FELIPE LLAMBÍAS
Estuvieron separados solo diecisiete horas. A las diez de la noche de aquel 15 de mayo, en 2007, murió ella en Casupá, Florida, con 76 años. A las tres de la tarde del día siguiente, durante el entierro, falleció él, dos años mayor. Ahí se juntaron, vaya uno a saber dónde. Para quienes creen en Dios, en el Cielo; para quienes no, en la tumba. Habían estado 50 años unidos en matrimonio.
Eran los padres de Adriana Ortiz (50), una casupense que debió ocuparse de la salud de ambos hasta su partida. El padre tenía un problema psiquiátrico que se fue agravando a raíz de la medicación, cree ella, y vivió dieciocho meses en cama. Su madre padecía diabetes y disfunciones coronarias que la tuvieron acostada en su último año de vida.
Dormían en cuartos separados dentro de la casa y su hija trataba de que no se vieran porque creía que era peor para ambos. Estaban, sin embargo, pendientes el uno del otro constantemente, preguntando si lo habían bañado, si había comido, intentando siempre saber lo máximo posible sobre su pareja.
Ese 15 de mayo comenzó mal. El padre de Ortiz ya estaba muy grave y el médico le empezó a inyectar morfina. "Dijo que era cuestión de pocas horas". No sabe si su madre alcanzó a escuchar algo -cree que no- o si lo captó, pero en ese momento ella se agravó y su agonía duró solo dos horas más. Su hija recuerda que los dos estaban delicados y que era esperable el deceso de ambos en cualquier momento, pero no ocurría. "Parecía que se esperaban", piensa.
Gustavo Rey, conductor de Abrepalabra por Océano FM, pasó por una situación similar hace 15 años. Si bien la distancia entre un fallecimiento y otro no fue tan corta, los cinco días que tuvo de respiro entre la muerte de su padre y la de su madre fueron muy poco tiempo también. Y las fechas eran las peores: 27 de diciembre el primero, 1° de enero el otro.
A su padre le detectaron cáncer de colon. Le habían dado un año de vida, pero siguió en pie dos años y medio después de eso. La enfermedad generó un desgaste muy grande en su madre que terminó con un cuadro de anemia aguda, cuenta Rey. "Sufría mucho con lo que le había pasado a él", rememora.
A fines de 1995, ella empeoró y debió ser internada en el CTI de La Española. Tenía 69 años; Gustavo, 33. Un día fue con su padre a visitarla y menos de una semana después debieron volver al hospital, aunque esta vez para una cita con el cirujano. "Usted ya tendría que haber estado por acá", le dijo el médico al paciente, de 71 años. Así fue que lo internaron. Convivieron sus últimos días. Él en el tercer piso del sanatorio; ella en el cuarto. Sin saberlo.
Pasó Nochebuena y Navidad yendo de su casa a La Española, del tercer piso al cuarto, y del cuarto al tercero. A los pocos días falleció su padre y en Año Nuevo su madre. "Hubiera sido durísimo que ella siguiera viva con los problemas de salud que se venían y la muerte de mi padre, de la que nunca se enteró", piensa. "Cuando estás solo el problema sos vos, pero cuando estás acompañado es el otro también".
Rey no puede determinar si uno intuyó que el otro se iba a morir, pero le gusta pensar que sí. Luego de más de 40 años compartidos, cree que "se fueron juntos".
Los padres de Orlando Petinatti, conductor de Malos Pensamientos por Azul FM, fallecieron con ocho meses de diferencia: en enero de 2010 fue su padre, Bernardo; en agosto de ese año fue su madre, Aída. Tenían 77 y 74 años, respectivamente, y medio siglo en común. Ella estaba bien, pero de repente tuvo una neumonía que se complicó y en tres días murió. "En principio no lo asocié con la pérdida de la pareja, pero debe haber influido de alguna manera", afirma Petinatti, y dice que su madre tenía muchas cosas por las que vivir, que "en ningún momento exteriorizaba tristeza alguna", pero que "tal vez la procesión fue por dentro".
mimetismo. Los ancianos tienden a una "infraexpresión de los síntomas afectivos", por lo que no es sencillo detectar su tristeza agónica, apuntaron los médicos Óscar López y Álvaro Pintos en un estudio sobre depresión en la tercera edad publicado en 2009. Y agregaron que esta enfermedad está "subdiagnosticada" y "subtratada" en un "alto porcentaje de adultos mayores".
Existe un fuerte componente anímico en estos casos, opina López. La viudez reciente "es un factor de alarma y de alerta para detectar depresión" en los ancianos. En el estudio señalaron también que los médicos deben tener en cuenta la repercusión que esa patología genera en los adultos mayores porque puede "desencadenar enfermedades agudas o descompensar enfermedades crónicas".
Son innumerables los casos en que, entrada la vejez, uno de los miembros de la pareja fallece y al poco tiempo el otro le sigue sus pasos. Es más común cuando quien muere primero es la mujer, explica el geriatra Alberto Sosa. "Son matrimonios de muchos años que tienen un mimetismo; lo que va a hacer uno lo sabe el otro. Cuando uno fallece queda un vacío importante, sobre todo en matrimonios que viven solos", dice.
El tiempo de duelo es difícil de definir. El promedio es de un año, pero "hay gente que lo resuelve antes y otros que no lo hacen nunca", agrega.
Compartir cuatro o cinco décadas juntos puede ser letal en el ocaso de la vida. La viudez reciente genera "vulnerabilidad" en los ancianos "aunque previamente no tuvieran ningún problema", asegura por su parte el presidente de la Sociedad Uruguaya de Geriatría, Fernando Botta.
Hace casi medio siglo la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross ya escribía acerca de este fenómeno en el libro Sobre la muerte y los moribundos: "Un elevado porcentaje de los viudos y viudas que se ven en las clínicas y en los consultorios de médicos privados presentan síntomas somáticos que son consecuencia de su incapacidad para sobreponerse a sus sentimientos de dolor y culpa".
La psicóloga geriátrica Ana Charamelo sostiene que la depresión que puede generar la pérdida de la pareja no se debe confundir con una simple tristeza. "Hay un estereotipo de imagen negativa que dice que ser viejo es ser triste. Entonces, el médico no le da importancia cuando el paciente le cuenta que está triste. Pero si sucede la mayor parte del tiempo es porque está deprimido".
Numerosas parejas compensan sus déficits. Cuando uno fallece pone en evidencia las enfermedades que tenía su cónyuge, sobre todo cuadros demenciales, dice Sosa. Y agrega que "la soledad, el aislamiento y no estar preparado para enfrentar esta situación llevan a que tenga este final".
"En muchos matrimonios se oculta de manera solapada el deterioro de uno de los cónyuges. El que aparentaba estar mejor muere, el otro queda sin sostén y un rápido deterioro lo lleva al deceso", apunta Charamelo.
La especialista argumenta que el matrimonio es no sólo un proyecto en común de muchos años, sino que es un proyecto a futuro: "Cuando estemos viejos nos vamos a cuidar el uno al otro".
Doña Cata fue fundamental en la vida de Obdulio. Él la conoció cuando era obrero de la construcción en su juventud y desde ese entonces estuvieron juntos. "Pasaron las de Caín en una huelga que duró siete meses, pero ella nunca se quejó; siempre estaba con una sonrisa", narra el periodista Franklin Morales. "Ella fue sin dudas su sostén", añade.
Doña Cata fue la primera en morir, a comienzos de 1996, y fue enterrada en el Cementerio del Cerro. Morales suponía que Obdulio iba a vivir poco más y reunió gente que lo pudiera ayudar en sus últimos días. Su agónica enfermedad cardíaca se agravó en el correr de ese año y el 2 de agosto falleció, a los 78 años. Su fortaleza en otros ámbitos no fue la misma cuando su compañera de toda la vida no estuvo más.
Él fue enterrado en el Cementerio del Norte. No había querido ir al del Buceo porque estaba muy descuidado y abandonado. Fue entonces cuando Morales habló con el entonces presidente, Julio María Sanguinetti, para que no tuviera ese triste final.
Se removieron los restos de ambos y se hicieron dos cortejos hasta el Panteón de los Olímpicos en el Buceo. Ahí se volvieron a juntar, uno en cada urna. Ahí yacen. Una dice Catalina Keppel de Varela; la otra, Obdulio Jacinto Varela.
Tras la muerte del cónyuge, el adulto mayor puede caer en depresión, pero no lo demuestra.
Hijos y allegados dan sus testimonios
Gustavo Rey
Conductor de radio
"Hubiera sido durísimo que mi madre siguiera viva con los problemas de salud que se venían y la muerte de mi padre, de la que nunca se enteró".
Franklin Morales
Periodista deportivo
"Doña Cata fue sin dudas el sostén de Obdulio Varela. Pasaron las de Caín en una huelga de siete meses, pero ella nunca se quejó".
Orlando Petinatti
Conductor de radio
"En principio no asocié la muerte de mi madre con la pérdida de la pareja, en ningún momento exteriorizaba tristeza, pero tal vez la procesión fue por dentro".
El suicidio encubierto en los adultos mayores
Cuando se combina la depresión con la edad avanzada se forma un "cóctel" que "puede llevar a la búsqueda no tan consciente de la muerte", afirma el psicólogo Álvaro Alcuri, quien agrega que el psicoanálisis denominó a este fenómeno como impulso de Tánatos. "Eros es el impulso de vida y Tánatos el de muerte. Esta búsqueda semiconsciente de la muerte es algo que nos hace ir de a poco cortando los lazos que nos unen con la vida, cortando relaciones, abandonando el cuidado personal".
El psicólogo añade que se da "mucho" el "suicidio encubierto" en la población anciana. "No es el tipo que se tira por el balcón, sino que no se controla, no toma las precauciones debidas al cruzar la calle. Esa persona está buscando la muerte". Dejar de tomar los medicamentos, por ejemplo, es una forma de quitarse la vida de manera solapada, con el agravante de que la depresión del paciente deja más latentes otras enfermedades.
Dentro del suicidio en la tercera edad, la viudez es uno de los factores de riesgo, de acuerdo a un estudio efectuado por los médicos Óscar López y Álvaro Pintos. "No es tanto como en el joven, que intenta e intenta, como llamado de atención. El viejo cuando se mata, se mata", asegura López.