EL PERSONAJE

Rinche Roodenburg: “En Uruguay hay racismo, xenofobia y discriminación”

Hace 18 años fundó la ONG Idas y Vueltas. Una holandesa que siempre está dispuesta a tender una mano al inmigrante.

Rinche
Rinche Roodenburg, una inmigrante en Uruguay.

Cuando una puerta se cierra, las personas abrirán una ventana. Si la ventana se cierra, las personas excavarán un túnel”. La frase corresponde a António Guterres, secretario general de la ONU, quien la pronunció hace siete años cuando ocupaba el cargo de alto comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Y se encuentra en una postal sobre la mesa de la casa de Hendrina Roodenburg, ubicada muy cerca de la Plaza de los Olímpicos de Malvín.

Hendrina, más conocida como “Rinche” (apodo que no tiene una traducción al castellano), fundó hace 18 años junto a dos amigas la ONG Idas y Vueltas, e integra la Red de Apoyo al Inmigrante, que reúne a las organizaciones civiles que trabajan en Uruguay por la defensa y promoción de los derechos de las personas que se ven obligadas a abandonar su país de origen. Con 71 años, esta holandesa y enfermera de profesión no tiene previsto abandonar la militancia en favor de los que siguen llegando “con una mano atrás y otra adelante”, en medio de una oleada migratoria como el país no vivía desde hace muchísimos años.

“Con nuestros delegados de la Red nutrimos al Consejo Consultivo Asesor en Migraciones (CCAM), cuyo secretariado tiene una reunión una vez al mes con la Junta Nacional de Migraciones. Es decir que por ese lado tenemos una línea directa con el Estado”, explica Rinche.

“Nosotros somos un termómetro, estamos en la diaria y escuchamos los problemas de primera mano, porque la gente viene y nos cuenta lo que le pasa”, agrega, aclarando que “este año se complicó todo con la pandemia”.

La permanencia del inmigrante es una de las incógnitas que trajo la COVID-19. Las estadísticas de Migraciones señalan que en 2020 se fue casi la misma cantidad de venezolanos que ingresó al país: unos 6.600. En tanto, los cubanos y dominicanos, que según las investigaciones del Programa de Población de la Universidad de la República son las colectividades más vulnerables en Uruguay, se vienen dando de bruces contra la informalidad laboral y la dificultad de conseguir una vivienda. Aunque en Uruguay -como sucede por ejemplo en Brasil y Ecuador- el acceso de los inmigrantes al servicio nacional de salud está garantizado por la Constitución, los demógrafos advierten que se trata de grupos que han quedado más expuestos a los coletazos de la COVID-19.

En carne propia

Rinche vivió en los Países Bajos hasta los 21 años. Sin mayores problemas económicos y trabajando como enfermera, un día decidió irse a probar suerte a España, donde conoció a su actual esposo, un fotógrafo que ya había estado en Uruguay y que vivía en Europa como refugiado político.

Se quedó varios años en la Madre Patria hasta que una puerta se abrió en Uruguay. Llegó al Aeropuerto de Carrasco en 1985, luego de la restauración de la democracia, ya casada con Aurelio González, quien nació en Marruecos y cuenta con nacionalidad española. Con su lente, Aurelio registró la represión de la dictadura uruguaya. Y pagó caro aquella osadía.

Por estos motivos, Rinche conoce en carne propia el desarraigo, la persecución y la necesidad que tienen los emigrantes de cruzarse con una persona que los escuche. Y si es posible, con alguien que les tienda una mano. “El uruguayo discrimina al inmigrante. Muchas veces se dice que acá no hay xenofobia y que recibimos a la gente con los brazos abiertos, pero no es tan así. Hay racismo, xenofobia y discriminación en Uruguay”, destaca.

“Cuando uno escucha sus historias, no las puede creer. Realmente hay situaciones muy fuertes. Creo que todavía necesitamos un cambio cultural, ver qué es el racismo, cómo se da”, agrega, recordando que nuestro país se formó por las oleadas migratorias y que hay cerca de 600.000 uruguayos viviendo en el extranjero.

La experiencia de Rinche en España no fue mala, pese a que le tocó vivir tiempos convulsionados. Le gustó el estilo de vida e involucrarse en la resistencia contra la dictadura de Francisco Franco, lo cual la llevó a participar de algunas reuniones clandestinas en las que ella se sentía algo más “protegida” que los demás por ser extranjera. A Aurelio lo conoció en Madrid, en una oportunidad en la que fueron a ver por separado una obra teatral y los presentó un amigo en común (“una cosa trajo a la otra”, recuerda), hasta que decidieron venirse a vivir juntos a Uruguay. Hoy tienen dos hijos, de 30 y 32 años. Y un tercero de un matrimonio anterior de Aurelio, que siguió la misma profesión de su padre.

La enfermería

Con sus dos hijos y su marido, Rinche regresó a España en la crisis de 2002 y volvió a conseguir trabajo rápidamente, “porque enfermeras se precisan en todos lados”. Pero los hombres de la familia no disfrutaban de la vida que llevaban en Andalucía, por lo que tomaron la decisión de regresar para afincarse definitivamente en Uruguay. Aquí trabajó durante 11 años en la desaparecida Mutualista Israelita del Uruguay (MIDU). Y fue por esa época en la que tomó la decisión de trabajar en favor de los inmigrantes, lo cual comenzó haciendo con sus dos amigas Aída García y Graciela Villar, la excandidata a vicepresidenta de la República por el Frente Amplio.

La fundadora de Idas y Vueltas se opone a las visas y sostiene que migrar es un derecho humano, reconocido por la ley. “Casi todo el continente africano necesita visa para ingresar a Uruguay, menos los de África del Sur. Esto es muy curioso, grave y altamente discriminatorio”, destaca.

La migración

Actualmente, Rinche está muy preocupada por la falta de soluciones habitacionales para los inmigrantes, quienes muchas veces se hospedan en pensiones en las que viven en condiciones paupérrimas. “Nos llegó el caso de una pensión en la que el dueño les quería poner cámaras adentro de las habitaciones”, señala. “Hay pensiones que son buenas, pero otras son muy malas. Tienen mucha gente junta y la convivencia es muy difícil, porque se trata de personas diferentes y de escasos ingresos. A poco tiempo de llegar la pandemia hubo una intervención de la intendencia en la que nosotros participamos, para que a la gente muy necesitada se les pagara unos meses de pensión. Pero eso no alcanza, porque hay muchas personas que realmente no pueden pagar. Y los refugios no dan a basto; las políticas sociales, en estos momentos, no alcanzan para nada. Eso es muy duro de verlo”, dice.

Como una realidad paralela en medio de este panorama poco alentador, existen beneficios en Uruguay para los extranjeros jubilados que optan por residir de forma permanente en el país. Se les permite que traigan bienes muebles y efectos de su casa-habitación, así como un vehículo que no pueden vender durante los primeros cuatro años. Estas “caricias” al extranjero de clase media y alta, junto con una mayor estabilidad o seguridad con respecto a otros países de la región han hecho que emigrantes de Estados Unidos y Europa opten por radicarse en Uruguay.

Pero además, los últimos años y sobre todo durante la pandemia, se ha visto un fenómeno similar con los argentinos, incluyendo situaciones que han tomado estado público por tratarse de figuras de la farándula, como Susana Giménez.

“El fenómeno se sigue dando, aunque en estos tiempos todo es poquito. Hay gente que espera a jubilarse para venir a vivir acá, lo cual a veces es difícil porque tienen toda una vida construida en su país, con hijos y nietos. Otra gente opta por pasar medio año acá y medio allá, lo cual también puede ser una solución”, comenta Rinche.

De todos modos, a la activista le preocupa más la situación de los que llegan a trabajar en condiciones casi de explotación y viven hacinados; o lo que es peor, de los que terminan en la calle, “de la cual es muy difícil salir”. El fenómeno migratorio, aclara, no se detendrá. Y vuelve a insistir con el pensamiento de Guterres: “Si hay una necesidad básica de sobrevivir, de protección, las personas se moverán sin importar los obstáculos que encuentren en su camino. Y estos obstáculos solo harán sus viajes más dramáticos”.

Sus cosas

Hendrina Roodenburg es enfermera de profesión y nació en la ciudad de Maastrich, en los Países Bajos, en 1949. Vivió en España y llegó a Uruguay en 1985, luego de casarse con el fotógrafo Aurelio González. Tuvo dos hijos en nuestro país y comenzó su militancia por los derechos de los migrantes luego de la crisis de 2002.

Hace 18 años fundó junto a dos amigas la asociación “Idas y Vueltas”, que comenzó siendo una red de apoyo solidario y profesional para uruguayos que se iban a España por la crisis económica. Cuando años después el flujo migratorio se revirtió, la ONG comenzó a brindar apoyo a los que retornaban al país. La sede se encuentra en Juan Carlos Gómez 1540.

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