cultural, social, el día a día. Yo no estaba en un muy buen momento personal, lo que también me incentivó a irme, era como empezar de nuevo”.

La WHV para Nueva Zelanda se otorga en Uruguay desde 2003. Al principio se daban cien cupos. “Pero las personas que la solicitaban no pasaban de 70”, dice Ricardo Shaw, cónsul honorario de Nueva Zelanda en Uruguay. En un momento, la visa para ese país “explotó y por tres años se llenaron los cupos, hasta que Nueva Zelanda los subió a 200”.

Intentar obtener esta visa implica saber que a los seis o siete minutos desde que se abre la convocatoria (a mediados de octubre) los 200 cupos se acaban. Ese fue, justamente, el momento más complicado del proceso para conseguirla para Fabricio. “Yo pagué una empresa para que me hiciera todos los trámites previos, pero el momento en el que largan las visas entra mucha gente, se enlentece todo y es el momento definitivo para saber si podés hacer el viaje o no”.

Fabricio se fue a Nueva Zelanda con un conocido. Y como en estos viajes no hay nada seguro más que el pasaje de regreso a Uruguay, al cuarto día de llegar se compraron un auto porque no encontraban dónde quedarse. “El auto iba a ser nuestro techo por esa noche y tal vez alguna más. La cuestión fue que esa misma noche arranca a llover muy fuerte, y a medianoche un compañero se levanta con los pies mojados y no sabíamos porqué. Prendemos la luz y la peor noticia: el auto se llovía. Creo que comprábamos un pato y se nos ahogaba”.

Aunque al principio le costó adaptarse a vivir en inglés, una vez que consiguió trabajo hizo de todo y en todos lados: “Trabajé en todos los trabajos de temporada, en picking (recolectar kiwis), en una construcción, de ayudante de cocina en un centro de ski (Whakapapa) y finalmente en el campo de tractorista”. Al final, dice Fabricio, lo que queda son los paisajes, las personas, los momentos. “Me ayudó a abrirme, a conocerme a mí mismo”.

Alemania

Laura trabaja como guía turística en Berlín
Laura trabaja como guía turística en Berlín

A veces a Laura (24) le duele la distancia, estar lejos, saber que sus cinco sobrinos están creciendo demasiado rápido. Se fue a Alemania en enero de este año pero, hasta ahora, nunca pensó en regresar a Uruguay antes de que se le termine la WHV por la que viajó. “Me gustaría extenderla (aunque esta visa no se puede), pero no me pierdo el final de esta aventura ni loca”.

Cuando llegó se fue directo a vivir con su mejor amigo (a quien no veía hacía dos años) y su novio, en el apartamento en el que aún viven en Berlín. “Vivir en Berlín es una locura. Te pasan cosas que no podés creer a todo momento”.

Para ella lo mejor de la experiencia es eso, vivir sola, reencontrarse con sus amigos y hacer nuevos, adaptarse a un país que muchas veces funciona de manera inesperada. “Encontrarme de repente con que vivo en Berlín, y que ya soy parte de la ciudad”.

Laura es actriz. Cuando recién llegó trabajó como babysitter pero enseguida consiguió trabajo como guía turística. “Y me enfoqué en eso porque la verdad está buenísimo. Además trabajo en una compañía de campamentos en inglés, así que cada tanto me voy una semana a un pueblo remoto de Alemania para trabajar como profe de inglés y teatro. El último de estos campamentos fue en un velero navegando por el Mar Báltico. La verdad no me puedo quejar.”

Australia 

María Inés y María Eugenia son amigas y se fueron juntas a Australia
María Inés y María Eugenia son amigas y se fueron juntas a Australia

Trabajaron cortando árboles en Picton, en un tambo en Tasmania, y como mozas y jardineras en Melbourne, donde además limpiaron un hostel a cambio de que les dieran alojamiento. Juntaron dinero, se compraron un auto y recorrieron el país de punta a punta. En el medio llegaron a trabajar en el hotel de un chino que no les iba a pagar, literalmente, nada. Se asustaron, decidieron que no querían estar ahí, cargaron las cosas en la camioneta y, cuando el chino no las vio, se fueron.

María Inés y María Eugenia tienen 25 años, son ingenieras agrónomas y acaban de regresar a Uruguay. Antes vivieron juntas por un año en Australia y en octubre se van de nuevo. Antes, mucho antes, terminaron juntas la facultad y decidieron que pasar un tiempo lejos era lo mejor.

La WHV para Australia es una de las que más ha crecido en los últimos tiempos. Empezó a concederse en 2016, con 200 cupos disponibles. El primer año se presentaron entre 20 y 30 personas, según Alfredo Taullard, cónsul honorario de Australia en Uruguay. En el último año los cupos estuvieron “prácticamente todos completos”. Esta visa, a diferencia de las demás, tiene algunas exigencias particulares (ver recuadro aparte).

Para María Inés, haber tenido que preparar un examen de inglés fue una de las partes más complicadas del proceso para solicitar la visa, “porque hasta no saber el resultado, a ver si llegás o no a los puntos que te piden, no podés solicitarla”. Una vez que el examen estuvo listo, lo que siguió fueron un montón de trámites burocráticos que, dicen, no fueron tan complicados.

Si tienen que decir qué es lo mejor de la experiencia, no saben con qué quedarse. Es todo. Es la libertad, la independencia, el vivir el día a día de un país tan distinto. “Es como que vivís de forma tan intensa por un año que todo lo que te pasa es un aprendizaje. Quizás en algún momento te fue mal en algo, pero después te das cuenta de que al final estuvo bueno. Creo que lo que más valoro es que te das cuenta de que no importa si tenés un título universitario, podés trabajar de cualquier cosa, no es esencial que trabajes de lo que estudiaste. Yo esto lo hice por decisión propia, pero si el día de mañana no encuentro un trabajo relacionado a mi carrera, sé que puedo trabajar de cualquier otra cosa. Porque uno se puede adaptar a lo que sea. Y aprender eso estuvo bueno. Se te van todos los prejuicios”.

Suecia

Pablo vive en Suecia desde mayo de 2019
Pablo vive en Suecia desde mayo de 2019

Lo único que Pablo tenía claro era que quería cambiar su vida de forma radical, que la rutina lo estaba secando cada vez más y que irse a vivir al extranjero siempre había sido una opción. Aplicó a la WHV para Suecia y Alemania, las únicas que hasta ahora no tienen un cupo limitado. Esperó dos meses para saber si se podía ir o no y la noche del 31 de diciembre de 2018 se lo contó a su familia: se iba a ir a vivir a Suecia por un año en mayo de 2019. En ese momento, dice Pablo, fue cuando empezó a disfrutar de la experiencia, antes de subirse al avión, antes de llegar a Suecia.

“Los primeros dos meses los pasé en Estocolmo; al ser la capital y donde más población hay es lo que te recomiendan para cuando recién llegas ya que dice el mito que al haber más oferta laboral es más fácil conseguir trabajo. Es una ciudad multicultural, donde no es necesario saber sueco. Todo el mundo habla inglés, desde niños hasta adultos mayores”.

Vivió en un hostel y después se mudó a un apartamento con dos chicas argentinas y una chilena que estaban allí con la misma visa. Pero Pablo fue la excepción y no pudo conseguí trabajo en Estocolmo, así que decidió irse. “Actualmente estoy en Malmö, la tercera ciudad más grande de Suecia. Conseguir trabajo acá me costó solo cuatro días, en un restaurante como asistente de cocina. Un trabajo para el cual no tenía ninguna experiencia”. Además pasea a una perra de 14 años una hora por día, cinco veces por semana, y comparte el apartamento con una pareja de Argentina que también están por la misma visa.

Pablo es Licenciado en Relaciones Internacionales pero, dice, en Suecia no importa el título. “Uno sabe que los trabajos no calificados son a los que va a aplicar porque en general la mayoría de los puestos calificados te solicitan saber sueco o haber revalidado el título”.

Vivir solo en un país distinto le devolvió la vitalidad, la curiosidad y la alegría que la rutina le había quitado. Aunque no sabe dónde estará el mes que viene ni con quién, lo que es seguro es que toda esta experiencia lo está haciendo crecer. Se trata, dice Pablo, de animarse a vivir la vida que uno quiere vivir. De encontrarse a uno mismo en otro contexto y en otra realidad, de mirarse desde una perspectiva diferente, de empezar de cero, de aventuras, de anécdotas. Se trata de conocer el mundo y en él, a nosotros mismos.

australia

Una de las que más ha crecido 

La WHV para Australia se abrió por primera vez en Uruguay en 2016. “Desde entonces hubo un crecimiento exponencial. Pasamos de tener un número en torno a las 20 o 30 personas, al día de hoy que estamos con los 200 cupos casi llenos para la visa”, dice Alfredo Taullard, cónsul honorario de Australia en Uruguay.

La WHV para Australia, sin embargo, tiene algunos requisitos que no tienen las demás: exige un alto nivel de inglés y haber completado y poseer estudios terciarios, o haber completado exitosamente al menos dos años de estudios universitarios de grado.

“Australia generalmente apunta a que sean personas con un poco más de formación. Me imagino que debe haber algo vinculado también a que las personas que vayan tengan la posibilidad de alcanzar trabajos más calificados eventualmente”, dice Taullard.

Por lo demás, los requisitos son similares a las demás WHV: tener entre 18 y 30 años, contar con un monto de dinero y el pasaje de vuelta y tener pasaporte uruguayo, entre otros que se encuentran en la página de la embajada de Australia.

nueva zelanda

Una visa desde 2003

Para conseguir la Working Holiday Visa para Nueva Zelanda hay que estar atentos y solicitarla en los primeros minutos en los que largan los cupos. Esta visa está disponible desde 2003 y es una de las más solicitadas.

El octubre pasado, dice Ricardo Shaw, cónsul honorario de Nueva Zelanda, se contabilizaron más de 1.200 solicitudes de pasaportes uruguayos”. Eso sin tener en cuenta a los uruguayos que postulan con pasaporte español e italiano. España también tiene un cupo de 200 visas e Italia no tiene un cupo limitado, “es casi un pase directo”, explica Shaw.

A diferencia de las otras, Nueva Zelanda extiende la edad de los 18 a los 35 años para la solicitud. Además requiere de “un examen médico de placas pulmonares que se hace aquí en Uruguay (Hospital Británico)”. Esta visa no exige idiomas, pero, dice Shaw, “hay que ser rápido en llenar el formulario, no equivocarse pues hay veces que en la rapidez del llenado se eligen países que no corresponden. Después es imposible explicar que fue un error”, cuenta. "Siempre sugiero que se asesoren con empresas que se dedican a vender Working Holidays, pues es un costo que de todas maneras deben de incurrir, y la experiencia y apoyo de estas empresas es importante".

Para Shaw, la WH es una " herramienta fantástica para ayudar al desarrollo de nuestro jóvenes.Una experiencia de vivir por sus medios, ver que es posible ser un país como Nueva Zelanda en base a nuestro esfuerzo, mejorar el idioma, convivir con gente de sus edades, que está en la misma, de decenas de países de todo el mundo".

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