Valentín Trujillo

"Uruguay es muy ingrato con sus intelectuales"

Llegó al periodismo para ejercitar la escritura y ganarse la vida. Se convirtió en una de las plumas jóvenes más destacadas de la región y ahora también gestiona cultura.

Valentín Trujillo, periodista y escritor

Febrero de 1995. "Estas son las primeras palabras que escribo en esta máquina". La máquina era una Olivetti que le había regalado su abuelo. Las palabras eran, quizás, una forma de anticipar todo lo que vendría después en su vida. Esas palabras, que Valentín Trujillo (38) aún guarda en algún cajón, serían las primeras de todas las que vendrían después, tanto en la redacción de un diario como encerrado en su casa mientras escribe sus libros.

No se siente parte de una generación de escritores, ni a nivel uruguayo ni a nivel latinoamericano. "Las generaciones tradicionales tenían un credo en común, un par de consignas, funcionaban de manera bastante más orgánica". Sabe, eso sí, que hay muchas (y cada vez son más) personas entre los 30 y los 45 años escribiendo y produciendo "con viento en la camiseta", aunque en distintas líneas y con diferentes estilos: "Ahí sí creo que integramos un pelotón donde hay un montón de gente de distintas ciudades. Por supuesto que cantidad no es calidad, pero sí creo que más cantidad de gente escribiendo implica necesariamente al final, más calidad".

Parte o no de una generación, él y su colega y amigo Damián González fueron elegidos como dos de los mejores 39 escritores menores de 39 años de América Latina, por el Hay Festival de Colombia. Además, el año pasado Valentín recibió el premio Bartolomé Hidalgo en la categoría Testimonios, memorias y biografías por su libro Real de Azúa. Una biografía intelectual y en 2016 había ganado el Premio Juan Carlos Onetti por su primera novela ¡Cómanse la ropa!

Para él hay historias que aparecen o vienen a la cabeza y necesitan, si o sí, ser contadas. "Escribirlas es una necesidad". Periodista devenido escritor, muchos de esos relatos, dice, los encuentra en la vida diaria y cotidiana. "El trabajo periodístico es un yacimiento, en un momento tenés que poner el tapón porque es demasiado, todo el tiempo hay historias". Y de eso trata esta entrevista: de alguien que cuenta historias.

Del interior.

Nació en Maldonado y, aunque vive en Montevideo desde 2005, dice que siempre se siente un extranjero en la capital, que extraña su ciudad, que extraña la playa.

Hoy es el Director de Programación Cultural de la Intendencia fernandina, cargo que lo tiene viajando constantemente entre los dos departamentos. "Es un trabajo lindo, para mí nuevo. Nunca había trabajado en la Intendencia, en un cargo de confianza, donde tenés gente a cargo, donde estás expuesto constantemente, donde hay mucha gente que te está juzgando y tenés un contacto fuerte con la opinión pública. Tuve que aprender un montón al principio y de apoco ir dando pasitos sobre el hielo delgado", dice sobre su trabajo. Dice, también, que de a poco han ido logrando "cosas interesantes", como el Premio Lussich de Literatura, que tiene alcance nacional.

No es casualidad que Valentín y sus tres hermanos se hayan dedicado al arte, aunque en distintas formas. Su padre es el artista plástico José Trujillo. Su madre es "una gran artista en otro sentido", dice, "del hogar, una gran lectora y una gran cinéfila". La cultura estuvo presente desde siempre en su casa en Maldonado: "Una de las habitaciones siempre era un taller, los amigos pintores, artistas y críticos de mi padre siempre iban a mi casa. Después de años de esa incubadora determinó que todos tengamos esa inclinación. Nunca seguí de manera recta el camino de mi padre, pero me volqué hacia la literatura".

Por eso, después de terminar el liceo, Valentín estudió profesorado de Literatura y de Lengua en el CeRP (Centro Regional de Profesores del Este).

Comenzó a escribir poesía cuando estaba en secundaria o cuando empezó a leer a algunos autores que lo marcaron. "A los 15 años yo era un lector muy ávido, leía tanto que creo que de pronto leía textos filosóficos que no llegaba a entender del todo. Y empecé a escribir para probar cosas, en una clara faceta de imitación". Ya en el CeRP, junto con Damián González y otros compañeros, crearon dos revistas literarias: MAT y luego Iscariote. En la primera, "jugaban" a ser poetas de dos movimientos distintos, Los poetas del Pino (elitistas, "medio aristócratas") y los del Eucaliptu (populares, "barrio bajeros"), y escribían sus poemas con seudónimos; el suyo era Héctor Pascale.

Después estudió cine en Cinemateca, volvió a Maldonado, retomó el CeRP, egresó en 2001 y empezó a dar clases en secundaria. Luego, se fue a Montevideo definitivamente para estudiar periodismo en la Universidad Católica, carrera que, aclara, no terminó. En 2005, con 25 años, empezó a trabajar en el diario El Observador, en donde estuvo hasta 2015 y donde mantiene una columna semanal. "En determinado momento encontré el equilibrio entre mi pasión de escribir y mi trabajo, algo que a veces resulta difícil".

— ¿Por qué decidiste estudiar periodismo?

—Porque en Uruguay hay muy pocas maneras de que vos escribas y te paguen por eso, el periodismo es una de ellas. Me gustaba el desafío de la redacción como el abordaje de la realidad a través de las palabras, me interesaba la chance de cada día tener una pequeña carrera contra el tiempo y contra la página, en la que tenés que contar una buena historia, y al otro día tenés otra chance y así todo el tiempo. Siempre lo tomé como una posibilidad de aprender a escribir, no en el sentido literario, sino de practicar el músculo.

Lenguajes distintos.

En algún punto, el lenguaje periodístico y el literario se encuentran, conviven. Y eso ocurre cuando un periodista escribe literatura o cuando un escritor hace crónicas periodísticas. Y eso ocurre en la obra de Valentín: "En algunos rasgos de mi obra lo hacen, en la biografía de Real de Azúa, por ejemplo, aunque intenté explícitamente que no fuera una crónica periodística, por momentos se encuentran".

Valentín habla de Real de Azúa con total conocimiento de la causa, lo hace con naturalidad, como si se tratara de un amigo cercano. En pocos minutos resume su vida de punta a punta y argumenta por qué eligió escribir su biografía: "Entre muchos motivos porque nadie lo había hecho antes y porque él me atrajo muchísimo por algo tan básico como que la mayor parte de su vida estuvo en la vereda de enfrente de lo políticamente correcto".

Son pocas las biografías que existen de los grandes intelectuales uruguayos. Valentín cree que eso puede ser un problema pero también un campo fértil. "El Uruguay es un país muy ingrato con sus intelectuales, no recuerda a sus mejores plumas: Vaz Ferreira, Arturo Ardao, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Carlos Quijano, Emilio Oribe, en fin, ninguno tiene una biografía".

—¿Cómo ves el panorama literario actual en Uruguay?

—Lo veo bien. Al contrario de lo que piensan algunos de que el ambiente cultural está muy chato. Es cierto, yo comparto que ha cambiado en muchos sentidos para mal si nos comparamos con la generación del 45 o la del 900, por ejemplo. De todas maneras, a nivel literario específicamente, lo bueno es que hay un montón de gente joven escribiendo con estéticas diferentes. Hay un grupo de al menos 15 personas que está produciendo y escribiendo, sobre todo son hombres; me gustaría leer más mujeres narradoras.

Ahora Valentín está escribiendo una "novelita", es decir, una novela corta, pero también está trabajando en un libro "de largo aliento" sobre un "notorio intelectual uruguayo del siglo XIX". Entre sus viajes semanales a Maldonado, su trabajo en la Intendencia y su familia, los espacios que encuentra para escribir son pocos. "Cuándo escribir es todo un tema. La propia vida te lleva a que nunca estés en un momento especial para escribir. Yo lo hago de noche, temprano en la mañana, los fines de semana, cuando mi mujer y mi hijo duermen la siesta, no sé, le robo momentos al día para escribir". Escriba cuando escriba, Valentín lo sigue haciendo, sigue contando historias.

La sub 40 de las letras

Valentín Trujillo y Damián González son los únicos uruguayos que integran la Bogotá 39, una lista con los mejores 39 escritores menores de 40 años, que presentó el Hay Festival de Colombia en colaboración con Leila Guerriero, Carmen Bullosa y Darío Jaramillo. "Es increíble que los dos uruguayos que estamos en la lista somos de la misma ciudad, somos amigos desde la adolescencia, y aunque escribimos cosas distintas tenemos inclinaciones similares", dice Valentín sobre su amigo. Se conocieron cuando cursaban en cuarto de liceo y desde entonces fueron por caminos parecidos. El escritor cuenta que a la mayoría de los autores que están en la lista no los conocía: "No me siento parte de una generación a nivel continental porque solo conocía a los más destacados. Hay algunos a los que he leído y me interesan, otros que no me interesan y otros que quiero leer. Nos vamos a encontrar todos ahora en Cartagena entre el 25 y 31 de enero". Entre los nombres destacados de la lista están la mexicana Valeria Luiselli, los argentinos Samanta Schweblin y Mauro Libertella, los colombianos Felipe Restrepo Pombo y Cristian Romero, la brasileña Mariana Torres, entre otros.

SUS COSAS

SU OTRA PASIÓN. Junto a su mujer, Elena Risso, escribió el libro Nacional 88, sobre la carrera del tricolor para obtener el campeonato del mundo. Ambos son muy futboleros y además, hinchas de Nacional. "Me interesa el fútbol como fenómeno pero antes que nada soy hincha de Nacional".

SU PRIMERA NOVELA. Escribió ¡Cómanse la ropa! después de hacer un gran trabajo de investigación sobre la figura de Brandzen, protagonista de su historia: "Es un oficial francés que peleó con Napoleón y luego se vino a América a pelear en las guerras de independencia", dice. Si bien todos los personajes son reales, toda la historia es ficticia.

SU INSPIRACIÓN. Al contrario de muchos colegas, dice, la música lo ayuda a concentrarse para escribir. "Me concentro con algunos discos particulares, como Unforgettable Fire de U2 y puedo pasar horas escuchando incluso la misma canción, es medio obsesivo".

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