Tata González: "Me dolió la salida de Tabárez de la selección, pienso que hubiéramos clasificado igual"

Álvaro "Tata" González es jugador de La Luz e integró la selección por 12 años. Foto: Leonardo Mainé.
Alvaro Gonzalez, nuevo jugador de futbol de Defensor Sporting, ND 20190107, foto Leonardo Maine - Archivo El Pais
Leonardo Maine/Archivo El Pais

EL PERSONAJE

El jugador de La Luz mirará el Mundial como analista ya que integrará el debate de Canal 4. Repasamos la vida y trayectoria de un referente del proceso Tabárez y campeón de América con Uruguay.

Resulta inviable pensar que alguien con 38 años pueda ser considerado veterano, más en los tiempos que corren donde la esperanza de vida se estiró tanto que hay quienes dicen que lo mejor del baile empieza a los 40. Sin embargo, la vida útil del futbolista tiene los días contados tras superar la barrera de los 35 y eso no cambiará. Ellos lo saben y se los hacen notar con comentarios, insinuaciones o directamente preguntándoles hasta cuándo piensan jugar.

Álvaro “Tata” Gonzáleztiene 38 años, le consta que no le falta mucho para el retiro, y dice que se precisa estar psicológicamente preparado para afrontar la otra mitad de tu vida. Este mediocampista, campeón de América con la Selección y jugador insignia del proceso Tabárez, esperó ansioso cumplir 5 años para poder arrancar el baby fútbol. Desde entonces, nunca más se despegó de la pelota.

Está convencido de que es imposible jugar al fútbol sin pasión y en él no se aplaca con los años. El domingo pasado disputó la final de la Copa AUF con La Luz y salió acalambrado de tanto meter. No pudo ser. El título se lo quedó Defensor Sporting, club donde el Tata debutó en Primera División y fue su casa.

“Me hubiese encantado ser campeón con La Luz, dejé la vida y el alma en el partido, salí acalambrado por el intento, quedamos muy cerquita y angustiados, pero al menos salió campeón Defensor y me alegré por esos amigos que tengo en el club, que merecían conseguir un título por todo lo que sufrimos el año pasado en la B”, dice a Revista Domingo.

Lo suyo es ir atrás de la pelota desde que aprendió a caminar. Y aunque el fútbol no es su única inquietud -tiene un haras como hobby (ver recuadro)-, hizo un curso de entrenador y otro de gerencia deportiva con miras a seguir cerquita del deporte de sus amores.

Hoy disfruta del “tiempo extra” adentro de la cancha y aún no definió a qué función le dedicará más tiempo cuando cuelgue los botines: “Veremos dónde se me da la oportunidad”, sostiene.

Primeros pasos

Nacido y criado en Lezica, cursó desde el jardín hasta cuarto de liceo en el Colegio Pío y se graduó en el Liceo N°9. Era desinhibido, suelto y solía copiar a su hermano mayor. Entre sus recuerdos preferidos de la infancia están todas las veces que su padre lo llevó en moto a entrenar al Aviación Lezica. En ese club empezó como golero, y aunque le gustaba el arco, duró un suspiro en esa posición: había otro mejor y más robusto que él y lo mandaron rápido a la cancha.

A los 4 años vio a Nacional campeón del mundo, idolatró a Jorge Seré por atajar esos gloriosos penales y así empezó a soñar en grande.

Era un niño cuando llegó a Defensor y su paso por el club de Parque Rodó resultó una escuela de vida que trascendió el fútbol: “Están encima tuyo con los estudios, te exigen una disciplina, todo eso te va marcando y formando como jugador y persona”, asegura. Está convencido de que Defensor fue un pilar para alcanzar todo lo que vino después. Es que previo a debutar en Primera le tocó sortear varios obstáculos que moldearon su temple.

“Por un tema de físico y desarrollo me tocó tener que esperar oportunidades, que jueguen otros en Séptima, Sexta, Quinta, e irme a mi casa angustiado. Eso me terminó haciendo un tipo muy perseverante y convencido de mí mismo. Empecé a jugar en Cuarta y el ascenso a Primera División se dio muy rápido”, dice.

Mira para atrás y se le infla el pecho: la pelota le permitió jugar en Italia, Argentina y México, y lo más lindo, vestir la Celeste para representar a su país. “Soy un privilegiado por lo que logré y es motivo de orgullo porque ha requerido mucho esfuerzo. Uno de chico sueña lo máximo (la selección, ser campeón con su club), pero después te vas dando cuenta de que es difícil, que muchos van quedando por el camino, entonces lograrlo es un privilegio, sobre todo haber estado 12 años en la selección en un país como el nuestro, que tiene un montón de jugadores”, afirma.

-¿Es difícil no marearse?
-Es difícil como puede ser para cualquiera. A veces hay mucho prejuicio con el futbolista: los autos con los que andan, la vida que llevan, que son mujeriegos. De repente, al jugador le llega a muy temprana edad un dinero que no pensaba, y que otros jóvenes no tienen. El éxito siempre atrae también. No es que sos jugador de fútbol y por eso sos así; si le pasara a alguien con otra profesión tener esa plata en el bolsillo siendo joven capaz que no la sabe manejar... Necesitás tener una familia atrás, buenos amigos, gente que te sepa decir lo que está bien y lo que está mal.

Celeste y que le cuesta

En el partido que Uruguay le ganó a Argentina en Santa Fe por Copa Libertadores.
Jugada del partido que Uruguay le ganó a Argentina en Santa Fe por la Copa América 2011.

Su primera citación a la selección uruguaya fue fallida: lo convocó Gustavo Ferrín para un amistoso contra Marruecos que se suspendió. No recuerda el motivo pero sí que se quiso morir. En 2006 asumióÓscar Washington Tabárez y se acordó del Tata. El maestro lo citó para una gira de amistosos por Estados Unidos y Europa y desde entonces se encadenaron convocatorias, con salpicadas ausencias, hasta el cierre de la Eliminatoria de Rusia 2018.

-Sudáfrica 2010 marcó un antes y un después. Habías jugado la Eliminatoria y te tocó no ir al Mundial, ¿cómo lo viviste?
-Fue el golpe más duro que me tocó vivir. Pero, como me pasó en Defensor cuando era chico, redoblé el desafío para volver. Si mirás los tres que quedamos desafectados (los otros fueron el “Malaca” Martínez y el “Japo” Rodríguez), ellos no pudieron volver, y yo al año siguiente ya integré la lista otra vez, y en una selección que le había ido muy bien, porque si le hubiera ido mal capaz que se desarmaba y se volvía a armar. Para mí no se terminaba ahí, e incluso gracias al compañerismo y la amistad que tenía con ese grupo me sentí parte del logro porque el Mundial no son solo los seis partidos sino todo lo que se hizo para ir.

La revancha fue dulce: levantó la Copa América 2011 que permitió a Uruguay seguir siendo el rey del continente, y en 2014, finalmente, logró jugar un mundial. “Fue muy lindo pero trajo atrás una angustia grande porque en algún momento sentí que lo ganábamos”, dice sobre el devenir tras laexpulsión de Luis Suárez en esa Copa del Mundo (ver recuadro).

eso que no todos ven

"Hoy los rendimientos en el fútbol pasan mucho por la cabeza"

Los futbolistas son estrellas y no es común detenerse en sus tragos amargos: nos encandilan sus brillos, sus trofeos y su buena vida. Sin embargo, las amarguras existen. El Tata González asegura haber tenido varios momentos duros, como haber quedado afuera de Sudáfrica 2010 o el fatídico semestre de 2018 cuando el técnico de Nacional lo dejó sin jugar. “Fui descartado por el entrenador durante seis meses que se me hicieron eternos y me perdí el Mundial de Rusia. Sentí que no tenía la posibilidad de defenderme como lo hubiese podido hacer si me hubiese dicho que no me iba a tener en cuenta, yéndome a otro lugar”, revela.

En esos momentos donde todo tambalea se refugia en su familia y amigos. Si bien nunca hizo terapia, dice que no tendría vergüenza de recurrir a un psicólogo si lo necesitara. “Tengo mucha gente que me escucha cuando estoy mal, me apoya cuando necesito y también me baja cuando la euforia es demasiada”, confiesa. Añade que tuvo compañeros que sufrieron depresión y que la salud mental nos debe ocupar y preocupar a todos: “Hoy los rendimientos en el fútbol pasan mucho por la cabeza, por estar bien psicológicamente y por tener confianza”.

Cambio de chip

Es parte del proceso Tabárez y lo defiende a capa y espada. Está convencido de que se ganó mucho más que una Copa América durante esos 15 años: se devolvió a la gente poder sentarse a ver a Uruguay jugar contra el que sea, dice, con la ilusión de poder ganar. Y lo más importante, añade, se recuperó el cariño por la selección.

El maestro, según él, fue la base para ese refresh y lavada de cara; para construir una nueva identidad y que tanto los hinchas como los propios jugadores se volvieran a enamorar de la celeste. “Fue el causante de que los jugadores estemos pendientes de las citaciones, ver a qué club íbamos para tratar de jugar y poder ser convocados; de venir y si jugás, jugás, y sino estabas orgulloso igual”, asevera.

La selección lo marcó a fuego y detrás de eso estaba el aval de ese grupo humano. “Jugando mucho o poco, jugando bien o mal en el equipo, ponía un pie en el Complejo Celeste y me parecía que era otro jugador, que jugaba más que en cualquier lado, y era gracias a la confianza que sentía de Tabárez y de mis compañeros”, remarca.

-¿Cómo viviste, entonces, la salida de Tabárez de la selección?
-Me dolió. Personalmente pienso que hubiéramos clasificado igual, porque habíamos estado en peores circunstancias en otras Eliminatorias y lo habíamos logrado. Me hubiese gustado que terminara el ciclo con el Mundial. (Tabárez) logró dejar una huella y creo que debemos transitar por ese camino, con otro técnico, otra forma de jugar, no importa, pero con la pauta de cómo debe ser el funcionamiento y la seriedad de una selección.

sus cosas

Fútbol, caballos y televisión

Un hobby: Hace cuatro años decidió incursionar en el universo de la hípica: tiene un haras de caballos de carrera llamado Haras Palermo, y según dice, esta actividad lo ayuda a despejarse. “No lo hago como un negocio sino como un entretenimiento y me sirve mucho a nivel mental”, comenta el Tata.

Un hito: La Copa América 2011 y el Mundial de Brasil fue lo más lindo que vivió con la Selección. Está seguro de que con Suárez en cancha la historia hubiera sido otra en 2014: “Después de ganarle a Italia e Inglaterra tuve la misma sensación que cuando le ganamos a Argentina en 2011 en Santa Fe, que no nos podía parar nadie”, asegura.

Un desafío: Verá esta Copa del Mundo en modo analítico y algo más objetivo, ya que será panelista de Debate Mundial (Canal 4). “Es una experiencia nueva, es probar y ver cómo se siente”, indica. Sobre la Celeste en Qatar, dice con optimismo, que espera lo máximo: “Tenemos que ir al Mundial a ganarlo, es duro pero no imposible”.

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