Una tienda de antigüedades que reúne cámaras, pianos y documentos que convierten a su dueño en un detective

Emiliano creó "La Nostálgica", tienda de antigüedades en que predominan los pianos, las máquinas de escribir y las cámaras de fotos. También junta cédulas y libretas de conducir, y busca a sus dueños.

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Emiliano Machado, duelo de "La Nostálgica".
Foto: Darwin Borrelli.

A Emiliano Machado (23 años) siempre le gustó coleccionar cosas. Fue algo que heredó de su padre, con quien recolectaba objetos de campo. “Vamos a probar si esto tiene una veta comercial”, se dijo un día y lo que hasta entonces era un hobby, se transformó en su trabajo. Tenía apenas 19 años cuando abrió en Instagram la página de La Nostálgica. “Publiqué las cosas que tenía en mi casa, empezó a crecer y cuando quise acordar, se me había ido de las manos”, cuenta sobre el origen de un emprendimiento que hoy tiene casi 69.000 seguidores.

El 18 de marzo se cumplieron cuatro años de la primera publicación. Desde el vamos, Emiliano demostró que tenía muchas ganas de darle su tiempo a la recolección de objetos antiguos. Incluso dejó de estudiar Ciencias Biológicas para abocarse por entero a La Nostálgica, una tienda que por el momento ocupa un galponcito de la casa de Aeroparque (Ciudad de la Costa) que comparte con su madre y su hermana. “Ahora ya invadió mi cuarto, como que La Nostálgica tomó toda la casa”, dice.

Primero fueron arados, riendas, bozales… las pasiones que compartía con su padre, hoy radicado en España. Con el tiempo se irían sumando muebles, objetos de carpintería antigua, carteles, letreros con nombres de calles. “Las antigüedades tienen eso, que no sabés cuándo va a llegar algo. No es como algo nuevo que vos podés pedir y te llega. Yo nunca sé lo que va a ingresar”, explica.

Luego se entraron a colar sus intereses más personales, como el gusto por la fotografía. “Me metí en el mundo de las cámaras antiguas”, apunta quien tuvo que aprender a manejarlas porque parte del interés de la tienda es presentar las cosas dando información. “Aprendí a sacar fotos más profesionalmente”, acota y se confiesa sorprendido por la vuelta de la gente a los procedimientos analógicos. “Comprar un rollo, tener que esperar 15 días a que se revele… es increíble cómo se ha vuelto a ese tipo de cosas”, señala. Hoy tiene unas 50 cámaras.

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Cámaras de fotos de "La Nostálgica".
Foto: Darwin Borrelli.

Pianos y máquinas de escribir

Un día dijo a modo de chiste: “Voy a comprar un piano”. Y lo hizo. “Mi madre no podía creer que había llegado a mi casa con un piano y ahora resulta que llevo vendidos 55 y tengo siete en el galponcito”, cuenta.

Los consigue con particulares que deben desprenderse del instrumento, ya sea porque se mudan o porque perteneció a una una abuela que falleció. “Generalmente son pianos que están olvidados y gracias un poco a La Nostálgica tienen de nuevo vida y pueden llegar a gente que realmente quiere tocar”, destaca Emiliano.

Antes de venderlos, restaura todo lo que tiene que ver con la madera y recurre a un amigo afinador para que se aboque a la maquinaria musical.

“Tendría que aprender a tocar”, acota entre risas y agrega que lo suyo es la guitarra. “El mercado de las guitarras viejas es más selecto”, aclara.

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Emiliano con un piano de "La Nostálgica".
Foto: Darwin Borrelli.

Con los pianos tiene una anécdota muy particular. “Creo que es la más linda que me ha pasado”, evalúa.

Le ocurrió con un muchacho que lo contactó para comprarle un piano para su novia, a la que todavía no conocía personalmente. Se habían puesto de novios vía online ya que ella vivía en Inglaterra. “Ella es ciega y tiene la pasión de tocar el piano. Como se quiere venir a vivir a Uruguay, quiero que tenga el piano cuando llegue”, le dijo. Se llevó el instrumento y a los dos años volvió por otro porque la chica quería uno mejor. “Le tomé el viejo, le vendí otro de mejor marca y conocí a la novia. Una historia de amor muy linda de la que La Nostálgica formó parte”, relata.

Después están las máquinas de escribir. “Increíblemente los que más las compran son escribanos, que las siguen utilizando para su trabajo. O sino gente a la que le gusta escribir y disfruta de esa magia del ruidito de cada tecla, de que la alineación no sea perfecta. Tienen su encanto”, comenta.

Dice que tiene unas 30 máquinas, algunas que ya no funcionan y que se propuso arreglar. Aprendió a hacerlo observando su mecanismo porque ya no hay casas que se dediquen a repararlas y tampoco ha encontrado tutoriales en Internet que lo ayuden. “Son muy específicos de una máquina y dependiendo del fabricante cambia el modelo”, explica. “Es una belleza el mecanismo de la máquina de escribir. No siempre me sale arreglarlas, pero trato”, se sincera.

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Máquina de escribir de "La Nostálgica".
Foto: Darwin Borrelli.

Emiliano conserva una máquina continental de 1905 en la que suele desarrollar su otra pasión: la escritura. Tiene dos libros publicados. El primero a los 14 años, Las voces del monte, que trata de sus vivencias en el campo. “También fue un libro terapéutico porque en mi infancia yo era tartamudo, dejé de hablar, y todo lo que no podía expresar con palabras, porque me trancaba, lo expresaba escribiendo”, recuerda.

El segundo libro lo publicó cuando tenía 20, una recopilación de cuentos románticos con un poco de crítica social que tituló A una mirada de distancia. Lo llegó a presentar en España, cuando fue a visitar a su padre. “Por ahora no tengo nada en miras para publicar en breve”, manifiesta a Domingo.

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Libros de Emiliano Machado.
Foto: Darwin Borrelli.

Reglas

Emiliano tiene como hobby recorrer ferias y remates de todo el país. Su ritual de los domingos es ir a la feria. Es ahí donde consigue muchas de las cosas que tiene en La Nostálgica, otras se las acercan los seguidores de la tienda.

Primero compra para él, luego lo vende. “Tengo la ley de no quedarme con nada, porque sino conservaría absolutamente todo, porque todo me encanta”, asegura.

¿Alguna vez rompió esa regla? La máquina de escribir continental fue un caso, pero hay otros dos. Uno es una cámara de 100 años con la que le gustaría sacar fotos, y el otro una máscara anti-gas de la Segunda Guerra Mundial sin utilizar que compró en España en su paquete original y con sus instrucciones. “No la vendo porque me parece un pedazo de historia increíble”, apunta.

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Cámara anti-gas de la Segunda Guerra Mundial.
Foto: Darwin Borrelli.

En tal sentido, reconoce que en Europa se encuentran muchas más cosas, pero no se anima a traer por miedo a no poderlas pasar por la aduana. “En Uruguay, al ser tan chico, no hay tanto comercio. Además, los que estamos en el rubro de las antigüedades nos conocemos todos”, describe.

En la tienda trabaja solo, pero lo ayudan con las cosas grandes, como son los pianos. “Una de las principales personas es mi abuelo. Me ayuda con el reparto porque le preocupa que ande solo en la calle, que me pase algo. Más allá de eso, es muy lindo compartir esos momentos con él”, destaca.

Si bien a La Nostálgica le va muy bien en su formato online, a Emiliano le gustaría contar con una tienda física donde poder exhibir los pianos o donde los interesados puedan ir para conocer lo que vende. “La gente confía mucho, eso es algo sorprendente hoy en día. He vendido pianos sin que los vieran”, señala. Mientras la tienda no se concreta, sigue adelante con un emprendimiento que lo tiene muy feliz. “Vivo para La Nostálgica desde que me levanto hasta que me acuesto”, así define su vida.

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Tienda de antigüedades "La Nostálgica".
Foto: Darwin Borrelli.
Documentos antiguos

Encontró al dueño de una libreta de conducir

Una de las curiosidades de La Nostálgica es que Emiliano colecciona documentos antiguos, como cédulas de identidad o libretas de conducir. Pero la cosa no termina ahí, con la ayuda de sus seguidores rastrea a sus dueños o, en su defecto, familiares para entregárselos.

Para eso se vale de viejas guías telefónicas o de la herramienta Family Search para reconstruir un árbol genealógico.

El año pasado, por ejemplo, se propuso dar con el dueño de una libreta de conducir de 1912. La búsqueda comenzó complicada porque no podían descifrar el apellido de la persona porque estaba escrito en una letra cursiva poco entendible. Una seguidora, cuyo apellido se escribía igual, facilitó la respuesta y un aviso en el diario permitió dar con la nieta del titular. Por suerte, su nombre estaba en la guía telefónica y la llamó. “No estoy interesada”, fue la respuesta que recibió, lo que hizo que Emiliano se quedara con una sensación agridulce.

Pero tiempo después, gracias a que él había publicado en sus redes un video con la historia, la señora lo contactó y le confesó que al principio había pensado que se trataba de una estafa. Finalmente, el hijo de esta señora, es decir el bisnieto del dueño de la libreta, se encontró con Emiliano para recibir el documento. Ahora había un final feliz.

Esta y otras historias se pueden encontrar en el Instagram
@lanostalgica_.

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Documentos antiguos de "La Nostálgica".
Foto: Darwin Borrelli.

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