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La segunda revolución feminista

Con la violencia y el abuso como disparadores el feminismo vive un momento histórico en todo el mundo y también en Uruguay.

El movimiento feminista en un momento histórico a nivel mundial.

El hombre se sienta con las piernas bien abiertas y comprime a la mujer que va al lado. La escena se ha visto miles de veces en los ómnibus, no solo de Montevideo. Es tan extendida la costumbre que desde hace un par de años comenzó a ser objeto de una campaña a través de Internet. El despatarre masculino pasó a ser conocido por la voz inglesa manspreading, que fue incorporada al diccionario de Oxford en 2015 para designar esta (mala) costumbre.

El escote muy pronunciado, la falda muy corta, los pantalones muy ceñidos. Estos son algunos de los blancos de críticas de los varones, sobre todo cuando se trata de las prendas que llevan sus parejas y que se sienten con derecho de cuestionar. Esto puertas adentro, puertas afuera se convierte en materia de acoso callejero.

Los anteriores son apenas dos ejemplos de los llamados "micromachismos", esas actitudes y dichos en los que solemos caer los varones con respecto a las mujeres. Pero hay muchos más, una cadena interminable de ellos con los que la mujer suele ser acicateada e incluso hasta humillada en las conversaciones más cotidianas. La mayoría de estos micromachismos están tan naturalizados que ni siquiera somos conscientes de ellos. Pero están allí y terminan por ser hirientes.

Por cierto que no es esto lo más grave que denuncia el movimiento feminista. La violencia, el destrato físico o psicológico, las condiciones desiguales económicas y materiales, conforman esa suerte de status quo que es objeto de reclamo para el feminismo. Y en su extremo más trágico el asesinato, que la ley ya tipifica como feminicidio.

68,8%

Es el porcentaje de mujeres que declaró haber experimentado violencia basada en género en algún momento de la vida, según encuesta nacional de 2013. 

Precisamente, los casos de feminicidios y los de abuso sexual fueron los que terminaron por hacer estallar el clamor en todo el mundo y amplificaron los reclamos del movimiento feminista al punto de llevarlo al primer renglón de la agenda política global y a instalarlo en Uruguay.

Una eclosión que tuvo epicentro en Buenos Aires, que hace poco más de dos años marcó el más reciente empuje a nivel mundial del movimiento. En 2015 dos casos de femicidio estremecieron a la sociedad argentina: el de Daiana García, una joven que fue asesinada y su cuerpo arrojado a un basural, y el de la adolescente Chiara Páez, matada por su novio. Ambos homicidios, de gran cobertura mediática, dieron lugar a las movilizaciones que terminaron agrupándose bajo el hashtag #Ni una menos. El lema recorrió el mundo, replicando multitudinarias manifestaciones en las principales capitales, y por supuesto en Montevideo también, donde la movilización contra la violencia de género tiene larga historia.

El segundo empuje ocurrió a partir del escándalo en torno al célebre productor de Hollywood Harvey Weinstein, denunciado por varias actrices de abuso sexual. Esto dio lugar a un alud de denuncias bajo el hashtag #MeToo (Yo también).

Estos dos momentos parecen, según opinan las referentes del movimiento consultadas, dar marco a esta suerte de "Segunda Revolución Feminista", tomando como punto de partida el movimiento de las sufragistas de principios del pasado siglo XX.

En Uruguay hay una larga tradición de conquistas femeninas, pero paradojalmente persisten las peores expresiones de violencia contra la mujer. ¿Desde dónde luchan las feministas uruguayas hoy?

Unidas en el dolor.

Las activistas han denunciado la violencia de género de varias formas.
Las activistas han denunciado la violencia de género de varias formas.

A principios de la década de 1990 el movimiento feminista había logrado un espacio importante, de la mano de la lucha por la reconquista democrática a la salida de la dictadura. Sin embargo, aún era una expresión minoritaria. Para muchas mujeres el autodefinirse como feministas todavía les producía rechazo, o simplemente les parecían ideas distantes.

Andrea Tuana era por entonces una de esas mujeres. Aún no sabía que era feminista, pero la realidad se encargaría de mostrarle sobradas razones para serlo.

"Yo me acerqué al feminismo desde las situaciones de violencia. Cuando cumplí los 21 años empecé a trabajar como asistente social en el Hospital Policial. De ese modo tomé contacto con la realidad de cientos de mujeres, esposas de funcionarios policiales, que eran víctima de violencia, mujeres que vivían bajo una verdadera dictadura masculina", recuerda.

Desde su modesto lugar Andrea trató de apoyar a aquellas mujeres desesperadas, que muchas veces llegaban al hospital con terribles marcas en el cuerpo del tormento al que eran diariamente sometidas. En algunos casos el desenlace había sido el peor. De ese modo se fue formando su conciencia.

"De hecho, entre los 20 y los 30 me costaba definirme tan claramente como feminista, obviamente con los años he ido cambiando y ahora lo hago. Creo que ahora, las nuevas generaciones, han logrado revertir esa tendencia y se reconocen con mayor claridad", observa.

Casi tres décadas más tarde los avances han sido importantes. "Desde hace unos años a esta parte se ha logrado visualizar al feminismo como un movimiento político de lucha pacífica, y ahora estamos en un momento donde hace eclosión como resultado de todo un proceso de acumulación, durante el cual las mujeres hemos venido generando conciencia", señala Andrea.

En las activistas más jóvenes persiste la visión crítica, aunque comienzan a ver los cambios que finalmente la lucha ha comenzado a producir en la realidad.

Es el caso de Romina Napilotti, una activista vinculada a algunos de los movimientos que forman parte de la Coordinadora de Feminismos del Uruguay, y asesora de la diputada Macarena Gelman (Ir, Frente Amplio). "Creo que la gran novedad es que por primera vez hay un feminismo latinoamericano y poscolonial. Latinoamericano porque el feminismo se ha extendido y desarrollado en prácticamente todos los países del continente y poscolonial porque denuncia aspectos que siguen persistiendo, como por ejemplo la noción de pecados y castigos, la lógica del castigo que viene de la Iglesia católica y que arrastramos desde la época colonial", reflexiona Romina.

No obstante los avances alcanzados, cree que aún en el terreno de lo conquistado persisten problemas. "Hoy se evidencia en las dificultades que seguimos teniendo para aplicar la interrupción voluntaria del embarazo, pese a que fue un tema que se aprobó en una ley vigente", apunta.

La segunda revolución.

El 8 de marzo de 2017 se convirtió en un hito histórico en el país.
El 8 de marzo de 2017 se convirtió en un hito histórico en el país.

Donde las cosas son aún más dramáticas es en el terreno de la violencia de género. La Red Uruguaya Contra la Violencia Doméstica y Sexual es uno de los colectivos más antiguos dedicados al apoyo a las víctimas y, por ello, uno de los testigos más calificados de la situación que vive el país. Dados los casos con que suele enfrentarse a diario podría pensarse que sus integrantes tendrían posiciones radicalizadas. Nada más lejos. "Feminismo para mí es la búsqueda de la equidad entre los géneros para modificar la vida cotidiana", define con sencillez la socióloga Teresa Herrera, presidenta de la Red.

Herrera vive con optimismo el momento por el que atraviesa el movimiento. Vio un indicio muy claro del estado de cosas cuando hace pocos días el programa Intrusos, que dirige Jorge Rial, comenzó a invitar a connotadas activistas argentinas. "Puedo decirlo con cierta propiedad porque soy argentina, yo creo que la aparición de activistas en la televisión quiere decir que nos estamos legitimando, pero a la argentina", comenta con humor.

"Creo que estamos viviendo la segunda revolución feminista, si estamos de acuerdo en que la primera fue la de las sufragistas —afirma—. Aquella fue la etapa de lo público, y ahora estamos en la etapa de lo privado, ya que se denuncia el abuso, el maltrato, la violencia de género. Y otra característica que a menudo se olvida es que esta es la única revolución no cruenta, ¿o acaso se conoce a algún muerto por la revolución feminista?", resume la dirigente.

De todos modos, Herrera es consciente del camino que aún queda por recorrer. "Los casos de femicidio que estamos teniendo ocurren en el interior, eso habla mucho de cómo es la situación en esta parte del país", reflexiona.

Según el último estudio de opinión pública —fue hecho en 2013— hay lugares del país y sectores donde ni siquiera hay un discurso políticamente correcto, señala la experta. Todavía sigue imperando aquello de por algo se sigue quedando con él o algo habrá hecho para provocarlo.

El caso más reciente (al cierre de esta edición) que configuró el segundo feminicidio en lo que va del año parece confirmar estas observaciones. En la noche del 10 de febrero se consumó el asesinato de Julia Olivera (29) a manos de su expareja , un hacendado de 42 años que se negaba a concluir la relación, en la localidad de Fraile Muerto. Aunque el hombre tenía un historial violento su esposa nunca lo había denunciado. Tenían un hijo de 13 años. Como ocurre en cada caso se activó la "Alerta feminista", que pone en marcha la manifestación en un recorrido que termina en la explanada municipal, al grito de "¡Tocan a una, tocan a todas!".

Pero la gran movilización se prepara para el próximo 8 de marzo. Habida cuenta de lo multitudinaria que resultó la del año pasado, se espera otro tanto para esta nueva fecha.

"Nosotras planteamos un paro general de 24 horas, pero sabemos que no es esta la posición del Pit-Cnt", dice por su parte Cecilia Menéndez, vocera de la Coordinadora de Feminismos. "De todas formas, sabemos que hay muchos sindicatos que ya tomaron la decisión de hacer un paro por todo el día", agrega.

La Coordinadora aún discute acerca de las formas de adherir al paro que tendrá carácter internacional. "Por ejemplo, hay que analizar cómo adherir si hay chicos que atender y no se tiene con quién dejarlos", apunta la vocera. Como sea todo parece indicar que este 8 de marzo volverá a marcar un hito.

Visión histórica.

La historiadora Ana Ribeiro, autora de varias investigaciones sobre el período artiguista, algunos de las que le valieron el premio de la Academia Nacional de Letras, prefiere ver distintas etapas en la lucha feminista.

"Cada conquista tiene época y lugar (hubo conquistas sufragistas para el mundo occidental, sobre todo para clases medias o burguesía, que difieren de las luchas actuales de las mujeres africanas en contra de la ablación ritual de clítoris, para citar un ejemplo) pero la esencia es esa —sostiene Ribeiro—. Cada conquista, cada etapa, cada lugar y colectivo femenino se marca una meta y obtendrá mayor o menor éxito, que siempre son políticas y que son cada vez más globales. El reciente gesto de mujeres musulmanas que se ha hecho viral, subidas a un muro, revoleando su pañuelo y liberando su cabello, muestra cuán rápidamente unas conquistas van generando ecos y rebeliones en otras, en continuo in crescendo".

"Luego del derecho a votar, a decidir si desea divorciarse, a decidir sobre su cuerpo y su capacidad reproductiva, a reclamar igualdad de sueldo ante igualdad de tareas, hoy han llegado a cuestionar las prácticas culturales que rigen los aspectos más cotidianos y privados, como lo son el cortejo, el abordaje de unos y otros en el trato con miras amorosas o sexuales", recuerda la historiadora.

Ribeiro evoca también que cuando por fin las sufragistas obtuvieron el derecho al voto la conquista les pareció enorme y, sin embargo, aún restaba un largo camino por recorrer.

Poco a poco comenzaron a surgir nuevos puntos en la agenda de reivindicación, como los esquemas de poder que se reproducen en la educación familiar y las naturalizaciones de conductas que perpetúan la dominación masculina.

Ribeiro establece dos distinciones de orden conceptual, que tienen que ver tanto con etapas del movimiento como con posiciones dentro del espectro de ideas que conforman la teoría feminista.

"Si tengo que hablar de etapas prefiero distinguir las de feminismo de la diferencia —el que señala que la mujer es diferente y mejor que el hombre, un tipo de feminismo que alimenta una confrontación hombre-mujer muy radical y muy contradictoria con la naturaleza humana—, del feminismo de la igualdad, que es la tendencia dominante y la más exitosa, en tanto busca igualar lo que es igualable —sueldos ante la misma tarea, por ejemplo—, pero no niega las diferencias implícitas a la definición de lo femenino y lo masculino", apunta la académica.

Revolución o etapas de una lucha, lo cierto es que las cosas están cambiando.

Definiciones y ataques.

Es habitual que ante cada planteo o reivindicación de una feminista surjan ataques virulentos en el mundo de las redes sociales. Algunos de estos ataques alcanzan ribetes insólitos, tal como refirió la periodista de El País Ana Laura Pérez, que en respuesta a algún planteo ha recibido la foto de un pene vía Twitter y Facebook. Sin llegar a estos extremos, muchas reacciones pasan por el mero desconocimiento del término feminismo. Según la Real Academia Española, en su primera acepción significa: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. La definición es escasa, ya que el feminisimo alcanza las características de un movimiento político y no significa el opuesto a machismo, error muy común.

El doble sentido machista.

El acoso callejero ha sido denunciado por más de un tercio de las mujeres.
El acoso callejero ha sido denunciado por más de un tercio de las mujeres.

Al hablar de los micromachismos Teresa Herrera recuerda una anécdota de su juventud. "Una vez comenté en una rueda de académicos que había conocido a Wilson (Ferreira Aldunate). En ese entonces yo formaba parte del Foro Juvenil y estábamos haciendo un trabajo sobre los liderazgos políticos, así que me enviaron a Buenos Aires para entrevistarlo. Y en esta reunión yo comenté que Wilson me había caído muy bien. Hice el comentario y la conversación continuó. Pero cuando regresó un académico que había salido momentáneamente otro le comentó: Te perdiste el cuento de cuando Teresa se quiso cargar a Wilson. Yo nunca dije nada parecido, solo que me había caído muy bien. Entonces yo me pregunto ¿habrían comentado lo mismo si la anécdota la hubiera hecho un varón? Eso también es una demostración de micromachismo", relató la dirigente.

"El movimiento político integral más exitoso del siglo XX"

POR JUAN FERNÁNDEZ ROMAR*
El feminismo y la teoría feminista han cambiado el mundo. Ambos se articulan en un sistema de ideas que a partir del estudio y análisis de la condición de la mujer busca transformar ciertas relaciones entre los géneros basadas en la asimetría social y la opresión sexual mediante acciones movilizadoras. Todos nosotros hemos cambiado bajo el influjo de décadas de lucha integral contra el sexismo. Asimismo, a medida que esa perspectiva hurga en el pasado descubre que no se trata de una forma de conciencia estrictamente nueva sino que ha estado presente durante siglos con diversos grados de clandestinidad. Ya en el siglo XI la escritora japonesa Murasaki Shikibu esbozó la agenda feminista en Genji Monogatari, la primera novela de la que tenemos noticias. Probablemente se trata del movimiento político integral más exitoso del siglo XX, ya que ha ganado enormes batallas en los terrenos jurídico, ideológico y socioeconómico en su lucha contra las distintas formas de discriminación.
​La fragmentación de los enfoques con numerosas diferencias internas teóricas y políticas no está posibilitando el arribo a propuestas colectivas claras como sí lo hubo durante gran parte del siglo XX. Por un lado, la teoría feminista introdujo una reflexión problematizadora muy necesaria en torno al sexo biológico, la identidad de género y la orientación sexual. No obstante, dejando de lado las justas luchas por la igualdad no creo que algunas perspectivas socioconstruccionistas del feminismo más nuevo puedan sostenerse por muchos años más y prosperar.
No creo que debamos aceptar que la naturaleza es estrictamente "neutra" y que uno deviene hombre, mujer, homosexual, bisexual, transexual o heterosexual exclusivamente como resultado de un proceso social y que en virtud de su exposición a ciertas experiencias y discursos decide a qué género desea pertenecer y que orientación seguir. Pienso que es un proceso mucho más dinámico y multicausal entre lo biológico y lo cultural. *Director del Instituto de Psicología Social, Facultad de Piscología.


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