Tras las huellas de leyendas y de gigantes en el norte de Gales

Un recorrido por la costa de Gwynedd revela castillos medievales, pueblos envueltos en mitos y paisajes que hoy sirven de escenario para House of the Dragon.

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Castillo de Criccieth
Peter McDermott

Desde hace mucho tiempo, los visitantes de Gran Bretaña se sienten atraídos por su rica historia, sus leyendas y su belleza natural. Pero mientras muchos turistas se conforman con Stonehenge y la Torre de Londres, quienes buscan saborear la Gran Bretaña mítica y antigua harían bien en dirigirse al oeste, hacia Gwynedd, en el norte de Gales.

Aquí, las leyendas, el idioma y el paisaje evocan una imagen cautivadora tanto del Gales antiguo como del moderno. El condado de Gwynedd fue el hogar del último auténtico Príncipe de Gales en el siglo XIII. Es también donde el idioma galés sigue dominando las conversaciones cotidianas. Y posee un paisaje místico que ha inspirado a pintores y poetas, además de servir como escenario para la serie de HBO House of the Dragon.

Viajé a Gwynedd en una ruta de tres días por carretera explorando la costa, comenzando en el estuario de Mawddach, al sur, y terminando en el estrecho de Menai, la delgada franja de agua sometida a las mareas que separa la Gales continental de la isla de Ynys Môn (Anglesey).

Mi viaje comenzó con una noche en Dolgellau, una antigua ciudad textil famosa por sus sobrios pero imponentes edificios de dolerita gris y pizarra. Mi intención era ascender hasta la cima de Cadair Idris, una de las montañas más famosas de Gales, cuyo nombre proviene de un gigante mítico. La leyenda local sostiene que cualquiera que pase una noche en la cumbre descenderá convertido en poeta o en loco. Mientras observaba cómo el pico quedaba envuelto por densas y amenazantes nubes negras, comprendí que sería el loco si intentaba la ascensión.

En lugar de eso, conduje hasta Harlech, una localidad situada en lo alto sobre la playa de la bahía de Cardigan. En los últimos años del siglo XIII, un célebre arquitecto militar llamado Jacques de St-Georges d’Espéranche (conocido en inglés como Master James of St. George) llegó allí con una misión especial. Tras derrotar al último gobernante nativo de Gales, el príncipe Llywelyn ap Gruffudd, el rey inglés Eduardo I le encargó construir una serie de castillos conocidos como el Anillo de Hierro, destinados a demostrar su poder ante la rebelde población local.

El castillo de Harlech fue una de esas fortalezas y sigue siendo una visión imponente. Se alza sobre un promontorio en esta parte de la bahía de Cardigan. Su audaz emplazamiento lo convierte en una de las atracciones históricas más impresionantes y fotogénicas de todo Gales.

Fue en la playa situada bajo el castillo donde Bendigeidfran celebraba su corte. En Harlech, emprendió una misión fatídica para rescatar a su hija de su matrimonio abusivo con el rey de Irlanda. Como era un gigante, guiaba a sus guerreros caminando por delante de los barcos a través del mar. Pero resultó herido de muerte en batalla y ordenó a sus caballeros que le cortaran la cabeza y la llevaran de regreso a Gales, donde convivieron con ella durante 87 años.

Pequeña Italia de Gales.

Unos kilómetros más al norte apareció ante mí el estuario del río Dwyryd. Las afiladas crestas de Eryri (Snowdonia) dibujaban el horizonte, coronadas por densas nubes blancas. Un bosque espeso cubría las onduladas laderas entre las montañas y el estuario. Era un paisaje inequívocamente galés, salvo por una anomalía: edificios blancos, rosados, amarillos y azules, como si hubieran sido transportados directamente desde la Italia renacentista, se alzaban entre las colinas boscosas del otro lado del agua. Se trata de Portmeirion, el pueblo temático y complejo turístico creado por el arquitecto aristócrata Clough Williams-Ellis durante más de 50 años, a partir de 1925. Es una de las imágenes más improbables y, al mismo tiempo, más atractivas de Gales.

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Atardecer en Snowdonia

La península de Llyn.

La costa de Gwynedd gira bruscamente hacia el oeste en la localidad de Porthmadog, punto de inicio de la península de Llyn, de unos 48 kilómetros de longitud. Mi destino era el pueblo de Aberdaron, aunque antes hice una parada en Criccieth, hogar de otro espectacular castillo en lo alto de una colina. La fortaleza de Criccieth domina la localidad y el litoral circundante desde una posición elevada.

Llegué a Aberdaron, 40 kilómetros más adelante. Desde allí, el sendero Wales Coast Path bordea el cabo, desde donde, entre marzo y octubre, es posible tomar un barco hacia Ynys Enlli (isla de Bardsey) cuando el clima lo permite. Dejé Aberdaron siguiendo un camino rural que recorría la costa. Hice un breve desvío para contemplar el antiguo pueblo pesquero de Porthdinllaen, cuyos casi irreales acantilados de granito también aparecieron en House of the Dragon.

Tras un trayecto corto pero sinuoso descendí por una serie de curvas cerradas que encogían el estómago hasta llegar a Nant Gwrtheyrn, un espectacular antiguo pueblo cantero enclavado junto a una larga playa de guijarros. A finales del siglo XIX, esta bahía suministraba el granito que pavimentó las calles de ciudades de todo el mundo victoriano. En 1886 vivían allí más de 200 personas, a pesar de que el único acceso terrestre consistía en un estrecho sendero. Hoy, personas de todo Gales y de muchos otros lugares viajan hasta este resistente poblado de piedra para estudiar la lengua.

DONDE ELEN Y MAGNO MÁXIMO SE ENAMORARON

En el castillo de Caernarfon, situado en la desembocadura del río Seiont, y según una leyenda medieval, el emperador romano Magno Máximo (Macsen Wledig en galés) se enamoró de la hermosa princesa galesa Elen, quien se convertiría en su esposa. Se dice que sus descendientes dieron origen a la línea real galesa que más tarde incluiría a los príncipes de Gwynedd. En un sueño, Macsen contempla una tierra mágica con montañas tan altas como el cielo y grandes ríos que desembocan en el mar: “las regiones más hermosas y llanas que hombre alguno haya contemplado jamás”. Puede que el Gwynedd actual sea algo diferente de aquel descrito en la Edad Media, pero, no ha perdido nada de su encanto mágico.

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