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Sobredosis invernal de teatro para niños

Hay más de cincuenta obras para niños solo en Montevideo. La gran mayoría baja de cartel con la vuelta a clases. Todas luchan para lograr el aplauso de un público muy difícil y muy “sincero”.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Obras como "El baúl de la abuela Antonia" apuntan a la interacción con los chicos.

La tarde del martes es fría y gris. Dentro del Teatro del Centro, en Plaza Cagancha, el ambiente es en cambio cálido, colorido y bullicioso. Un enjambre de camperas y bufandas, risas agudas y llantos espontáneos, trenzas y rulitos, espera el inicio de El mágico mundo de la Tía Libi, obra infantil que va por su cuarta temporada y que forma parte de la amplia oferta para chicos de las vacaciones invernales. Unas 60 personas, dos terceras partes niños menores de cuatro años, comienzan a ocupar sus asientos. Dominan las madres y abuelas, padres solo hay dos; queda claro quiénes se encargan del nene en asueto. Siguen los gritos, las risas y los llantos, hay quien corretea en las butacas y quien quiere probar el escenario. De pronto se cierran las puertas, se prenden las luces, comienza la música y salta a escena la Tía Libi, personificada por la actriz Liliana Enciso, en varias tonalidades de azul. Salvo una pequeña muy pequeña y muy enrulada, que reclama a gritos volver a su casa, para desasosiego de su madre y comprensión de la anfitriona, todos se prenden al espectáculo entre duendes, títeres y canciones de María Elena Walsh. Showtime.

Hacer teatro infantil "es un trabajo de riesgo", ironiza el actor Fabián Bragunde, actor en El Gran Safari y El Príncipe de Hielo, la primera más interactiva y la segunda más "clásica", ambas en el Espacio Cultural Castillo Pittamiglio. Ese riesgo refiere tanto al enfrentar al público más difícil de todos como a la lucha por vender boletos, en una ciudad de 1,3 millones de habitantes donde los títulos para niños en estas dos semanas aumentan exponencialmente. "Somos muy pocos para tanta oferta, no hay que olvidar que también está el cine y otras propuestas. Te puede ir muy bien como te puede ir muy mal. A veces, no te da ni para cubrir la producción de una obra".

Shows interactivos, que busquen "mensaje", que permitan que también los padres disfruten y que estén pensados para el niño de hoy que, se sabe, no es el mismo que el de 15, 20 o 30 años atrás. Pero la explosión actual comienza a tomar forma hace aproximadamente tres meses, entre actores y técnicos. Y todo para una zafra que comenzó hace ocho días y terminará dentro de siete.

Tras bambalinas.

"Nosotros empezamos a ensayar a fines de marzo, dos veces por semana", dice Cecilia Peri, del Grupo Texas, codirectora de El baúl de la abuela Antonia, que se presenta en el Teatro Astral. Es un musical para chicos en edad escolar, donde un grupo de niños abre algo parecido a una Caja de Pandora de la que emergen todo tipo de personajes y emociones. "El elenco está compuesto de nueve actores y un músico en vivo. Si se toma en cuenta el personal técnico, hay quince personas involucradas". Quince personas trabajado para dos semanas con mucha competencia.

Dos semanas de tardes libres, el frío y la necesidad de entretener a los niños bajo techo alimentan la zafra. Daniel Infante, autor y director de Fiesta en pijamas, un musical que va por su segunda temporada invernal en el Teatro Comedia, sostiene que el año pasado, en todo el país, hubo 90 obras teatrales infantiles para elegir. El portal especializado cartelera.com.uy enumera 59 propuestas solo en Montevideo. Hay espectáculos de títeres como Las cuatro estaciones o Popigami, teatro negro como Kolia, clásicos como El Principito o La liebre y la tortuga, bien uruguayos como Mateo, el pequeños príncipe azul o Tres niños, dos hombres y un perro, dos versiones de Hansel y Gretel, otras dos de El Mago de Oz... Según distintas fuentes, para montar una puesta en escena de estas hay que pensar en un piso, muy mínimo, de entre 20 y 25 mil pesos (y eso si se recicla mucho material, si mucha gente pone el hombro por amor al arte y si se emplea una infraestructura básica). De ahí para arriba.

"Hace dos fines de semana, seríamos diez los que hacemos teatro para niños con obras en cartel", señala Liliana Enciso. "Hay obras que nacen y mueren en estas dos semanas. Y eso termina perjudicando al teatro infantil. ¿Por qué? Porque las mamás terminan eligiendo espectáculos que no les conforman y no van más. Esté instaurado que la temporada para niños es solo en estas vacaciones y mucha gente lo toma solo como un negocio", sentencia. El mágico mundo de Tía Libi, en el Teatro del Centro, este año está en cartelera desde abril. "Mi diferencial, creo, pasa por el boca a boca entre las mamás, por el trabajo hecho con seriedad. No hay más marketing que ese".

Para Enciso, recrear el "mundo mágico" que requiere una obra para niños implica pensar en unos 4.000 dólares. Ella trabaja con una compañía de títeres, vestuaristas, maquilladoras y diversos técnicos. "Yo hace 25 años que estoy en esto. En aquel entonces no existían la computadora ni los videojuegos. Evolucionó todo lo visual y el público. Eso hay que contemplarlo también". Además, añade, es necesario incluir "guiños con el público adulto", de igual forma que pasa en el cine con animaciones como las de Pixar.

¿Y después?

En algo hay unanimidad: no hay público más difícil que el infantil. Si no le gusta lo que ve lo hará notar: con llantos, con gritos, durmiéndose, con su inocente desconsideración por el trabajo de actores y técnicos (jamás de los jamases uno se quedará quieto y callado hasta el final de la obra por miedo a quedar mal) o con madres que deben huir de la sala hartas de la incomodidad. Otra que un celular sonando en la sala.

"Los chicos buscan magia. Ellos creen que lo que pasa arriba del escenario es verdad. Y hacerlo creíble es el mayor ejercicio para un actor. Son difíciles, porque son sinceros; y si no les gusta lo que ven, te vas a enterar", sostiene Infante, quien es coordinador pedagógico de niños en la Escuela de Comedia Musical y tiene mucha experiencia como animador infantil.

Luego del próximo domingo la gran mayoría de estas obras bajan de cartel. Como golondrinas de un solo invierno, pocas tendrán una nueva temporada. Peri no sabe qué pasará después con El baúl... "Por lo general, vamos a colegios salesianos". La Fiesta en Pijamas puede tener un bonus en el asueto de primavera o también en colegios. "La idea de seguir trabajando todas las semanas es muy complicado. Si pensás en lo comercial, hay muchas obras en las vacaciones de julio porque hay demanda, son dos semanas en las que la salida al teatro ya está instaurada. Falta generar esa cultura fuera de vacaciones", subraya Infante. "Luego de esta zafra baja casi todo. Y luego es una lucha constante. Podés tener un fin de semana con sala llena y en seguida otro donde tenés que suspender la función", dice Bragunde, cuya compañía teatral, Aventura, suele trabajar en la sala Platea Sur.

"Nosotros siempre queremos dejarles un mensaje a los niños. Interactuamos con ellos en las obras. Queremos que reflexionen y piensen en lo que vieron, ¡no buscamos hacer plata!", subraya Cecilia Peri. Sana postura, ya que —sostiene— con tanta competencia "hacer plata" es bastante parecido a una quimera. "Lo hacemos porque nos encanta el teatro para niños. Son muy expresivos y te dicen lo que sienten sin vueltas. Son increíbles sus caritas después de la función. ¿Cómo hicieron eso?. Nooo, ¿en serio se comparte una emoción?".

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