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Un viaje por Valparaíso: la "joya" del Pacífico

La ciudad chilena tiene miles de historias que se esconden en las escaleras, los ascensores y las pintorescas viviendas; es el lugar al que poeta Pablo Neruda le dedicó varios versos.

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Valparaíso merece ser visitada.

Valparaíso es una ciudad que se esparce entre cerros y costas y en donde el arte brota en cada rincón, pared, muro y columna. Valparaíso es un gran lienzo en donde miles de artistas, conocidos y anónimos, vuelcan su energía. Es cerro, puerto y arte. Es una ciudad chilena en donde el color inunda todo el espacio y, por eso, se ha ganado el apodo de la capital chilena del grafiti.

La joya del Pacífico, como también es conocida la ciudad, es sede del Poder Legislativo de la nación y casa de la Armada Chilena.

Valparaíso tiene mística. Condensa en sus calles miles de historias de llegadas y partidas. Valparaíso es multicolor. Es una ciudad que invita a perderse. Sus habitantes se jactan al decir que debe ser la ciudad a la que se le han dedicado más canciones y poemas. Valparaíso enamora.

Sus cerros

Es una ciudad libre y bohemia que es Patrimonio Histórico de la Humanidad desde el año 2003. Y, como curiosidad, es también una ciudad de gatos. Aparecen en todas partes y acompañan a los visitantes por largas cuadras.

Dentro de los principales lugares turísticos se encuentran 42 cerros en los que se ve una arquitectura que mezcla lo excéntrico, lo precario y la influencia de inmigrantes europeos, en particular, ingleses y alemanes. Se ven casas colgantes o construidas entre las rocas.

Un icono de la mítica “Valpo” son sus ascensores o funiculares que son un excelente medio para recorrer la ciudad. Por los ascensores Concepción y el Reina Victoria se llega al famoso cerro Concepción, donde hay calles muy empinadas y llenas de color; esas son las que conducen a las casas que luego aparecen en las postales.

El Concepción fue clave en el siglo XVII por la construcción de su fortaleza que custodiaba toda la bahía y avisaba de posibles ataques de piratas. Ahora abundan los hoteles boutiques y los restaurantes. Camina hasta la llamativa iglesia luterana de La Santa Cruz.

Al subir por el ascensor El Peral, se llega al Paseo Yugoslavo en el Cerro Alegre con el magnífico Palacio Baburizza, sede del Museo Municipal de Bellas Artes (con obras de artistas nacionales como Alfredo Valenzuela Puelma, Nemesio Antúnez, Juan Francisco Gómez, entre otros) y la Plaza de la Justicia. Desde la Plaza Sotomayor se obtienen las mejores vistas del puerto.

Hay que tomar el ascensor Artillería (algunos dicen que es el más panorámico de la ciudad) para caminar por el paseo 21 de Mayo y disfrutar de una vista privilegiada de la bahía. Si se es fanático de la astronomía, al bajar del ascensor Cordillera se puede ver dónde se ubicó el primer observatorio astronómico.

El ascensor Polanco es el único que se mueve de forma vertical, por lo que es uno de los más fotografiados. Se accede a través de un túnel de 150 metros. Su único carro asciende verticalmente 60 metros hacia el interior del cerro y luego atraviesa una torre que ofrece una vista panorámica de la ciudad. La torre se conecta con el cerro a través de un puente de 48 metros de largo.

El ascensor Espíritu Santo fue inaugurado el 11 de septiembre de 1911 y conecta el plan de Valparaíso con el cerro Bellavista, además de comunicar con el Museo a Cielo Abierto desde la calle Aldunate en la Plaza Victoria. Lleva ese nombre debido a su cercanía con la desaparecida iglesia del Espíritu Santo, demolida en 1972.

Si subes a pie por la Calle Ferrari llegarás al Cerro Bellavista donde se puede conocer la Casa Museo La Sebastiana, una de las tres casas de Pablo Neruda que fue declarada monumento nacional en 2011. Es un verdadero placer sentarse en el jardín y disfrutar del lugar.

El mismo Neruda le escribió a la ciudad: “Valparaíso / qué disparate / eres, / qué loco, / puerto loco, / qué cabeza / con cerros, / desgreñada, / no acabas / de peinarte, / nunca / tuviste / tiempo de vestirte, / siempre / te sorprendió / la vida, / te despertó la muerte”.

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Valparaíso entre las tradiciones y la modernidad

Los recorridos

Es obligatorio visitar el llamado Museo a Cielo Abierto. Se puede seguir un camino a través de 20 murales de diversos estilos pictóricos. Se inauguró en 1992 y hay obras de connotados artistas, algunos de fama mundial como Roberto Matta o Mario Carreño, entre otros.

Tampoco hay que perderse el puerto, un lugar muy concurrido y de mucho movimiento, donde se puede disfrutar de la gastronomía porteña y de todo Chile.

En Valparaíso también se encuentran muchos miradores y mercados. Uno de los miradores más famosos es Diego Portales, en el cerro Barón y al que se puede acceder por el ascensor Barón o por la calle Quillota.

Este muestra una panorámica del puerto de Valparaíso, los coloridos cerros y el Paseo Muelle Barón. Es un lugar perfecto para contemplar el atardecer.

La visita no estará completa sin un viaje en los trolebuses que operan desde 1952. Recorren todo el centro neurálgico del puerto, desde avenida Argentina y la aduana, atravesando la zona de El Almendral, el barrio financiero y el barrio puerto. Es la única red de trolebuses en funcionamiento en el país y es la segunda más antigua de Sudamérica.

Mientras que Santiago de Chile es una muchacha madura, seria y señorial, la joven Valparaíso se muestra rebelde, artista y despreocupada.

Durante nuestra visita fuimos al teatro a ver la obra 1983 que trataba sobre la vida en los años en la dictadura chilena y cómo lo vivieron tres hermanas. Las actrices caminaban por diversos episodios que daban cuenta de cómo la mujer ha tenido que levantarse y luchar por sus derechos. Hablaba de la historia de Chile y del mundo.

Valparaíso fue la ciudad que vio nacer al presidente Salvador Allende en 1908 y también al dictador Augusto Pinochet en el año 1915. En las calles y locales venden recuerdos y souvenirs de ambos.

La vecina

Muy cerquita está Viña del Mar y puede ser recorrida en un día. Es reconocida como la “Ciudad Jardín” puesto que se caracteriza por sus jardines, paseos costeros y hermosos parques. Es imperdible una foto en el reloj de flores a los pies del Cerro Castillo, frente al balneario de Caleta Blanca. Según la leyenda, quienes se fotografíen en el reloj volverán a visitar Viña del Mar.

La playas de Concón invitan a tomar sol o a practicar deportes náuticos como surf, bodyboard y windsurf. Se destaca también por sus impresionantes dunas.

Viña del Mar es muy linda pero está armada para el turismo por lo que a veces es demasiado coqueta y pomposa.

Yo prefiero el hermoso caos de Valparaíso y disfrutar de un atardecer allí. Es una ciudad hermosa, diversa y en movimiento, que se transforma todo el tiempo y que muestra arte a cada paso.

En palabras de Pablo Neruda: “Si caminamos todas las escaleras de Valparaíso, habremos dado la vuelta al mundo”.

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