Reventa, oficio en extinción

| En el Mundial de 1930 la prensa advertía sobre los revendedores. Casi un siglo después, la descentralización de la venta tiende a terminar con esa práctica.

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T.U.

Es día de clásico de verano. No se espera mucho público. La prensa anuncia que las entradas están lejos de agotarse. A Pocho (37) no le importa. Él sabe que la red de cobranza, en la cual se podía comprar la localidad con anticipación, ya está cerrada. Siempre hay algún despistado en busca de un boleto y para el revendedor es la presa ideal.

No se trata de una práctica nueva ni exclusiva del deporte. "El uruguayo está dispuesto a pagar a un revendedor cuando se agota cualquier show masivo", explica Nelson Mainardi, gerente de Sistemas de Red UTS. En los teatros, como en otros espectáculos más pequeños, el cliente no acude a este tipo de compras. Sobre todo por una razón: el único que pierde con este negocio es quien hace uso de la entrada.

Hay registros de este "oficio" desde la década de 1920. Los corresponsales especiales uruguayos de los partidos de los Juegos Olímpicos de 1928 (en Ámsterdam, Holanda) informaron que la reventa era habitual cuando jugaba la Selección. El Mundial de 1930 no fue la excepción. Tras la goleada 6 a 1 de la Celeste frente a Yugoslavia por las semifinales, el diario Tribuna Popular se quejaba de la abusiva reventa. La denuncia aparece en la crónica policial de la época. También luego de ese partido, el periódico El Día informó que se vendieron un total de 82.000 entradas, pero que la reventa conspiró contra una buena organización del espectáculo.

Luego de la final ante Argentina (ganada 4 a 2 por Uruguay), según publicó Del Plata, el tema reventa llegó a tratarse en una de las sesiones de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y hasta en el Consejo Nacional y Departamental.

Casi un siglo después, la Asamblea General aprobó la ley 18.103, que pena la práctica y da paso a la intervención judicial (ver recuadro aparte).

A Pocho no hay norma que lo asuste. Él sabe que es cuestión de correrse unos metros más lejos de la puerta y no tendrá problemas. Cuando hay partido en el Estadio Centenario se coloca en las inmediaciones de Avenida Italia y Centenario. Si juega Peñarol, se ubica en Ramón Anador y Las Heras.

No tiene un perímetro definido, como los cuidacoches, pero la zona en que está hace tiempo "se respeta", dice el revendedor.

"La recaudación bajó desde que está la ley, pero hay menos competencia en la calle", agrega Pocho, quien obtiene unos 2.000 pesos por cada clásico. La baja fue notificada por los propios actores del fútbol. "Antes había rostros que los dirigentes ya los conocíamos. Ahora no se ven", asevera Fernando Sobral, tesorero de la AUF.

Pero la ley no fue la única responsable de esta tendencia. El precio al alza de las entradas, producto de la ampliación de las bandas de mínimo y máximo, disminuyó la demanda, y por ende la necesidad de comprar a un revendedor. Además, "el fútbol, como otros espectáculos, apunta a la venta anticipada de entradas en redes de cobranza de todo el país. Eso hace que la tendencia de revendedores sea decreciente. Todo hace pensar que cada vez serán menos las entradas que se vendan en boleterías, y por lo tanto que habrá menos reventa", explica Sobral.

Por su lado, Mainardi advierte que la descentralización de las entradas complica más la reventa, "pero al mismo tiempo hace más difícil identificar el rostro de un revendedor". Por eso esta práctica sigue viva.

En el caso del deporte más popular, el ingreso de entradas no es significativo para el sustento de los clubes. "La AUF sólo percibe la entrada cuando juega la Selección. En los clubes menores la venta de entradas no es significativa salvo en los partidos contra los grandes. En el caso de los clubes grandes sí lo es, pero es insignificante frente a otros ingresos", cuenta el tesorero de AUF. En el Campeonato Clausura 2009-2010, Racing recaudó 1.480.604 pesos, mientras que por su localía Peñarol obtuvo 22.731.827 pesos.

Por eso Pocho no va a todos los eventos. Su "trabajo" se reduce a los espectáculos masivos. "No vale la pena arriesgar para ganar dos mangos", explica.

Antes, Pocho podía vivir de la reventa. Hoy le es imposible. "Soy albañil y con las entradas me hago una changa", cuenta.

El fútbol dejó de ser el área en la que más recauda. Ahora el Carnaval "es una buena oportunidad para revender", dice. Y concluye: "Sobre todo cuando está en el Teatro de Verano la murga Agarrate Catalina".

La cifra

874.899 Fue el total de entradas vendidas en el Campeonato Uruguayo 2010-2011. Esto significa una recaudación superior a $108 millones.

HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA

En 2007, y cansados de una práctica asentada en los shows masivos, la Asamblea General sancionó la ley 18.103, la cual agrega un numeral relativo a la venta o comercialización no autorizada de entradas para espectáculos públicos. La norma prevé "la incautación de las entradas aún no comercializadas y que se encontraren en poder del autor" y la detención de la persona para dar paso al juez competente. Tras la legislación, los organizadores de espectáculos y los boleteros han visto reducido el porcentaje de reventa. Pero lejos se está de la erradicación. "No hay manera de evitar el delito. Cualquier cliente puede ir a comprar la entrada y revenderla. Hay una práctica que es usual en Europa, pero que no se usa en Uruguay, y se basa en presentar la cédula de identidad por cada entrada", informa Nelson Mainardi, gerente de Sistemas de Red UTS.

En tanto, los revendedores continúan con su negocio, pero en lugar de hacerlo en la puerta, lo hacen a cuadras del show.

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