Una madrugada con los "chanchos"

| La noche del sábado pasado, los inspectores de tránsito aplicaron 390 multas. Exceso de velocidad, alcohol, falta de cinturón... un viaje con ellos a la jungla del cemento capitalino.

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MIGUEL BARDESIO

Sople ahí", pidió el inspector de tránsito a Walter, un conductor que venía sin luces encendidas ni cinturón. Allá metió la boca en el espirómetro y dio que llevaba 0,98 gramos de alcohol por litro de sangre cuando el límite es 0,8. "Usted no puede conducir. El vehículo va a quedar detenido hasta que venga una persona con licencia y se lo lleve", dijo el controlador. Y Walter: "No seas malo, vengo del velorio de mi suegra, pero una suegra que quería. Estoy destrozado. Dos whiskys tomé. ¡Dos whiskys nomás!".

Como esta, la madrugada del sábado 9 de agosto, los inspectores de tránsito aplicaron 25 multas por manejar alcoholizado, la sanción más dura (5.900 pesos y seis meses de suspensión de la libreta de conducir). El total de infracciones fue de 390 en apenas ocho horas, una cada minuto y medio: la fotografía de que este año la IMM se ha puesto más dura que nunca en el control del tránsito y que las calles son efectivamente una jungla.

Todo comenzó cerca de las 23.00. A esa hora, en el Palacio Municipal, 16 inspectores están prontos para salir. Luis Zaíno, jefe de la división, encabeza el operativo y los divide en tres grupos: unos, con el radar de velocidad, van a la calle Ferrer Serra, otros a la Rambla y Kibón y los terceros a 8 de Octubre y Vicenza. ¿Cómo se eligen los lugares en la noche? "Nos guiamos por la magnitud de tránsito, estadísticas de accidentes y también por denuncias de los vecinos". Con las motos encendidas para salir, una camioneta pasa justo frente ellos a contramano por la calle Santiago de Chile. "Se vino a meter en la boca del lobo", bromea un inspector. Dos motos lo detienen y pimba: circular a contramano, una multa poco común, pero la primera de la noche.

Se sale finalmente. En el viaje, Zaíno despeja algunos mitos: el límite de alcoholemia sigue en 0,8, aunque se bajará a 0,5 en septiembre y a 0,3 el año que viene. Las multas no han subido, pero sí está el proyecto de hacerlo a nivel del Poder Ejecutivo y vía Unasev, el organismo que se creó este año para centralizar las políticas de seguridad vial. Además, Zaíno da otros detalles: "De noche, hacemos operativos los miércoles, jueves, viernes y sábado. Por seguridad, siempre tenemos que ir con la policía".

Con un patrullero, entonces, llegada a 8 de Octubre y Vicenza. "Este es un lugar estratégico porque viene todo el tránsito de Belloni, de Camino Maldonado y los que van hacia fuera por 8 de Octubre", explica el jefe. Tres inspectores de un lado, otros cuatro del otro. Y detención, detención, detención.

"Paramos todo lo que podemos. La gente no tiene que tener miedo porque si está en regla, no vamos a multar". Uno, dos, tres, motos, autos, taxis, camiones... imposible contar, tal vez más de 100 parados en media hora. Por la vereda camina un joven con el brazo enyesado. "MA-TAN-ZA", comenta mirando el operativo. "Menos mal que me quebré y no ando en la moto".

Cae Andrés en un ciclomotor. No tiene licencia de conducir. "Se me venció hace una semana. Fui una vez y ustedes estaban de paro", dice y agrega: "No seas malo", la frase más escuchada por los inspectores. Por radio, una operadora informa al inspector que es la segunda vez que Andrés es pillado sin libreta. Resultado: "El vehículo va a quedar retenido hasta que vaya a sacar la licencia y pague las multas". "No, no se lo permito. ¿Por qué se va a llevar la moto si tengo todos los papeles?". Aunque sin violencia, la situación se vuelve incómoda, con Andrés parado al lado del ciclomotor y la mano encima del asiento. Interviene Zaíno que lo aparta y le explica que al manejar sin libreta por segunda vez, la legislación establece que hay que detener la moto, "para que saques la libreta". "Y la multa la podés financiar, no te preocupes". Andrés se calma, deja que le suban el ciclomotor a la camioneta y se va.

En total, 17 motos fueron retenidas el sábado 9, tanto por esta reiteración como por pruebas de alcoholemia positivas. Zaíno aprovecha para hacer algunas aclaraciones respecto a las motos: "Recuérdele a la gente que estamos controlando que las chapas vayan siempre atrás. Ni al costado, ni adelante".

El jefe, que también detiene varios vehículos, habla después del abordaje. "He vivido muchas situaciones violentas con los infractores, sobre todo alcoholizados, pero la clave es poder reducirlos verborrágicamente. Con la palabra, uno les explica que no es un enemigo, que no lo hacemos por gusto...".

Se interrumpe porque viene un taxi con las luces de posición y lo detiene. Multa. "La gente tiene que entender que hay que andar con luces cortas, de noche y de día". El taxista, de nombre Daniel, entiende y dice ser el hermano de Gerardo Urse, nada menos que el director de Tránsito y Transporte de la IMM. No hay tutía; Zaíno le manda saludos a su hermano, pero la multa corre igual. "Recién salía de la parada, no me di cuenta", se excusa Daniel.

"Los infractores siempre dicen que recién salieron o que iban o venían de alguna emergencia. Pero si vamos a creer, no multamos a nadie. Y no es multar por multar. En 35 años de trabajo, he hecho miles de campañas de observación con lo del cinturón de seguridad y terminábamos observando al mismo conductor hasta 10 veces. Recién cuando empezamos a multar, la gente toma conciencia y lo usa. Lamentablemente, la letra con sangre es la que entra", dice Zaíno.

El cinturón, de hecho, fue una de las infracciones más comunes del sábado: 95 multas. "Multamos sólo cuando no lo tiene el conductor o el acompañante. En los asientos de atrás, estamos en una etapa de transición, es obligatorio, pero damos tiempo a la gente para que los instale", señala Zaíno.

Pero la verdadera guerra ahora es contra la velocidad y la conducción ebria. Con la novedad de dos radares que toman fotografías, la gente se interesa y pregunta. Un conductor detenido en 8 de Octubre, aunque sin multa, interroga a Zaíno sobre los límites. "En toda la ciudad es 45 kilómetros, con una tolerancia de 15. En la rambla, es 75, salvo algunas partes que está señalizado y ahí también la tolerancia es de 15 kilómetros, ¿tamos?", responde el jefe.

En alcoholemia, el sábado se hicieron 60 pruebas y 25 fueron positiva, un cifra altísima. Entre ellos estaba Walter, con la suegra recién fallecida. Llamó a su hijo para que fuera a buscarlo y manejara la camioneta. "Está bien, cuando uno mete la pata, hay que reconocerlo. Ahora me quedo seis meses sin manejar", se lamentaba el conductor al tiempo que pedía "no me quemes, no me quemes", por lo que Walter no es su verdadero nombre.

¿SIRVEN O NO? La IMM ha aplicado 84.206 multas de enero a junio, una cifra que crece cada año. La más común es el exceso de velocidad con 9.578 infracciones, le sigue imprudencia (hablar por celular, tomar mate...) y casi en la cola, manejar alcoholizado con 495 multas.

La Intendencia cuenta con unos 150 inspectores y el incremento de controles obedece a una estrategia nacional. A fin de año pasado, se aprobó una ley de tránsito que hizo obligatorio el uso del cinturón atrás y adelante, obligó a prender las luces aun de día y prohibió en todo el territorio andar sin casco. A la vez, se creó la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) para centralizar todas las políticas.

Esta "avalancha" de medidas, como respuesta a casi 500 muertos por año en accidentes, trajo la polémica de si verdaderamente las multas sirven para bajar el número de accidentes. Más debate hubo estos días cuando se supo que la IMM propone subir algunas de las multas y por ejemplo, conducir ebrio pasaría a sancionarse con 30.000 pesos o exceder el límite de velocidad, con 8.000 pesos.

El incremento está en proyecto, al igual que transformar en delito el conducir borracho. "Durante 30 años, no hubo una política de tránsito; había 19 intendencias y cada uno se manejaba como quería", asegura Gerardo Barrios, médico y presidente de Unasev.

Pero la oposición política municipal habla de que en verdad existe un afán recaudatorio detrás de las sanciones elevadas. Gerardo Barrios coincide en que "las multas solas no van a solucionar el problema, pero son necesarias. En paralelo, tenemos que educar y ya hemos hecho varios convenios con el MEC, con las intendencias y con empresas para dar cursos y charlas de conducción segura". Para fin de año, promete Barrios, "vamos a presentar un balance de todas estas medidas y va a bajar la lesionalidad de los accidentes, no la cantidad, pero sí los lesionados".

En España, el efecto de la multa se diluye a los tres meses. "Después de ese tiempo, el conductor vuelve a la conducta anterior, sea la velocidad o el alcohol", explica el español doctorado en psicología del tránsito, Francisco Toledo.

Y añade que existe un tipo de conductor, llamado "polinfractor", que es aquel que no escarmienta por más que acumule 100 sanciones. "Son casi patológicos, en general adictos a la velocidad y al riesgo y no hay sanción que pueda con ellos. Se necesita una reeducación fuerte".

En 8 de Octubre y Vicenza, el sábado 9, un inspector acaba de detener a un BMW. No llevaba cinturón de seguridad. Al pedir los antecedentes, la radio informa: "Dos excesos de velocidad, una por no uso de cinturón, dos imprudencias, un cruce de semáforo en rojo, otra por circular a contramano y la última: conducción sin licencia". El "polinfractor" indiscutido se baja, acepta la multa tranquilo, pero no quiso dar testimonio.

Toledo añade una nueva característica del polinfractor, un lujo para quien puede y no quien quiere. "En general, son personas de estrato económico alto y no les importa pagar mil multas".

En la calle, aquel sábado, ya son pasadas las dos de la mañana y el nivel de tráfico baja. Hora de anécdotas: un inspector cuenta que le retuvo seis motos a un conductor que prefería perderlas a sacar la libreta. Otro dice que a un conocido empresario del fútbol le dio una alcoholemia de 7 gramos, siete veces más de lo permitido. "Los médicos dicen que es imposible pero de verdad fue así".

¿Son incorruptibles? "Sí. La gente sabe que no nos puede sobornar y casi que no lo intentan", dice Zaíno. "Nos ha pasado con mujeres que nos quieren sobornar con sexo. Eso es más común que con dinero. Las mujeres son fatales".

¿Le molesta que les digan `chanchos`? "No, ya estamos acostumbrados. Antes, cuando el uniforme era marrón, nos decían `los garotos` o `los excremento` Ningún inspector se debe enojar por eso, ni por ningún otro insulto", contesta Zaíno.

El Dr. Francisco Toledo asegura que más efectivas que las multas económicas son aquellas medidas que sancionan enviando al infractor a hacer tareas comunitarias con lesionados medulares, por ejemplo. "No hay como ver la realidad en su versión más cruda", acota.

Así, un infractor conocería a Jorge Reyes, de 48 años y con una lesión medular que lo tiene en silla de ruedas. Él le contará que tenía 22 años cuando andaba en moto, se le atravesó un camión y chocó. Quedó parapléjico, lo echaron de su trabajo como soldador y no le correspondió siquiera la pensión por invalidez. Ahora, Reyes dirige Onpli, una ONG que da trabajo a discapacitados motrices. Tiene un auto que maneja con las manos y a veces, cuando ve un accidente, le despierta los recuerdos. Y comenta: "No entiendo a la gente en la calle, no sé qué les pasa por el cerebro".

"El auto nos transforma en reptiles primitivos"

Manejar a alta velocidad o borracho, pasar en rojo, andar sin cinturón o no detenerse ante el "Pare": en el 90% de los accidentes se comprueba la existencia de alguna infracción de tránsito, en especial la "distracción" o "imprudencia". Y accidente es sinónimo de lesión o muerte.

¿Por qué, entonces, los conductores cometen infracciones? La respuesta lleva a un campo casi inexplorado en Uruguay, que es la de la psicología del tránsito, el cómo funciona el cerebro humano cuando se sube al volante.

"Nadie o casi nadie comete una infracción ex profeso. Hay en el fondo un tema de educación y cultura", asegura Gerardo Barrios, presidente de la flamante Unidad Nacional de Seguridad Vial.

El director de Investigación, Formación en Seguridad Vial, Ergonomía y Ferrocarril de Universitat de Valencia, Francisco Toledo, considera que hay motivos biológicos y de socialización para "volvernos transgresores". "Se ha demostrado que el coche despierta el cerebro reptiliano como ninguna otra cosa, nuestra conducta más primitiva. Lo vemos todos los días, que la gente se insulta, se pelea en las calles". De ahí a rebasar los límites de velocidad, por ejemplo, hay un paso muy corto.

Pero en el fondo, "es todo socialización". "Los niños ven cómo los padres se comportan en el coche y ahí es que aprenden", añade el español.

La sanción, para él, debe ser la estigmatización de la sociedad. "Así como en las Iglesias no hay cartel de no fumar y no se necesitó de una ley antitabaco porque nunca a un fiel se le ocurrió fumar allí, lo mismo con el tránsito. El objetivo es que los demás estigmaticen a los que corren y perciban que esa persona no sólo es un infractor, sino un criminal en toda regla. Eso sí produce una modificación en la conducta", señala Toledo.

Arturo Borges, director del uruguayo Instituto de Seguridad y Educación Vial, cree que las raíces de la infracción de tránsito están en el comportamiento primitivo. "En la Edad Media, el caballo era símbolo de virilidad, de poder y el auto puede ser una prolongación de ese sentimiento", acota.

Para él, las campañas de comunicación y educación son tan vitales para la prevención como las multas.

La agitada noche de la nostalgia

El domingo que viene será la gran fiesta nacional: la Noche de la Nostalgia se avizora una vez más y los inspectores de tránsito de Montevideo preparan su operativo especial. Una noche de sábado normal, salen a la calle 12 inspectores, pero el domingo 24 serán 70.

Luis Zaíno, jefe de inspectores de la IMM, informa de los 10 puntos donde estarán apostados durante esa noche y también en las dos previas: Rambla y Barradas, Av. Italia y Barradas, 8 de Octubre y Dámaso Antonio Larrañaga, Gral. Flores y Guerra, Luis Alberto de Herrera y 26 de Marzo, Luis Alberto de Herrera y Rambla, Plaza Independencia y Florida, Andes y Mercedes, Ciudadela y Rambla y por último, Garzón y Millán. Los controles se harán desde la medianoche hasta las 8:00.

El límite de alcoholemia permitido esa noche será, como siempre, el de 0,80, aunque los inspectores exhortan al consumo "cero" de alcohol y están incitando a que la gente use el taxi. En septiembre, se bajará a 0,5, lo que supone la ingesta de una medida de whisky y medio litro de cerveza como máximo.

El año pasado, se aplicaron 811 multas en la Noche de la Nostalgia y apenas 16 conductores ebrios, un dato que sorprendió en su momento a los inspectores y policías de tránsito. De hecho, el número de infracciones se redujo un 40% entre 2007 y 2006.

"Esperemos que los conductores se comporten con responsabilidad", pidió Zaíno.

Las cifras

84.206 - Cantidad de multas aplicadas por la Intendencia de Montevideo de enero a junio. Exceso de velocidad (9.578) fue lo más común.

90% - De los accidentes tienen como causa una infracción de tránsito. La distracción o imprudencia son las frecuentes en esos casos.

3 - Meses dura el efecto de la multa en el infractor, según un estudio español. Luego, el conductor vuelve a la conducta anterior.

0,5 - Gramos por litro de sangre será el límite de alcohol desde septiembre. Hasta entonces, regirá el tope de 0,8 gramos.

150 - Cantidad de inspectores de tránsito con los que cuenta la Intendencia de Montevideo para controlar el tráfico en la ciudad.

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