NOMBRES

Wali: padre de familia de día, asesino en las sombras

El francotirador más famoso del mundo se encuentra apoyando la defensa de Ucrania ante la invasión rusa. En su casa de Canadá, dejó a su joven esposa y a su hijo de un año de edad.

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Wali trabaja en Canadá como informático.

En Canadá, su país de residencia, vive una vida -se podría decir- “normal”, junto a su joven esposa y su hijo de un año, trabajando como experto en informática. Pero cuando viaja al exterior, a zonas en conflicto, lo hace para matar gente. Nadie sabe cuál es su nombre real, pero sí se conoce su rostro. Dicen que “Wali” (el apodo con el cual se ha hecho famoso), es “el mejor francotirador del mundo”. Hoy se encuentra en Ucrania, ayudando a las tropas del presidente Volodímir Zelenski a hacer frente a la invasión rusa.

Cuando Kiev anunció la creación de la Legión Internacional de Defensa Territorial Ucraniana, Wali no dudó. “Hay varios grupos informales de exsoldados que han estado activos y están comenzando a responder a la llamada”, dijo entonces el francotirador en diálogo con el periódico canadiense La Presse.

El experto tirador respondió así a la llamada que el presidente de Ucrania hizo al mundo: “Todos los extranjeros que deseen unirse a la resistencia contra los ocupantes rusos y proteger la seguridad internacional están invitados por el gobierno ucraniano a venir a nuestro territorio para unirse a las filas de nuestras fuerzas territoriales”.

Muchas cosas se han dicho de este canadiense de 40 años, creando una especie de mito en torno a su figura. Incluso hace algunas semanas, en medio de la guerra en Ucrania, se llegó a decir que había muerto al poco tiempo de haber pisado el país que viene siendo devastado por las fuerzas de Vladímir Putin.

Un militar experiente 

Hijo de madre canadiense y padre ecuatoriano, formó parte de las Fuerzas Armadas de su país durante 12 años. Estuvo en un regimiento de artillería en Nuevo Brunswick, en la infantería en Quebec y participó en dos misiones en Afganistán, donde cumplió tareas de patrullaje y formó a tropas locales. Pero según ha advertido El País de Madrid, su figura empezó a llamar la atención en 2015, pocos meses después de darse de baja del Ejército, cuando decidió viajar al norte de Irak para luchar contra el Estado Islámico (ISIS) con los Peshmerga, la milicia kurda. “El único lenguaje que comprenden los yihadistas es el de la violencia”, dijo en aquellos días turbulentos en una entrevista.

Cuando regresó de Irak a Canadá en octubre de 2015, tras cuatro meses con los Peshmerga, empezó a trabajar como informático. Después conoció a su actual pareja, con la que tuvo un hijo. “Mi situación familiar ahora es distinta a la que tenía cuando me uní a los kurdos, pero no podía negarme”, dice.

Según el periódico español (al que Wali le ha concedido entrevistas), en ese conflicto se forjó una reputación de combatiente que apoya las causas ajenas. Y con esa fama llegó a Ucrania, convocado por un exmilitar amigo, que le dijo que debían apoyar a las tropas de Zelenzki en un desigual conflicto con una de las mayores potencias militares del mundo, que viene arrasando con cuanta infraestructura y población civil se le cruza por el camino. “Me dijo que necesitaban un francotirador. Es como que un bombero oiga sonar la sirena. Tenía que ir”, señaló. Y agregó: “Lo sé, es horrible, pero yo, en mi cabeza, cuando veo las imágenes de destrucción en Ucrania, es a mi hijo al que veo en peligro y sufriendo”.

Wali ha dicho que estaba al tanto de las tensiones entre Kiev y Moscú, pero no conocía los pormenores del conflicto. Lo que lo conmovió, aseguró, fueron las imágenes que el mundo está viendo sobre la invasión. “No todo es negro o blanco, pero lo que vimos fue una agresión a gran escala”, sostuvo.

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Wali es hijo de madre canadiense y padre ecuatoriano.

Vivito y coleando

A mediados de marzo, algunos medios rusos (que muy poca independencia tienen para abordar el tema de la guerra) informaron que Wali había muerto durante uno de los ataques a la asediada ciudad de Mariúpol. Hacía muy poco que había llegado a Ucrania y la noticia tuvo un impacto mundial (ni que hablar en su familia canadiense), pero no demoró mucho en desinflarse.

“Me sorprendió una fake news tan simple. Mejor hubieran dicho que asesiné a prisioneros de guerra”, afirmó después el experto tirador, que ni siquiera había combatido en esa ciudad portuaria.

El 22 de marzo, durante una entrevista transmitida por CBC, Wali aclaró que estaba luchando en la capital, Kiev, y en sus alrededores. “Estoy vivo (...) seguramente fui la última persona en saber sobre mi muerte”, ironizó.

Ese mismo día, subió a su perfil de Facebook una foto suya en un pelotero, con la que expresó que los rumores de su muerte eran “completamente ridículos”. La página de Facebook de Wali se creó en 2015 e incluye enlaces a otras redes sociales y a su blog, en el que promueve varios libros que ha escrito.

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A mediados de marzo, algunos medios rusos dijeron que había muerto.

Acciones "quirúrgicas"

Mientras los soldados pueden matar a mansalva con misiles, bombas e incluso drones, los francotiradores cumplen un rol tan puntual como esencial para los planes militares estratégicos.

Uno de los oficiales de mayor rango de Rusia abatido en combate fue el general Andrey Sukhovetsky. Y según se filtró por fuentes militares ucranianas, un francotirador de identidad desconocida fue quien le disparó a 1.500 metros de distancia. La muerte de ese subcomandante del ejército de la 41ª división, un condecorado oficial por sus misiones en Siria, Chechenia y Crimea, fue un golpe duro para la moral del ejército ruso.

“Cuando veo las imágenes de la destrucción, es a mi propio hijo a quien veo en peligro y sufriendo. Voy por una cuestión humanitaria”, se justificó Wali antes de confesar que no se siente “cómodo” al disparar contra los rusos. “Es un pueblo cristiano, europeo. No los odio”, aseguró.

En sus mensajes a sus decenas de miles de seguidores en una comunidad llamada La Antorcha y la Espada ha dicho con “humildad”: “Estoy lejos de ser el mejor francotirador vivo. Soy únicamente un programador con su rifle de sniper de elite... Soy un buen soldado, en resumen. Aun así, considero que sigo siendo útil y pretendo contribuir, aunque sea un poquito a la victoria de este pueblo”.

Mitos y verdades

Sobre Wali se ha llegado a decir que posee el récord de la muerte desde mayor distancia (3.540 metros). Sin embargo, el francotirador lo desmintió: “Soy bueno con el rifle, pero nada más. La leyenda y el símbolo son distintos a la persona”. El responsable de ese famoso disparo fue otro canadiense de una unidad de elite, que con un viaje de bala que duró 10 segundos eliminó en 2017 a un combatiente del Estado Islámico en Irak. Pero lo cierto es que Wali tiene muchas muertes en su haber. Y que no le tiembla el pulso cuando delante de su mirilla hay un objetivo.

Aunque medios controlados por el Kremlin como Russia Informa comunicaron que Wali había sido eliminado a los 20 minutos de haber entrado en la guerra, portales del país invadido como Ukraine News UK, y del resto del mundo, como el Daily Mail, afirmaron que el francotirador canadiense ha eliminado al menos a 11 rusos y que es considerado un “héroe” por los ucranianos. Según varios medios, en su lucha contra el Estado Islámico mató a 40 personas.

Provisto con una mochila, una máscara de gas, un traje camuflado, unos binoculares, un diccionario con vocabulario básico ucraniano y un abrigo que guardaba de su paso por Afganistán, Wali representa la imagen del terror que ningún soldado de la Federación Rusa se quiere cruzar en el campo de batalla.

También cronista en la línea de fuego

Wali actualiza permanentemente su blog, en el que cuenta sus vivencias en la guerra de Ucrania. Este espacio con un cronista en la primera línea del frente de batalla se llama La torche et l’épée (“La antorcha y la espada” en francés). Allí, el francotirador no escatima en detalles. En varias publicaciones ha hablado sobre los crímenes de guerra cometidos por los rusos en suelo ucraniano.

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