NOMBRES DEL DOMINGO

Solá, un actor necesario

Con una carrera que supera las cincuenta películas y numerosas participaciones en televisión Miguel Ángel Solá vuelve a brillar.

Miguel Ángel Solá, el gran actor vuelve a la pantalla grande con un título memorable.

Tiene un rostro severo, de rasgos marcados, mentón firme y una mirada de peculiar intensidad. Muchos espectadores han conocido el peso dramático de esa mirada cuando el actor la maneja con sus silencios. Hay mucho de ello en El último traje su último trabajo, en el que caracterizado como un hombre varios años mayor que su edad real, Miguel Ángel Solá encarna a un sobreviviente de un campo de concentración nazi.

Solá es un actor de fuste con una extensa carrera que abarca el teatro, la televisión y el cine, con algunos títulos memorables en esta última disciplina. Hoy, a sus 67 años, teme que el protagónico de su última película pueda ser el último de su carrera. Sueña con encarnar a un pensador, aunque se siente condenado por su aspecto, además de su edad, ya que, sostiene, sabe que tiene "cara de malo". Por esa razón siente estar condenado a interpretar papeles de villano, aunque le gustaría encarnar a un pensador. Tal vez porque él mismo lo es, un hombre que a menudo se encuentra pensando sobre la existencia, sobre la muerte, los grandes temas.

De hecho el personaje que interpretó en El último traje, la película de Pablo Solarz en cartel en Montevideo, tiene mucho de pensador. Pero las motivaciones están más en su propia biografía que en los guiones que le ha tocado estudiar. "Se me ha muerto casi toda la familia. Entre los 17 y los 23 años se me fueron nueve familiares. Solo me queda mi hermana", dice Solá.

Familia y carrera parecen entremezclarse una y otra vez en su biografía. Solá es un hombre marcado por su circunstancia y su pasión por la actuación.

Novena generación.

Solá nació en Buenos Aires el 14 de mayo de 1950, su familia venía del teatro catalán y había emigrado a principios de siglo XX. El árbol genealógico de los Solá estuvo vinculado al arte dramático desde nueve generaciones atrás.

Su padre, conocido por todos como el Chino Solá, fue por más de medio siglo el jefe de boletería del Teatro Maipo de Buenos Aires. Se cuenta que ayudó con sus ahorros al empresario Luis César Amadori a comprar el teatro, sin embargo más adelante rechazó la posibilidad de asociarse con él, por lo que Amadori terminó nombrándolo jefe de boletería, cargo que tuvo hasta el fin de su carrera laboral.

Su madre Paquita Vehil era también actriz, pero comenzó a alejarse de la actuación al pasar por seis intentos fallidos de maternidad. Finalmente, muchos años después intentó volver a la actuación. Falleció a los 54 años a causa de un cáncer, cuando Miguel Ángel tenía 21 años. La enfermedad lo obsesionó por años y le instaló el temor a morir a la misma edad que su madre, miedo que solo se disipó del todo cuando él mismo cumplió esa edad.

A tal punto su pertenencia al mundo de la actuación es real que se cumple hasta en el plano genético. Sus dos tíos maternos nacieron, literalmente, en un teatro. Tal fue el caso de su tío Juan Vehil que llegó al mundo en el Teatro Libertador General San Martín. Su tía Luisa Vehil lo hizo en los camerinos del Teatro Solís de Montevideo y llegó a convertirse en una decana del teatro y el cine argentinos. Miguel Ángel sintió adoración por esta tía, con la que llegó a trabajar. En los hechos, su tía fue también responsable de hacerlo debutar en el teatro ya que cuando Miguel Ángel aún era un bebé tuvo un papel en la obra El carro de la basura, donde el pequeño era colocado en el carro. Y a los 11 años puso la voz en off a un personaje infantil en una pieza en la que también trabajaba su tía.

En 1971 debutó en el teatro independiente y poco después, en 1973 comenzaría su carrera en la televisión. Participó del recordado ciclo Lo mejor de nuestras vidas, nuestros hijos.

Pero no sería sino hasta 1976 cuando su protagónico en la obra teatral Eqqus, de Peter Shaffer, lo llevó a su primer éxito. El espectáculo recorrió varias ciudades del mundo con reiterado éxito, al punto que una prestigiosa revista norteamericana comparó la labor actoral de Solá con la de Anthony Hopkins.

Solá estuvo casado por poco tiempo con la actriz Susú Pecoraro, con quien volvió a trabajar en otros sucesos de taquilla. La vida sentimental del actor tuvo otra vuelta de tuerca cuando su camino se cruzó con la actriz española Blanca Oteyza, a quien conoció trabajando en la serie televisiva Luces y sombras. Solá confesaría más tarde que se enamoró apenas la vio; esta relación se extendería por más de diez años. Con ella tiene dos hijas, María Luz y Cayetana. La pareja compartiría varios trabajos tanto en teatro como en cine. Con la actriz española llegó a tener una productora, pero en 2012 la relación llegó a su fin.

La carrera de Solá se desarrolla en paralelo en España y Argentina, sobre todo desde mediados de la década de 1990 con varias participaciones en cine. Hasta la fecha el actor lleva más de cincuenta películas, tanto españolas como argentinas, en su haber. La más reciente, El último traje, todavía puede verse en cines, o Dismissal (Despido procedente), está en la plataforma Netflix.

Solá se siente en el mejor momento de su carrera, aunque según confesó en entrevistas recientes, cree que cada vez es más difícil obtener papeles en cine, sobre todo debido a su edad. De todos modos, a estar por sus recientes actuaciones, parece muy lejos de no despertar el interés de productores y directores. "Mi misión es sentir que soy un actor necesario", confió.

Elogios como actor secundario

A lo largo de su carrera Miguel Ángel Solá ha realizado papeles secundarios por los que también ha recibido elogiosas críticas. Los más recientes son en la comedia española Despido procedente, donde los protagónicos corresponden a Imanol Arias y Darío Grandinetti. También en la cinta catalana La enfermedad del domingo, dirigida por Ramón Salazar, que cuenta la historia de un reencuentro madre-hija.

Un papel que ayuda a la memoria

Notable caracterización para El último traje.
Notable caracterización para El último traje.

"Me da felicidad un personaje de esta naturaleza que creo útil para la gente, que nos hace no olvidar. Para la barbarie tiene que haber tolerancia cero porque la barbarie desatada es lo peor que le puede ocurrir a una sociedad. El Holocausto no es el único caso. Las últimas guerras se llevaron a 20 millones de seres humanos", dijo Solá sobre El último traje, en entrevista con La Nación.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º