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¿Y si volvemos a jugar?

Los que los venden dicen que nunca desaparecieron del todo, pero añaden que los juegos de mesa están en auge, además, no solo los niños son el público objetivo de este pasatiempo.

Juegos de mesa. Foto:  Pexels
Juegos de mesa. Foto: Pexels

Para Romina y sus amigos “juntarse a jugar” es un ritual que nunca se perdió. Crecieron, empezaron una vida adulta con todo lo que implica, pero siempre encuentran la manera. A veces es a videojuegos, pero otras tantas es a los juegos de mesa entre los que suelen elegir el popular Catan, un juego con aire a Game of Thrones y similar a War o Trivial Pursuit. Suelen ser cinco, aunque cada tanto alguno más se suma, y para ellos es una forma de dejar la rutina de lado: “La gente que piensa que los juegos de mesa son solamente para niños, está errada”, comenta Romina, que tiene 25 años.

Lo de los amigos de Romina es más esporádico. Sin embargo Sofía, de 30 años, está en un grupo de Whatsapp que creó con unos cuantos amigos para organizar jornadas de juego. Se juntan cada una o dos semanas aunque han llegado a jugar dos veces por semana y, comenta, cada partida implica de dos a tres horas. “Empezamos hace siete meses, cuando un amigo de Estados Unidos se vino a vivir a Uruguay y nos introdujo en el Catan, que tiene muchas reglas y es muy dinámico. Es para personas que les gusta la concentración y la estrategia”, explica. El dinamismo del juego permite que se puedan ir sumando más participantes.

Catan, una de las opciones más populares

La pasión por hacer juegos fue primero un escape para Klaus Teuber, odontólogo alemán y creador de Catan. Después, hacer juegos se convirtió en un salvavidas para los problemas económicos que tenía su familia. Tauber, que hoy tiene 66 años, dejó la odontología y se dedicó por completo a ese lado creativo. Solo con Catan ha logrado el éxito: lleva más de 20 millones vendidos y es considerado el juego de caja más popular del siglo XXI, habiendo sido traducido al inglés, español, checo, francés y más.

En Uruguay también hay devotos. En las noches de juegos que organiza Cueque - Encuentros Jugados, es uno de los preferidos. Tanto Romina como Sofía — entrevistadas para esta nota— lo tienen como juego de cabecera con sus amigos. “Tiene mucho de estrategia, de especular sobre las otras jugadas y reformular todo el tiempo”, describe Sofía.

Lo de estos dos grupos de amigos no es casualidad. Pese a que la tecnología y por ende sus ofrecimientos a nivel de entretenimiento es cada vez más grande, hay generaciones que buscan volver a lo analógico, a los encuentros cara a cara. Ya se habló del tema en una nota de Domingo que salió en 2017 y que hablaba de la revancha de los vinilos (que cada vez ocupan más lugar en las disquerías) o de las cámaras instantáneas, y en este grupo de sobrevivientes o resucitados también se puede incluir a los juegos de mesa. Federico Gerwer, director de Didacta, una empresa de juguetes que lleva casi 40 años en el mercado uruguayo, opina: “Justo ahora nos encontramos en un resurgimiento de todo lo que es lúdico, educativo, de esa instancia de compartir el juguete niños, padres y abuelos, y en ese camino los juegos de mesa encajan muy bien”.

Si bien el directivo comenta que el mercado de los juegos de mesa nunca decayó, desde la empresa ven un crecimiento en estos años, van ganando terreno contra juguetes como muñecas o artículos de guerra. Además, explica Gerwer, su público objetivo en cuanto a estos juegos es más amplio: tienen desde puzzles muy simples para niños de dos años —piezas grandes, de figuras fáciles de reconocer— hasta opciones para adultos. La importancia es tal, que de las cerca de 70 novedades lanzadas al mercado en 2018, la mayoría eran juegos de mesa. En cuanto a los juegos que Didacta vende más, están los clásicos como loterías, ludos o damas y se suman el Vale todo o Metrópolis. Antes apuntaban más a crear juegos con los personas populares del momento, pero, comenta el director, ese entusiasmo ha mermado bastante en el público porque hay tantos personajes que no hay uno “que explote”.

Para Bettina Asaravicius, que junto a Manuela Morales creó el proyecto Habichuelas, el de los juegos de mesa es un mundo que las ha hecho sentir más que bienvenidas. Empezaron hace más o menos diez años, después de una charla en un café, creando pizarras temáticas y ta-te-ti de imanes, y vendiendo en ferias como Hecho Acá o Ideas+. Luego, se animaron con los juegos de mesa, y el Tótem, uno de sus productos más populares, fue el primer intento. “Ahí vimos que la gente se colgaba, pero no solo los niños, sino el adulto para jugar con el niño, y este último año estalló la movida de los juegos para adultos. Como que hay una moda”, comenta.

Hace dos años crearon la empresa para poder vender al por mayor y en el 2018, Habichuelas ya pasó a ser una marca buscada por el público: “No nos conocía nadie y de repente este año explotó”, añade Asaravicius. A tal punto, que antes se podían dedicar a recibir visitas de escuelas en su taller, pero ahora, aunque les gustaría porque ese contacto les parece sumamente importante, ya no dan abasto. Aunque trabajan con diseñadores e imprentas (siempre nacionales), la gran parte del trabajo es hecho a mano por ellas dos y los pedidos son cada vez más.

Si bien todo fue a prueba y error, ahora los juegos de mesa son para ellas una forma de acercarse más a un público de adolescentes, adultos jóvenes y del adulto mayor: “Buscamos que el adulto juegue porque es el primero en boicotear al niño para que no juegue, porque está cansado, porque está todo el día en la calle. Pero el momento de intercambio con el niño es importante y es rico y es mucho mejor si te divierte más. Con los juegos que hacemos —que no son inventados por nosotras, sino que nos llegan— vimos que servía, que quería jugar y seguimos esa línea”. Además, sus juegos son enfocados a desarrollar diferentes habilidades y se apoyan en la orientación de maestras o de especialistas en distintas dificultades del aprendizaje. Incluso tienen juegos como el Tach que son buenos para usarse como gimnasia mental para el adulto mayor. Entre los más populares (que llegan a agotarse en fechas especiales) están el Escondi2, Tótem, Atenti, El Bandido y Chivichef.

Ya lo dijo el filósofo e historiador holandés Johan Huizinga en su libro Homo ludens publicado en 1938: “Hace tiempo que ha ido cuajando en mí la convicción de que la cultura humana brota del juego —como juego— y en él se desarrolla”. Para el filósofo, el juego va más allá de lo puramente biológico y desde muy temprano en la especie humana —también en otros animales— “da un sentido a la ocupación vital”. Con esto se podría decir que los juegos de mesa son esenciales para que esa “ocupación vital” siga siendo parte de la cotidianidad.

“Particularmente considero que los juegos de mesa en general son positivos, porque nos permiten interactuar de manera más saludable. Estamos poniendo en práctica nuestra inteligencia, creatividad e incluso el azar”, sostiene la psicóloga Mariana Álvez Guerra. Para la terapeuta resulta importante que al niño se le acerquen juegos acordes a su edad, que puedan completar, porque si bien tienen que ser un desafío, también aparecen las expectativas. En cuanto a los adultos, dice Álvez, “jugar es bueno para mantener el espíritu joven, tener la mente activa y trabajar en las fortalezas. Brinda alegría y contribuye a las relaciones positivas”.

Romina cree que jugar ayuda a su grupo, que es una forma diferente de socializar y aprender aunque, admite, a veces se vuelven un poco competitivos. A Sofía le resulta una buena forma para distenderse: “No importa cómo fue tu día, una vez que empezás a jugar estás cien por ciento en eso”. Cree que es “estimulante, creativo y permite conocer a las personas desde otra perspectiva”.

El ciclo Noches de juegos de mesa ya recorrió doce bares. Foto: Arnar Estudios
El ciclo Noches de juegos de mesa ya recorrió doce bares. Foto: Arnar Estudios
Conocé Cueque

Una propuesta distinta para noches de bares

Las noches de jueves son de Cuqeue-Encuentros Jugados en Bar Fénix y los martes y sábados en Black House. A veces —lo suelen avisar por las redes sociales— van a algún otro bar. Cueque es la iniciativa de unas amigas argentinas que estudiaron para la carrera de Tiempo Libre y Recreación en Buenos Aires y que empezaron llevando juegos de mesa a centros culturales de su país. En 2015 se mudaron a Montevideo y trajeron con ellas el proyecto.

Cuando fueron al Bar Fénix por primera vez, la noche de juegos fue un éxito y el dueño del lugar les propuso programarlo para todos los jueves del año. Al principio, confiesa Guadalupe Becerra, una de las emprendedoras detrás de esto, les “dio miedito”. Lo hacían una vez al mes y en diferentes bares y la propuesta del Fénix era un desafío. Funcionó. Actualmente han recorrido cerca de 20 bares montevideanos, además de los días estables ya mencionados al principio.

“Arrancamos con cinco juegos de mesa, ahora tenemos unos 80 juegos en nuestra base. Tenemos juegos de todas partes del mundo, pero tratamos que la mayoría sean productos uruguayos y argentinos, para fomentar el mercado local que es excelente”, comenta Becerra. Mucho de su público se entusiasma con algún juego y lo termina comprando.

También dice que el público ha crecido, que al principio era todo por boca a boca y eventos de Facebook, pero que ahora hay veces que tienen que ir a los bares sin mucho anuncio porque no da la capacidad y no está bueno que se quede gente afuera. Además de los curiosos que se acercan a ellas por primera vez, también están los que los siguen por los diferentes bares. Para que los recurrentes no se aburran, siempre están sumando algún juego nuevo y entre los más pedidos están el Catan, Escondi2 y HDP, un juego argentino de humor negro.

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