Tras el Apocalipsis

| En Las Furias, el escritor y periodista Renzo Rossello desarrolla una intensa ficción en un futuro tan cercano como espeluznante.

Tisífone, Megera y Alecto eran, según la mitología griega, las erinias. Hay quien las llamaba diosas, diosas vengadoras que vivían en las profundidades. También eran conocidas como Las Furias. Cada tanto salían a la superficie. Tisífone castigaba a los criminales, Megera hacía nacer el odio entre los mortales y por último Alecto los perseguía hasta que murieran de locura.

Las Furias es también el último libro de Renzo Rossello (Estuario, 150 páginas, $ 330). Es una ficción que trata de un futuro cercano y apocalíptico; pero este apocalipsis ya está instalado en un supraestado que todo lo quiere controlar, donde la humanidad se divida en trans, ratamanes y Señores Simios, donde se puede decidir mediante un complejísimo estudio genético (que no genera mayores debates éticos) la pena de muerte en un juzgado de un nonato, donde la supuesta moral y salud de los pobladores es monitoreada (y castigada) por los agentes de la Seguridad Sanitaria, o donde la Iglesia Apostólica Marxista, mediática muy a su gusto, cada vez tiene más influencia a expensas de un Vaticano cada vez más insignificante.

Podría decirse que un periodista sueco, Gunnar Ejbert, es el principal protagonista a través de sus crónicas en las horripilantes versiones futuras de Montevideo, Porto Alegre, Santiago y un largo etcétera. Este futuro es producto de una evolución catastrófica vinculada al aumento incontrolado de la población y a los experimentos biotecnológicos. No hay Tercera Guerra Mundial, sino dos mil guerras de tres minutos. Y la historia, que el autor dice que también funciona como relatos conectados, comienza con un romance frustrado en Tijuana y el relato sobre una extraña puerta en el Ártico.

Como escritor, Rossello se dice influido por autores a los que rinde "mínimos homenajes" en Las Furias: Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, J.G. Ballard o Franz Kafka. Pero también como periodista con décadas en el oficio (desde hace 13 años, hombre de esta casa), logra disparar la imaginación del lector con las palabras necesarias, ni una de más. El relato, atrapante desde inicio a fin, provoca a cada página imágenes cuasi cinematográficas como las más apocalípticamente logrado de Ridley Scott, Paul Verhoeven y George Miller. Y para eso, le alcanza la palabra.

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